Desde un nuevo Paradigma: El pensamiento del Profesor

T.Kuhn - La estructura de las revoluciones cientificasDesde que Thomas Kuhn en su obra “La estructura de las revoluciones científicas” introduce el concepto de Paradigma, las ciencias re-ordenan su visión y los marcos teóricos desde los que analizan (o construyen, por qué no), la realidad.

Desde aquél momento se comenzó a sistematizar el conocimiento humano de acuerdo al conjunto de prácticas que definían una disciplina en un determinado contexto temporo-espacial. En palabras del propio Kuhn, se definiría de la siguiente manera: “Considero a los paradigmas como realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante un tiempo determinado, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica”. No tengo muy claro si Kuhn extendía su definición hacia las ciencias sociales, mucho menos hacia la pedagogía, pero su propuesta tuvo alcances insospechados en el área de la docencia.

En nuestra área existen una serie de creencias que guían nuestro quehacer, muchas de ellas son, de plano, mitos construidos mediante el acomodo de nuestra práctica a estándares poco críticos y escasamente reflexivos. Una de esas creencias (principalmente) ha guiado por décadas la formación inicial de nuestros docentes, no solamente en Chile sino que a nivel latinoamericano, lo que ha ido en desmedro tanto del avance en la educación de nuestros estudiantes como del desarrollo profesional de un gremio tan vilpendiado como el de los profesores.

Nos dicen (y lo peor de todo es que lo creemos) que los profesores podemos aprender a “hacer las cosas bien” mirando y comparándonos con las prácticas de los “buenos docentes”. Es así como nos formaron, es así como formamos y es así como nos deformamos. Es necesario precisar claramente lo erróneo de esta creencia para que no volvamos a ella cada vez que nos encontremos con un problema en educación.

En primer lugar, los docentes poseen un sistema de creencias que sustenta su quehacer. Este sistema, formado por sus creencias personales, representaciones de la realidad y saberes profesionales (CRS), influye en su toma de decisiones (tanto previas como in situ). Desafortunadamente, este sistema también es muy resistente al cambio, provocando en los docentes un estado de comodidad con sus prácticas, en el que repetir una forma determinada que alguna vez funcionó y esperar los mismos resultados una y otra vez se vuelve cotidiano, normal y hasta profesionalmente aceptado por el gremio.

Un profesor que fue formado en este paradigma, replica el modelo en el que fue educado, y si no resulta es porque en su tiempo tampoco resultó. Si 12 niños (¡de los 40!) no aprendieron un contenido o una habilidad mediante una metodología escasamente elaborada, no hay aparentemente ningún error, porque 12 de 40 es el 30% y “UTP no me hará repetir la prueba”. Aquí es donde muchos nos equivocamos.

Sin embargo, el sistema de creencias que sustenta estas prácticas si bien es, como ya se dijo “resistente al cambio”, NO es estático. Pero, ¿cómo hacemos para cambiarlo?, si tomamos a un buen profesor para que les muestre a los otros cómo lo hace, ¿resultará? La respuesta es clara: NO. Para nuestro pesar, lo único que fomenta esta práctica es desdén, menosprecio y una absurda competitividad enfocada a demostrar que poco importa lo que hagas, porque “yo creo que lo que hago está bien y punto”.

La clave está en este nuevo paradigma que hace años se predica en los círculos teóricos (círculos en los que escasamente nuestro homus docentis se mueve), es el paradigma del “PENSAMIENTO DEL PROFESOR“. Dado que los docentes no incluyen los cambios y se quedan con sus ideas preconcebidas, ya no podemos seguir intentando moverlos a fuerza de “las buenas prácticas de otros”, sino que hay que despertar en ellos (y fundamentalmente en nosotros), una curiosidad que vaya desde lo epistemológico a lo pragmático. Una curiosidad que nos permita indagar en aquellos detalles que conforman el día a día, que nos haga cuestionarnos sustancialmente nuestra práctica y que nos lleve a repensarla y reformularla a medida que nuestro contexto varía.

Ese es, a mi modo de ver, el único camino de salida. El profesional de la educación debe comportarse como tal. Alguna vez escuché a alguien decirme con insistencia “usted es un formador en cualquier lugar donde se encuentre”, y le encontré toda la razón. Ante todo soy profesor. Ante todo soy mi propia esperanza de cambiar el mundo. Ante todo soy el encargado de volver reales mis utopías. Y más aún, ante todo soy una persona que en pleno uso de sus facultades mentales escogió hacerse cargo de una tarea que muchos tildan de imposible.

Podrán replicar una y mil veces que el sistema educativo en nuestro país no permite que este tipo de prácticas se sustenten. Que no hay tiempo ni recursos para hacerlo. Desde mi humilde posición debo decirles, mis estimados colegas, que el tiempo siempre sobra cuando hay una intención noble de por medio. Nadie les dice que se transformen en académicos (volvería a caer en el error conceptual que da comienzo a este círculo vicioso), pero entiendan que el estereotipo con el que nos tachan a todos socialmente no nos queda como un buen traje. Puede ser cómodo, sí, pero yo prefiero tejer mi propio texto.

Profesor Aldo Lobos.

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Acerca de Aldo Lobos

Profesor de Lengua Castellana y Comunicación en Colegio Técnico-Profesional Aprender de La Pintana. Máster en Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Barcelona. Tutor en Preuniversitario Popular Víctor Jara.

2 pensamientos en “Desde un nuevo Paradigma: El pensamiento del Profesor

  1. Las experiencias propias de cada docente y futuro docente, serán las que en definitiva entreguen este nuevo paradigma, que escapa de las propuestas y pilares que se presentan desde hace años en las formaciones pedagógicas. Que debiesen tener la utilidad de ser referentes pero no limitantes al momento de estar en la sala, con los alumnos, qué son quienes enfrentan y nos muestran las realidades en que estamos inmersos.

  2. Pienso que en Chile lo que más mal le ha causado a la labor docente es la muy sobrestimada “vocación”, en desmedro de un consciente afán de “profesionalización” de nuestras carreras. La curiosidad es, efectivamente, el primer paso para la búsqueda investigativa, la reflexión sobre la práctica y los resultados de esta en el aprendizaje de nuestros alumnos; pero para que este proceso resulte efectivo, se debe contar con bases teóricas sólidas, elementos de la didáctica de cada especialidad articulados efectivamente con el contenido, TIEMPO, y otros elementos que pocas veces son identificados. Cuando finalmente sabemos lo que debemos hacer, empieza otra lucha con quienes tienen los recursos, pero que no ven la formación continua de sus docentes como una inversión, sino como un gasto.

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