Creencias, representaciones y saberes

Básicamente lo que sustenta a todos los seres humanos y que dota de sentido a su propia realidad es un sistema basado en Creencias, Representaciones y Saberes. Construimos nuestra identidad cimentada en este sistema y resolvemos los conflictos que se presentan en la vida en relación a lo que estas nos dictan. En la medida en que estas posean flexibilidad y posibilidad de modificación, podrían adaptarse a un sentido progresista y armónico. Es la evolución a la utopía del superhombre que nos presentaba Freud: un ser humano que se controla a sí mismo y que busca su supervivencia y preservación por medios relacionados con su capacidad de reflexión e inteligencia.

En realidad los seres humanos poseemos una tendencia innegable hacia la evolución, aún cuando nos acostumbramos a estilos de vida cómodos y “seguros” que nos brinda el mundo y que nos permiten una relativa tranquilidad en constante tensión. Cada generación ha tenido la suerte de contar con poc@s, pero notables, genios y figuras que han empujado la barrera entre lo que se entendía y lo que se podría entender y quienes asumieron el rol de visionar el futuro de la gran masa.

Si lo pensamos detenidamente, quienes desarrollan adecuadamente esa inteligencia (a través de los medios que estimen convenientes), coinciden en una virtud que puede ser la piedra angular de un desarrollo probable hacia un mundo nuevo: buscan el conocimiento como una manera de explorarse a sí mismos y a su contexto. Desafortunadamente para ell@s, esa búsqueda casi siempre desemboca en una inconformidad y vacío que es necesario llenar. Es ahí cuando se encuentra lo que algun@s llaman “vocación”. Pero afortunadamente para nosotr@s, la necesidad de cubrir ese vacío nos dota de seres humanos capaces de buscar (y en los casos más afortunados, encontrar) las respuestas a las preguntas inconclusas.

En nuestra profesión, como en todas las demás, existen vacíos y preguntas infinitas. Algunas de ellas ya fueron respondidas (y tal vez no lo sabemos), otras existen y cuentan con la atención de un grupo de investigación y las que nacen día a día esperan por quienes puedan responderlas. Es así como se trasladan los paradigmas, de manera progresiva aunque lentamente. La lentitud recae en una de las premisas iniciales: “cada generación cuenta solo con un@s poc@s”, lo que vuelve compleja la inmediatez de los resultados y la cobertura de problemas.

El conflicto nace cuando de verdad creemos en una de las motivaciones principales de l@s estudiantes de pedagogía: ser docente permite incidir en la vida de las futuras generaciones para edificarlas y permitir su desarrollo. Si damos por asumido este axioma, entonces ¿por qué no hacemos algo por el desarrollo de nuestra disciplina?, o más sencillo aún, ¿por qué no nos hacemos cargo del desarrollo continuo de nuestra práctica? L@s más airad@s responderán con una serie de excusas basadas en la imposibilidad de llevar a cabo tal tarea en este sistema.

Siento mucho decir esto de esta forma, pero tales personas no son para mí un(a) interlocutor(a) válid@ para defender esta idea. La razón es simple, su argumento se refugia en el siguiente círculo vicioso:

– La educación es el camino hacia la evolución social pero está obligada a avanzar a paso lento, dado que el sistema no nos permite colaborar a su desarrollo.

– Nuestra labor como docentes se debe restringir a la búsqueda de parámetros de calidad “dentro de lo posible” y a la réplica de un sistema con ciertas innovaciones que, cuando furtivamente aparecen como ideas y resultan en la práctica, se establecen como fijas y no avanzan con el cambio generacional, además de no ser analizadas, sistematizadas, publicadas y difundidas en el momento en que a otr@s podrían servir para sus propias prácticas.

– Por lo tanto no ayudamos a su avance, lo que desemboca en una crisis como la que actualmente se vive en Chile, en la que los sistemas educativos colapsan por la falta de ideas, aún cuando la mayoría seguimos compartiendo la creencia ciega en que la educación es el medio correcto para el avance evolutivo y el desarrollo social. Y así volvemos al comienzo.

Entonces, bajo la lógica que se construye esta idea, somos l@s docentes (dispuestos a hacerlo, claramente) quienes debemos asumir tal responsabilidad. Proporcionalmente a las dimensiones de nuestra realidad que abarcan, la pedagogía y, en general, la educación son campos prácticamente inexplorados. Cada docente vive dentro y fuera del aula de clases conflictos, preguntas y situaciones innumerables y muchas veces las respuestas terminan siendo sacadas de las creencias fijas que se han transmitido por generaciones de profesores y profesoras, basadas en prejuicios e historias “tipo” reflejadas en etiquetas otorgadas a cada elemento del sistema. Es lo que el mito significa para la ciencia: un estancamiento.

Lo primero es entender que todas nuestras acciones profesionales están basadas en un sistema de creencias, representaciones y saberes que refleja quienes somos y cuales son nuestros objetivos. Podemos decir muchas cosas, pero lo importante es que seamos capaces de observar el abismo existente entre lo que decimos que hacemos y lo que realmente hacemos. Si somos capaces de observarnos introspectivamente y logramos objetivar nuestras prácticas, podremos desplazar positivamente nuestras creencias, modificar a nuestro favor tales representaciones y aumentar provechosamente nuestros saberes.

El trabajo ahora está en definir claramente qué asumiremos como verdadero y qué pondremos en duda; cómo interpretaremos la realidad y de qué forma queremos reflejarla; y qué, cuánto, por qué y para qué queremos saber. Si adherimos a esta manera de ver, ejercer y vivir la docencia, no hay duda de que el día de mañana seremos más conscientes y partícipes del desarrollo de nuestra disciplina y tomaremos parte activa de la formación de quien me gusta llamar “un(a) nuev@habitante del mundo”, forjad@ al alero de nuestro avance evolutivo en educación.

Profesor Aldo Lobos.

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Acerca de Aldo Lobos

Profesor de Lengua Castellana y Comunicación en Colegio Técnico-Profesional Aprender de La Pintana. Máster en Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Barcelona. Tutor en Preuniversitario Popular Víctor Jara.

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