En Busca de Lectores y Lectoras Ideales

Ya en el año 1999, la presentación de los planes y programas del MINEDUC rezaba así:

“la lectura de obras literarias, en Primer Año así como durante toda la Educación Media, se orienta a aproximar a los estudiantes a obras significativas de la literatura, para estimular en ellos el interés y el gusto por la lectura habitual de estas (…) Por eso, las actividades a este respecto se centran más en la lectura, en la formación progresiva de lectores interesados y competentes, y no en la transmisión de conocimientos acerca de la literatura ordenados en una perspectiva  histórico-cronológica, o de conceptos y categorías de teoría literaria.” (p.9)

"Si queremos lectores ideales, no pensemos en ellos como el producto de nuestros intereses e intenciones, como lo hemos hecho hasta ahora de manera poco fructífera, sino como la generación de un ciudadano libre, crítico, con opinión, valioso, capaz de entender sus propios mundos – tanto interior como exterior – ayudado por uno de los tesoros más hermosos de la humanidad: la literatura."

Consideremos ahora que estos buenos deseos difícilmente llegaron a buen puerto. Tras la reforma curricular de fines de los 90’, se hizo hincapié en el traslado del paradigma lingüístico conceptual-normativo a uno de carácter comunicativo-funcional. La idea era implantar la inquietud y provocar un progreso paulatino y sostenido en el tratamiento del lenguaje como asignatura. “Inesperadamente” no muchos docentes modificaron sus prácticas. Para ese entonces yo era un estudiante de 8° año básico, por consiguiente debería ser un auténtico “hijo de la reforma”, cosa que hoy sé que no es real.

Fui testigo y víctima de los listados de lecturas para el año (listados fijos, periódicos, inalterables e inevitables), así como de las pruebas de “comprensión lectora” en las que mi opinión y la valoración de cuestiones esenciales y/o prácticas prácticamente no tenían cabida. Cuando estudié la literatura un poco más a fondo, mi impresión no cambió demasiado. El único cambio (más allá de la multiplicación de los listados), fue que privilegiamos la búsqueda de los elementos estéticos que refieren temáticas esenciales por sobre la utilidad práctica de los textos literarios. De esta manera nos volvimos “expertos” en hermenéutica, semiótica, estructuralismo, deconstrucción, etc. ¿Esto sirve? Sin duda que sí, pero no tiene el alcance que necesitamos para cambiar el sistema.

Los docentes somos formados de manera errónea, lo que desemboca en la formación de estudiantes con falencias clave en el área de comprensión lectora. Mostramos una manera de hacer las cosas que, en nuestra formación nos pareció correcta y hasta motivadora, pero que es ajena a la realidad cotidiana. Por eso nos damos cabezazos contra las paredes, porque nunca nos hemos preguntado si nuestra manera de enseñar la lectura de textos literarios es buena, o más aún, nunca nos hemos siquiera cuestionado si es posible una enseñanza de la literatura.

Cuando estaba ad-portas de convertirme en profesor, mi tutor de tesis me hizo una pregunta: “¿Para qué enseñas lectura con literatura?” Parecía fácil responder, pero me hice un lío. Cuando articulé una respuesta coherente logré decir: “porque en el colegio donde trabajo, el manejo de la realidad y el mundo de mis estudiantes puede ser cambiado si saben leer comprensivamente. Si saben leer, podrán no ser engañados o utilizados”. “Eso no responde mi pregunta”, me dijo, “si es ese tu propósito, no uses la literatura. La literatura es un arte y la mayor utilidad que tiene en el colegio es la formación valórica de los estudiantes. Si quieres salvarlos de un timo, estudia derecho”.

Al fin había comprendido. Todo lo que había visto y practicado hasta entonces era un sinsentido clave en mi formación. Nadie me hizo leer para que me gustara ni para edificarme. Me hicieron leer mecánicamente, sin alma, con una perspectiva snob de los libros. Si tal o cual obra escogida no pertenecía al canon, era casi un sacrilegio. La postura intelectualoide que tanto aludí y critiqué cuando era un estudiante de pregrado, me había consumido y arrastrado al orgulloso error de ser un mal profesor de literatura.

En el 2009, año en que oficialmente me empecé a hacer cargo de la formación de niños y jóvenes en una escuela, se publicó la propuesta de ajuste curricular del MINEDUC. Esta vez, la literatura no es un eje central, sino una de las disciplinas subyacentes al desarrollo de habilidades de lectura, escritura y expresión oral de los estudiantes. No obstante es relevante la propuesta que se hace para su tratamiento:

“La lectura de obras literarias se presenta a lo largo del currículum y de los programas de estudio, como un modo de estimular en los estudiantes el interés y el gusto por ellas. El acercamiento  a  la  literatura  favorece  en  los  estudiantes  su  formación  como  lectores activos y críticos al reflexionar y evaluar lo leído, logrando la capacidad de comprender y  proponer  sentidos  para  las  obras  que  leen.  Esto  permite  que  se  formen  también  una opinión sobre ellas, ampliando sus conocimientos sobre el mundo y apreciando el valor y  significación  de  la  literatura.  Es  por  esto  que  se  promueve  la  lectura  de  obras  que tengan  relación  con  la  experiencia  personal  del  lector,  como  también  el  análisis  de  su contexto  histórico,  social  y  cultural.  Al  darle  importancia  a  la  valoración  y  disfrute  de las obras literarias, se quiere marcar que el interés de ellas estriba en que son entendidas como   vehículos   de   re-creación,   es   decir,   que   aportan   una   experiencia   distinta, significativa  (en  el  plano  personal,  social  y  cultural).  No  se  trata  de  enfocarlas  como mera  entretención,  dado  que  comprenderlas  así  implica  negarle  al  lector  la  posibilidad de  enriquecer  su  mundo  a  través  de  un  universo  amplio,  diverso  y  profundo  de  obras que  la  Humanidad,  en  sus  diversas  manifestaciones  culturales,  ha  atesorado  como testimonio de la experiencia humana.” (p. 19)

Según el paradigma comunicativo-funcional, toda la teoría literaria, que era un bloque indiscutible en la educación tradicional, hoy debe ser reemplazada por una formación literaria basada en la experiencia personal del lector. Esto es absolutamente posible, colegas.

Entendámoslo así: Desde los años 60, las diversas corrientes de pensamiento que tratan la teoría de la pareja Autor/Lector (lo que el autor quiere decir versus lo que el lector entiende) han elegido como objeto de investigación la función de la construcción -o la deconstrucción- del texto que se realiza en el acto de la lectura. Umberto Eco, plantea que la dicotomía entre estas dos miradas sobre el texto artístico es distinta a la tricotomía entre interpretatio auctoris (lo que el autor quiere decir); intentio operis (interpretación como investigación de lo que el texto dice), e intentio lectoris (lo que el lector halle).

Esquema de interpretación de un texto artístico. Eco (1987)

Si seguimos a Eco, entenderemos que hasta 1999, nuestro foco como docentes estaba en encontrar el propósito comunicativo del autor, es decir lo que él quiso decir con el texto, más allá de mí (profesor) y más allá del estudiante. Desde la reforma comenzamos a desplazarnos lentamente al otro extremo. Se nos solicitó tratar la literatura como un objeto aparte, que tenía sus propias convenciones y teorías. Nos centramos en la búsqueda de coherencia textual interna, en mostrar lo que el texto dice relegando al autor a un segundo plano.

Hoy la invitación es a inclinar un poco más la balanza hacia el estudiante. Como primer paso está pensar en las funciones que debemos cumplir como docentes en este cambio de mirada. Al respecto, Mendoza (2002) formula una teoría que establecería el trabajo a seguir por los profesores que deseen enseñar la literatura. Esta taxonomía podría ser resumida en el siguiente esquema:

Esquema de las funciones del profesor de literatura según Mendoza (2002)

El desafío queda planteado. Si queremos lectores ideales, no pensemos en ellos como el producto de nuestros intereses e intenciones, como lo hemos hecho hasta ahora de manera poco fructífera, sino como la generación de un ciudadano libre, crítico, con opinión, valioso, capaz de entender sus propios mundos – tanto interior como exterior – ayudado por uno de los tesoros más hermosos de la humanidad: la literatura.

Profesor Aldo Lobos.

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Bibliografía.

Eco, U. (1987). El extraño caso del intentio lectoris (Traducción de C. Vázquez de la Praga), en Revista de Occidente 69:5-28.

Mendoza, A. (2002). Las funciones del profesor de literatura. Bases para la innovación, en Aspectos didácticos de Lengua y Literatura, 12. Publicaciones ICE. Universidad de Zaragoza. Páginas: 109-140. ISBN: 84-7791-196-7

MINEDUC. (1998). Lengua castellana y comunicación / Lenguaje y comunicación. Programa de estudio, primer año medio, formación general. Unidad de currículum y evaluación. Ministerio de Educación, República de Chile. ISBN 956-7405-76-X

MINEDUC, (2009). Lenguaje y comunicación. Programa de estudio primer año medio. Propuesta presentada a resolución del Consejo Superior de Educación. Unidad de currículum y evaluación. Ministerio de Educación, República de Chile. [Documento en Evaluación]

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Acerca de Aldo Lobos

Profesor de Lengua Castellana y Comunicación en Colegio Técnico-Profesional Aprender de La Pintana. Máster en Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Barcelona. Tutor en Preuniversitario Popular Víctor Jara.

8 pensamientos en “En Busca de Lectores y Lectoras Ideales

  1. comprendo el punto del texto, ahora la pregunta es ¿cómo llevamos eso a la práctica? ¿qué nuestros alumnos escojan el texto? ¿pero si no han sido lectores competentes, como podrán discernir? ¿simplemente intuición?

    • Hugo, gracias por tu comentario.
      Respondiendo: es absolutamente posible llevar esto a la práctica.

      Como profesores de literatura, cada uno de nosotros posee un bagaje enciclopédico o bibliográfico bastante nutrido pero a veces no es suficiente o no es compatible con la perspectiva de nuestros lectores novatos.

      El primer punto importante es mantenernos actualizados. Es parte de nuestra profesión que cada uno de nosotros se cultive periódicamente en relación a nuestra labor docente. Hace dos años, cuando me di cuenta de esta necesidad, me puse a buscar en internet una selección de las últimas obras dirigidas a niños y jóvenes y me llevé una grata sorpresa al darme cuenta que es un género en constante renovación.

      Gracias a esa búsqueda pude dar con libros que habían sido premiados por la crítica, recomendados por profesores e incluso por alumnos. Luego busqué la síntesis de los libros para conocer la temática central y los argumentos subyacentes y seleccioné un corpus en relación a las necesidades valóricas de mis estudiantes que demandaba mi planificación. Conseguí los libros (no fue difícil ni caro) y los leí (como eran libros para niños y jóvenes, no demandó gran esfuerzo).

      Gracias a ese pequeño ejercicio, pude establecer un corpus de lecturas acotado para cada unidad temática e integré la lectura de hasta 5 libros distintos con un mismo objetivo. En el momento de elegir los textos, los criterios en juego fueron: la orientación valórica, la adaptación de registro, los gustos de mis estudiantes (previamente censados) y los objetivos planificados.

      Tras la elección, mi planificación incluyó una clase en la que, junto con presentar los objetivos, indicadores evaluativos, fechas y las actividades secuenciadas y fechadas (un pequeño programa de estudio), tenía un margen de tiempo dedicado a la presentación de la síntesis de los libros que armé de la forma más motivadora posible. Luego se le otorgó la libertad de lectura a los niños y niñas con resultados realmente sorprendentes.

      Cada estudiante escogió un libro y se comprometió a su lectura. A tal punto fue el compromiso y la motivación, que no sólo NO TUVE que realizar un “control” para “comprobar” su lectura, sino que incluí los temas encontrados en los textos en las clases del mes. De esta forma se armaron grupos de lectura que discutían sobre las polémicas de los textos abiertamente y se posicionaban de un lado u otro del conflicto. La primera unidad giraba en torno a la fundamentación de ideas, por lo que el objetivo se cumplió mucho más allá de lo planificado.

      Al final, de 42 estudiantes, 40 leyeron el texto y lo comentaron en diversas instancias. Además, lo incluyeron como referencia en la actividad final de la unidad. Te hablo de un 7° básico de La Pintana.

      Con 1° medio fue similar, sin embargo enfoqué la lectura directamente sobre los intereses de los estudiantes. Les hice leer “Juventud en éxtasis”. Personalmente no me agrada mucho ese libro, pero los estudiantes han oído de él, y si no, basta decir que el tema central es la afectividad y sexualidad para lograr motivarlos a todos. Pero no se trata de una venta barata de un libro para asegurar la lectura, sino de un proceso consciente y planificado.

      La temática me permite trabajar, de manera transversal, la formación afectiva-sexual de los estudiantes. Como sabes, las “clases de educación sexual” fueron reemplazadas por objetivos transversales en distintas áreas. Lenguaje no es la excepción. El libro plantea una visión bastante “cristianizada” de la sexualidad. La gracia es aprovechar la motivación por la lectura y la facilidad del libro para trabajar los temas en clase y contrastarlo con otros tipos de texto (científicos, estadísticos, filosóficos, críticos, etc.) Hubo un 100% de lectura, lo que se reflejó en la evaluación final donde cada uno expuso en un panel expositivo-argumentativo la lectura de un capítulo y el contraste con otras visiones (formalmente, en equipo y usando un ppt de apoyo).

      Podría contarte muchas otras ventajas obtenidas de esta experiencia, pero creo que la más llamativa es que los siguientes libros fueron “Historias de Cronopios y Famas” y “Final del Juego”, obteniendo también un alto porcentaje de lectura efectiva. Fue tanta la motivación de la primera unidad que en la segunda además de haber lectura, hubo un interés por interpretar más allá de lo convencional y Cortázar fue una herramienta muy útil para aprovechar la fiebre.

      No te cuento esto como una receta única, lo expongo para sostener que basta un pequeño esfuerzo creativo y logístico de nuestra parte para hacer de los libros un recurso agradable y efectivo. Si necesitas algo de mi parte (o de cualquiera que escriba en este Blog), no tienes más que enviar un mensaje y podremos compartir experiencias. Siempre es bueno construir conocimiento en conjunto.

      Un abrazo.
      Aldo.

  2. Te agradezco mucho la dedicación en dar respuesta a cada inquietud que te planteo (si hago una extensión de esto, claramente lo puedo avisorar en tu trabajo). Digamos que no lo hice en función de una posición personal, sino más bien cuestionar en cierto modo lo planteado y generar nuevas hipótesis. Yo en lo personal estoy en tu misma línea de trabajo, de hecho, en mi colegio no hago clases de Lenguaje, sino que específicamente Literatura, por lo tanto, siempre es un desafío su enseñanza. Claramente el tema motivacional es la clave, sobretodo en jóvenes o niños que no tienen acceso a los libros en sus hogares, aún cuando estos están a disposición en muchos lugares, pero esto es solamente la punta del iceberg.
    Primero es interesante el aspecto del corpus de lecturas dados que tú tomas ¿de qué lado nos pondremos? ¿seremos defensores del canon clásico, o nos pondremos en la vereda de “abrir el abanico”? Esta pregunta, y su respuesta no me parece tan obvia como podría creerse desde su enunciación, debido a que muchos profesores aún ven en las obras clásicas motores de enseñanza de la literatura, pero caemos peligrosamente en establecer un discurso posicionado arriba, desde el poder y alejado de los estudiantes. Ahora, irse al otro lado claro que tiene sus ventajas, pero ya lo señalaba Italo Calvino ¿qué hace a una obra clásica? Yo en lo personal me inclino por la mixtura de visiones; por un lado aliento la lectura de obras emblemáticas como El Quijote u otras, pero a su vez me interesa una mirada más alejada del centro cultural. Aún así, a pesar de sus utilidades, todavía mantengo resabios talibanescos, y me negaré a entregar un libro como Juventud en éxtasis. En cierto modo me niego a negarles “buena” literatura a los jóvenes, y no lo digo en una mirada tan superflua como la del presidente en el debate, sino más bien en el sentido de proporcionar obras que han traspasado la barrera del tiempo, pero no solamente como obras de arte, sino como textos que abren cabezas, que generan reflexión, etc.
    Finalmente, creo que actualmente en Chile se hace muy necesario el desarrollo de una didáctica de la literatura, establecer criterios de su enseñanza para los docentes, y que esta no quede simplemente como la prueba de lectura, o la disertación del autor.

  3. Esta discusión me parece de suma importancia para todos los que nos dedicamos a la literatura y la pedagogía. Hasta donde sé, la literatura en los planes y programas de la enseñanza media no está incluida como unidad, sino como “fragmentos”, que se superponen con otros contenidos a evaluar. Lo primero a mí entender, es generar cada año de enseñanza, un espacio transversal bien delimitado para la literatura. Generar el contexto apropiado, una vez hecho eso, podemos reflexionar sobre las formas de cómo enseñar literatura en los jóvenes.
    La postura de Aldo es muy válida y es una forma de guía y orientación de fuerte impacto. Al menos como yo lo entiendo, Aldo propone que las lecturas literarias sean contextualizadas, respetando los gustos e intereses de los estudiantes. Eso es un primer acercamiento de los jóvenes a la literatura, promover en ellos un interés por el conocimiento, pero un conocimiento artístico. Y es eso mismo, lo más relevante que una obra literaria puede entregarnos, un conocimiento que transgrede las formas canónicas de enseñanza, pues los jóvenes al leer, más allá de aprender sobre autores, temas, etc; aprenden sobre el ser humano en sí. Hay que entender estimados colegas que si el arte, y por ende la literatura, tienen una razón de ser y existir, o motivación para ser leída, es porque nos dan una explicación del mundo, como en los mitos, y que hoy se refleja en un (re)conocimiento de lo humano, entendido como un conocimiento del comportamiento de las personas que cohabitan en una sociedad. A eso se le agrega la noción de deleite que se encuentra en los textos literarios, sin confundir con ello la entretención como efecto de la literatura masiva. Por ahí en las citas del gobierno que puso Aldo, leí “recreación”, término que a mí entender es nefasto si se transforma en fin último, pero que puede servir como motivador de las lecturas.
    De cualquier forma este tema es un debate amplio, que si no se ha dado, se tiene que dar. Partamos nosotros para llevar esta discusión a todos los lugares en los que se tomen decisiones sobre el cómo y qué se debe incluir en los curriculum académicos.
    Saludos.

    • Gracias Carlos por el comentario.
      Coincido plenamente contigo. Es más, creo que debemos sembrar la discusión fuertemente en Chile sobre la verdadera enseñanza de la literatura. Hay que cambiar la visión completa de la asignatura de lenguaje y para ello se necesita una formación docente continua efectiva, de calidad, enfocada a la didáctica y actualizada.
      Sería interesante que comenzáramos nosotros con la propuesta.
      Un abrazo a la distancia compadre.
      Aldo.

  4. Mi nombre es Sylvia Figueroa V.
    Agradezco que existan personas que se tomen el tiempo de hacer aportes significativos a nuestro que hacer diario.
    Estube en un colegio ,haciéndo lenguaje en 2° ciclo básico . Cuando entregué mi planificación diaria , lo primero que me objetaron fue la lectura domiciliaria . Me dijeron “No pierda tiempo , aquí los niños nunca han leído libros en casa, y no lo harán” a lo cual respondí : déjeme intentarlo , finalmente me lo permitieron .
    Entregue dos opciones a los alumnos de 8° año básico Juan Salvador Gaviota y Pregúntale Alicia, obtube resultados muy buenos no esperados por el equipo Directivo… Fui despedida porque no respeté las lecturas pre determinadas por el colegio diariamente con diez minutos antes de comenzar cada clase . Además el tiempo de lectura lo realizé modificándo los contenidos de las lecturas llevando desde casa lecturas acorde con sus intereses llevándo cuatro o cinco temas que yo sabía que los jovenes y niñas les interesaría, hoy realizo talleres literarios a niños sector donde yo vivo , voluntarios no remunerados .
    Me he preocupado de reactualizarme y dedico tiempo a la innovación . Por ejemplo para enseñar los génros literarios que es un tema un poco complejo , para los niños y niñas adolescentes agrego la experiencia personal en 1° lugar sus vivencia , ” el drama ” que es dramático en sus vidas por ejemplo … como pueden representar un drama vivenciado desde su experiencia … y así voy acomodando los contenidos aprendizajes en significativos y tangibles
    tengo videos y material muy bonito referente a este tema puedo compartirlo es la 3° que lo menciono … tal vez pueda servir… Un abrazo Agradecida

    • Gracias Angélica por tu comentario.
      La idea de este tipo de espacios es que profesionales como tú se involucren en una plataforma de crecimiento y ayuda docente y desde ya espero que las personas que lean este artículo y vean tu propuesta accedan a ti para solicitar tu valioso material.
      Es extraño, pero muchos profesores y profesoras predican sobre la visión constructivista del conocimiento y a la hora de compartir su material con otros, lo esconden y acaparan refugiándose en el valor “temporo-monetario” de éste.
      De más está decir que si necesitas alguna cosa no dudes en pedirla, creo que hablo a nombre del equipo redactor completo cuando te digo que todos nosotros estamos dispuestos a colaborar con todo aquél y aquella docente que lo requiera.
      Un abrazo fuerte y vamos que podemos empujar la rueda!
      Aldo.

      • Exacto, me provoca curiosidad aquello del egoísmo con el par ¿cómo construimos pedagogía si no somos capaces de ampliar la cultura en todas las instancias? Por otro lado, es una realidad aquella de tomar el toro por las astas. Debemos pensar en la autoformación, en generar redes de apoyo docente, pero no sólo en un plano material, sino también intelectual e incluso emocional. Ayer después de una jornada de autoformación, quedé muy interesado y motivado por las ejemplos que nos entregan los profesores de la década 20 en Chile, y como generaron espacios y propuestas serias sobre educación, todo a partir de una autovaloración, amor por la profesión y conexión con el otro.
        Por lo pronto, yo también pongo a disposición todo el material que he realizado o tengo en mi poder, desde guías, pasando por textos de todo tipo escaneados, fotografías, videos, comics, presentaciones powerpoint, etc.

        pd: Estimada Sylvia, permíteme corregir algunas faltas ortográficas, sobretodo pensando que eres profesora de Lenguaje, y se predica desde el ejemplo:

        estuve y no estube
        obtuve y no obtube
        modificando, llevando no llevan tilde, al igual que realicé, que si lo lleva y es con C y no Z.

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