Hacia la Educación Crítica (III) Educar para humanizar. Retos de la educación.

Anteriormente, nos planteábamos cómo hacer frente a esos déficits educativos que se dan en la sociedad actual. Ahora bien, ¿Cuáles son esos déficits educativos? Nos encontramos con el hecho de que la educación hasta ahora, no ha sido más que un instrumento deshumanizador, ya que han prevalecido los modelos positivistas, desvalorizando así la razón, y promoviendo unos valores instrumentales como pueden ser el consumismo, individualismo, competitividad, etc., valores que siguen prevaleciendo en nuestra sociedad.

Por esto, es que hoy en día, la educación es considerada como una ciencia social crítica, a la cual se mira como  un elemento transformador de la sociedad, que tiene como tarea humanizar a ésta, haciéndola una sociedad más humana y mejor que avance en la dirección de valores más humanos como son la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la fraternidad, la tolerancia y la felicidad generalizadas.

Asimismo, nos pueden surgir interrogantes en relación a este tipo de educación, como por ejemplo: ¿es posible pensar en este tipo de educación? Muchas veces hallamos a quienes no quieren que pensemos, nos dicen “ya pensamos por tí”; o también con quienes creen que es un esfuerzo inútil pensar en mejorar, porque las cosas no van a cambiar. Por todo esto y contra eso, podemos y debemos pensar en otra sociedad más humana independientemente de que el cambio de sistema o la alternativa sea larga.

"Frente a toda esta situación, la educación deberá asumir la tarea de proporcionar sentido personal sin ocultar los problemas de la existencia, trabajar en la identidad personal y colectiva de forma abierta y ofrecer calor de hogar sin falsos proteccionismos que roben la propia responsabilidad."

Así pues, la educación se encuentra con enormes desafíos y retos fundamentales. Por lo tanto, para avanzar en este cambio de la sociedad,  debemos proceder crítico-negativamente, es decir, detectar todo aquello que no debe continuar y que hay que cambiar cuanto antes.

Una sociedad que quiera humanizarse no puede caminar como si nada ante el ahondamiento de las desigualdades y de la injusticia social de la exclusión. Tenemos que aspirar a que la educación “eduque la mirada” y nos enseñe a ver la realidad, esos rincones oscuros que no se quieren ver, haciendo de las personas, ciudadanos que tomen  conciencia para así reducir esas diferencias de la humanidad.

Por otro lado, nos encontramos con problemas con los que nos asalta la cultura de nuestros días. Somos conscientes de que vivimos en un mundo con diversidad y pluralismo cultural, en el que el relativismo cultural se agarra a nosotros como algo normal, produciéndonos una sensación de flaqueza  en nuestros referentes y una inseguridad que nos conduce a plantear la propia identidad. De esta carencia de identidad, deriva la fiebre comunitarista que vivimos actualmente, donde se ve la necesidad de protección y seguridad, la cual hace que muchas instituciones sociales se aprovechen de ello y se ofrezcan como orientadoras y conductoras.

Frente a toda esta situación, la educación deberá asumir la tarea de proporcionar sentido personal sin ocultar los problemas de la existencia, trabajar en la identidad personal y colectiva de forma abierta y ofrecer calor de hogar sin falsos proteccionismos que roben la propia responsabilidad.

Para proporcionar sentido, el educador tiene que ser alguien que ayude a “amueblar el piso mental del educando” (Mardones, 2002), para que así éste aprenda a pararse y reflexionar ante los distintos estímulos e impactos que continuamente recibe, así como para que el educando tenga la capacidad de discernir sobre las cosas y  no permitir que el torrente social  le lleve y maneje. Para que el educador pueda ayudar a esto, éste debe ser paciente, acompañar y ofrecer sus experiencias y respuestas pero dejando que el educando haga su propio camino.

Centrándonos ahora en el trabajo de la construcción de identidades, vemos como la palabra pluralismo cultural, se convierte en un desafío, por lo que habrá que educar en la aceptación positiva de lo diferente, en la tolerancia. Para esto, se precisa de educadores que enseñen amar las propias raíces, pero que tengan gran apertura para aceptar que los otros también tienen riquezas.

Finalmente, Mardones (2002) destaca otro reto en la educación, como es el de proporcionar protección y hogar sin chantaje infantilizador. Para hacer frente a esto se precisa de una educación protectora pero sin chantaje, es decir, una educación con la cual no se de ni una seguridad, calor y orientación en exceso, para así evitar esa infantilización, asfixia y falta de responsabilidad. Por tanto, surge la necesidad de que los educadores sepan mantener la debida distancia frente al educando, para que este pueda hacer sus propias opciones y que afronte el riesgo de su libertad.

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Acerca de victorcortes25

Trabajo en Centro de Investigación, Experimentación y Transferencia en Didáctica de la Matemática y la Ciencia. Centro Felix Klein-USACH... esposo...músico...cristiano...pelotero

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