Síntesis Editorial III [26/11 al 01/12]

"La juventud actual ha tomado un camino (algo desordenado, pero notorio y loable) hacia el desplazamiento del paradigma. Falta ordenarse. ¿Se puede cambiar el mundo? Sí, pero primero hay que ponerse de acuerdo. La mejor manera es concebirse a sí mismo como parte del cambio y aportar lo más posible a su solución."

Durante esta semana hubo un tópico central en las publicaciones, éste es la figura del maestro como eje del proceso educativo.

Los tiempos cambian y la humanidad avanza vertiginosamente, dehumanizándose y exterminándose a cada paso. El ser humano está demostrando una tendencia clara hacia el aislamiento, la soledad, el materialismo y el consumismo (entre otros vicios de la posmodernidad). Los artistas han sido siempre los primeros en avisarnos. De alguna manera intuyen hacia dónde avanza su tiempo y pueden presentar una representación de una época posterior, adelantándose a su era gracias a su especial sensibilidad. De aquí la idea de la importancia del arte en la enseñanza. Hoy es más necesario que nunca fomentar el acceso a la cultura de manera libre, pluralista e inteligente. Ya no sirven de mucho los museos, sino que lo que una determinada persona pueda hacer con éstos. Es así como se está moldeando la sociedad actual: mediante la pugna de dos fuerzas en conflicto, una que utiliza como excusa de su determinismo el sufrimiento que éste le provoca y otra que está pensando en hacerse cargo de su propio destino. Si se logra superar este conflicto de base, el ser humano podrá dar un auténtico paso evolutivo.

Los docentes, como todo ente pensante, deben situarse en algún lado de la balanza (es lo que algunos llaman política). O eres parte de los que entiende que el mundo tiende a un destino fatalista o eres parte de los que hacen algo para que eso no suceda. Los jóvenes, por lo general, adhieren a la segunda opción. Históricamente no siempre fue así, es más bien un proceso cíclico.

Para entender el mundo que lo rodea, el ser humano debe contar con fuerzas y ánimo para explorarlo, conocerlo y hasta sistematizarlo, lo que genera que los más avezados y adelantados puedan dotar de luz una determinada época. Cuando se entiende que el cambio ha sido positivo, se mueve el paradigma y la posición revolucionaria pasa a ser la parte conservadora. A medida que avanza el tiempo, la mente y el cuerpo humano evolucionan en la construcción de nuevo conocimiento, en la profundización del existente y en la consolidación de los métodos de racionalizar la realidad. Este desplazamiento (al parecer natural) empuja a una determinada generación a encontrar la manera de perfeccionar (hacia los intereses que mueven el mundo) las distintas ramas del saber. Así nacen las revoluciones, en la medida en que son una revisión de lo existente para encontrar el camino que aún no conocemos. En consecuencia, el conflicto siempre ha existido en mayor o menor medida.

La idea principal, entonces, es que la profesión docente se encuentra en el meollo del asunto. Actualmente existe un serio problema:  la raza humana se ha maleducado, hecho bastante simple de comprobar con solo mirar a nuestro al rededor. En Chile no existe, por ejemplo, una cultura desarrollada de la higiene, de la eficiencia energética, de la educación cívica, de los valores de convivencia, de la ecología, etc. ¿Por qué? la respuesta más rápida (pero no menos imprecisa) es que las generaciones pasadas probaron en las actuales un modelo que daba resultado para un determinado tipo de sociedad (que seguramente deseaban moldear, independientemente del valor ético de sus intenciones), en la que se hacía lo que se podía para lograr lo que se quería. ¿Tuvo éxito? Cada cual podrá tener su propia opinión de ello. Para quienes escriben en este blog (como para muchos otros que trabajan en silencio), desafortunadamente no.

Hoy, le llegó el turno a los jóvenes. ¿Es necesario seguir justificándolo? El sistema en el que actualmente se vive NO SIRVE. No se puede negar que existen cosas positivas, pero ¿realmente se necesita tanto dolor para satisfacer las “necesidades” de CASI todos? Definitivamente no se puede seguir ocultando la realidad. Hoy el mundo debe cambiar. Hoy hay que inventar nuevos engranajes. No se trata de anarquía, se trata de modificar el sistema para que sea justo, no sólo económicamente sino en un acceso libre al conocimiento, a la verdad, al futuro.

Mucha gente hoy en día trabaja para que eso suceda. Algunos depositan su fé en las energías limpias, otros en los avances tecnológicos del última generación. Algunos condenan a las redes sociales y otros las elevan a la categoría de futuro. Aquí sí que es difícil dilucidar el asunto. Este grupo de escritores y escritoras se inclina hacia que la docencia es clave en la consolidación de un nuevo paso, y esta docencia se está construyendo en Chile hace muy poco tiempo. Sofie Valcras lo plantea en su artículo de esta semana: “quizá los estudiantes que opten por esta oportunidad [becas vocación de profesor] si serán buenos profesores y lograrán un buen desempeño a nivel pedagógico y aportarán con un gran avance al país.”, es una opción. Quizás esto sea el impulso que se necesita para que el cuerpo docente que se hará cargo de las próximas generaciones sea un verdadero grupo de profesionales y agentes de cambio.

Es este nuevo tipo de docencia al que se tiende en los artículos expuestos, a la docencia crítica y reflexiva, pero no solo eso, sino que a la docencia que es capaz de mover las montañas de la ignorancia, la infelicidad y la injusticia. Una docencia que entienda a los estudiantes que Carlos Cordero detallaba en su artículo “Los síntomas y desafíos que nos plantean los estudiantes en la posmodernidad”, que los analice, que los deconstruya y que los edifique como personas y no como engranaje de una máquina claramente defectuosa.

No es recomendable armar una casa sobre terreno defectuoso. En el caso de las nuevas generaciones de niños, los baches en el suelo los provoca el sistema actual y todos los placeres que ofrece. La simpleza y falta de expectativas de las personas nace de su incapacidad de comprender que el ser humano avanza porque lo que no se mueve se enferma y se muere. Los medios se han encargado de jugar con la realidad y confundir a las personas. Las adormece, las excita, las erotiza, las adula, las transforma, las domina. Los medios son el arma más poderosa del determinismo posmoderno, y vaya que es poderosa que tiene dormida ya a varias generaciones.

Afortunadamente hay buenos augurios. La juventud actual ha tomado un camino (algo desordenado, pero notorio y loable) hacia el desplazamiento del paradigma. Falta ordenarse. ¿Se puede cambiar el mundo? Sí, pero primero hay que ponerse de acuerdo. La mejor manera es concebirse a sí mismo como parte del cambio y aportar lo más posible a su solución. Los problemas están identificados, ahora solo resta trabajar para ver quien encuentra el mejor camino, fórmula bastante familiar, pero que da resultado. Si una sola persona ha sido capaz de cambiar el mundo ¿qué pasarías si fuese una gran cantidad al mismo tiempo?, ¿acaso no avanzaríamos más rápido?

Al parecer todos esperan que aparezca una idea común, tan fácil como el “amor y paz” pero sustentable y poderosa.

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Acerca de Aldo Lobos

Profesor de Lengua Castellana y Comunicación en Colegio Técnico-Profesional Aprender de La Pintana. Máster en Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Barcelona. Tutor en Preuniversitario Popular Víctor Jara.

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