Educación para la vida [segunda parte] y conclusión

En la vida existen muchos supuestos que una persona debe cumplir para llegar al éxito y la felicidad: salir del colegio a los 18 años (ojala 17), entrar a la universidad (ojala de Chile o Católica), estudiar una carrera tradicional (derecho, medicina, ingeniería), trabajar, comprarse un auto, casarse, tener familia, y criar a sus hijos de igual manera que sigan su ejemplo[1].

Para cumplir aquellos supuestos la educación que tenemos ahora es bastante buena y efectiva pero, ¿queremos que los estudiantes de hoy cumplan únicamente esos propósitos mañana?

"Enseñarles a pensar, a ser críticos (como se comentaba en un artículo anterior en este mismo blog), a posicionarse frente a su realidad no para reproducirla sino para transformarla; eso, eso es educar para la vida"

Hay muchas cosas que los proyectos del MINEDUC no plantean, entre ellas, una educación para la vida. Suena a cliché pero es real, los estudiantes no sólo necesitan de la aritmética y la biología. También necesitan sueños, proyectos, ideas, consejos, etc. Y todo eso es lo que yo llamo, junto con otras cosas, educación para la vida.

Enseñarles a pensar, a ser críticos (como se comentaba en un artículo anterior en este mismo blog), a posicionarse frente a su realidad no para reproducirla sino para transformarla; eso, eso es educar para la vida.  Por otro lado, prevenir, ayudar a concientizar, promover campañas etc., también es, en cierta medida, educar para la vida.

Cuando pensamos en todos los proyectos preventivos, como por ejemplo, campañas contra el sida y las enfermedades de transmisión sexual; prevención de drogas y alcoholismo; campañas contra el tabaco entre otras, pareciera que esas responsabilidades fueran únicamente de los padres de cada niño, educación que se hace en el hogar. Sin embargo, si fuera de la sala el profesor fuma, si los estudiantes beben al salir de la sala, si no se cuidan o toman las precauciones necesarias a la hora de tener relaciones sexuales, pues, eso también puede ser encauzado dentro del aula. Más específicamente, faltan horas dedicadas a esos temas, no necesariamente como ramos o asignaturas aparte; sino al menos como tiempo dedicado en las otras asignaturas. Trabajar con estadísticas sobre el VIH, y obtener conclusiones después puede hacerse tanto en matemáticas, como en cualquier otra asignatura. Concebir y concienciar sobre los efectos del alcoholismo perfectamente puede ser parte de una clase de literatura; es decir, basta ya de esquivar los temas que de verdad nos importan.

De hecho, si fuese en la escuela donde los estudiantes aprenden los efectos de los fármacos en su cuerpo, las drogas y el alcohol; la automedicación, cuando realizarse exámenes, a que centro asistencial acudir; muy probablemente el sistema de salud mejoraría por el simple hecho de tener usuarios mejor informados y conscientes de lo que necesitan. Si en el aula pusiéramos énfasis a los derechos que tiene todo ciudadano como consumidor, por ejemplo, muy probablemente el SERNAC tendría el doble o el triple de reclamos y no dependería la gente de los noticiarios para enterarse de que ‘a veces’ el cliente tiene la razón.

"Apuesto hoy por una educación inclusiva, que haga dialogar al estudiante con su profesor; una educación que permita una transacción, donde tanto el profesor se nutre de los nuevos conceptos, códigos y patrones culturales que trae el estudiante mientras el estudiante aprende y consigue herramientas que le permitan administrar esos códigos, esas costumbres, para generar así proyectos, sueños y mas importante aun, poder llevarlos a cabo"

El estudiante no necesariamente quiere estudiar la argumentación en base a un texto sobre biología molecular, tampoco aprender matemáticas en el aire, probabilidades en base a juegos de azar. Quizás, es más probable que el estudiante se adentre mas aun en la clase cuando los temas que se tratan son contingentes a ellos mismo como grupo especifico. Rescato aquí la labor de un gran amigo que realizo una encuesta a sus alumnos para saber que temas querían, y luego elaboro los planes de trabajo, las guías y evaluaciones en base a esos temas: futbol, mall, teleseries, etc. No es tan difícil, es tan simple como aprender a escuchar y empezar a enseñar lo que nuestros padres no nos enseñaron; hablar abiertamente sobre salud, sexo, adicciones, conciencia social, deportes, etc., pero hablarlo desde una posición cercana al alumno, una posición desde donde el dialogo que surja se llene de consejos, propuestas, desafíos, proyectos y permee los sueños de cada estudiante haciéndolos posibles o descartándolos por errados; de cualquier modo, una educación que se preocupe mas que por la meta; por el camino.

En este artículo, junto con los dos anteriores, he concluido los temas planteados en mi primer artículo en este blog, a saber, la subestimación que existe sobre los estudiantes. Sin embargo, al escribir cara artículo han surgido mas temas, otros enfoques. En definitiva, apuesto hoy por una educación inclusiva, que haga dialogar al estudiante con su profesor; una educación que permita una transacción, donde tanto el profesor se nutre de los nuevos conceptos, códigos y patrones culturales que trae el estudiante mientras el estudiante aprende y consigue herramientas que le permitan administrar esos códigos, esas costumbres, para generar así proyectos, sueños y mas importante aun, poder llevarlos a cabo.

La interrelación entre estudiante y profesor, en el ámbito de la internet y las redes; en el ámbito social, el intercambio de intereses, de vivencias; la potenciación de las capacidades del estudiante mediante la exigencia razonable (y no la mas cómoda, ni la irracional; ni la selección múltiple ni el completo desarrollo), en general, la adaptación del profesor al contexto inmediato que tiene y su disposición a preparar sujetos pensantes, activos (no solo funcionales), soñadores y mejor aun, cumplidores de esos sueños; es la manera en que concibo la educación del mañana; la educación para la vida.

Mi antiguo profesor de Lenguaje, Luis Elmes, siempre decía “lo que no sirve para la PSU, ¡sirve para la vida!


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Un pensamiento en “Educación para la vida [segunda parte] y conclusión

  1. Excelente reflexión. Mi praxis como profesora (de temas bastante abstractos, como lo saben mis alumnos y exalumnos) es esta. Se es profesor no solo en la sala, dictando la cátedra, sino que fuera de ella, conversando, no solo en los espacios de la universidad, sino que en redes sociales, cafés, bares, chats, etc. La vida, los consejos, los errores y aciertos de uno, el escuchar, leer al alumno, son fundamentales y enriquecedores. El profesor es, al mismo tiempo, alumno en el diálogo. Un abrazo.

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