Síntesis editorial VI [6/03 al 10/03]: “El que sabe sabe, y el que no, enseña”

"Este sistema neoliberal impuesto en Chile (al costo de miles de cadáveres y torturados) ha servido como la mejor forma de mantener el poder elitista de las clases conservadoras católicas en nuestro país. Toda hegemonía u orden social tiene tres formas de reproducirse, la casa (reproductora de valores del sistema), la escuela/universidad y el Estado (desde donde emanan las políticas), el punto es que toda sociedad debe llenar una vacancia que jerarquice/organice el sistema"

Danilo critica la especificidad de las áreas y saberes según la profesión dominante del sujeto, criticando desde los lugares comunes de los residuos psíquicos los pensamientos asentados en el conservadurismo dogmático frente a la enseñanza. Su artículo está basado esencialmente en “aquello que se supone debe ser”, podríamos pensar en un ethos social o comunicacional que se reproduce en nuestra sociedad. También llama a los estudiantes a no centrarse unilateralmente en una rama o especificidad.

En el fondo la crítica de Danilo apunta a una transformación que sufrió la sociedad chilena postdictadura, en que las Universidades empezaron a formar técnicos especializados, pues es aquello que el sistema esencialmente requiere. Un técnico que no cuestione ni de lejos, aquello que hace, sino que sea el mejor en “apretar el botón que le corresponda” y siga haciendo funcionar la maquina.

Por su parte Aldo Lobos apunta a lo más delicado del docente, sí delicado, el salario, sueldo, remuneración, migajas, platita, luquitas y bla bla. El mono funciona con monedas. Eso es obvio,  “quieren dinero”, todos los queremos. Su reflexión parte, desde las injusticias del sistema que hace trabajar a las mayorías, para las ganancias de las minorías. Es una estructura jerárquica de explotación, un sistema como bien dice, basado en el dominio de los más fuertes. Su análisis tiene cierto sesgo naturalista, pues más que fuertes, o astutos, o quienes mejor usan el sistema, a mí entender, habría que pensar en los que detentan el poder, son una clase ideológicamente forjada desde la cuna, cuya misión es hacer preservar sus derechos por sobre las mayorías. Este sistema neoliberal impuesto en Chile (al costo de miles de cadáveres y torturados) ha servido como la mejor forma de mantener el poder elitista de las clases conservadoras católicas en nuestro país. Toda hegemonía u orden social tiene tres formas de reproducirse, la casa (reproductora de valores del sistema), la escuela/universidad y el Estado (desde donde emanan las políticas), el punto es que toda sociedad debe llenar una vacancia que jerarquice/organice el sistema. Llamémosle institución cero. Es un significado sin significante, existe, sin portar forma alguna, sino que sólo espejea o refleja a quien lo detenta, entonces, las luchas ideológicas son por ocupar el lugar de aquella institución cero. Desde ahí deviene a lucha contrahegemónica, que son los detentadores o pretendientes del poder, quienes organizan un discurso de crítica al sistema oficial y se organizan en pos de derrocarlo. El siglo XX está lleno de ejemplo de ello. Nazismo, Fascismo, Comunismo, Anarquismo, etc fueron formas ideológicas que existieron en algún punto del orbe detentando la hegemonía.

El punto es que todas ellas le disputan el poder a la ideología capitalista o neoliberal. Como sistema histórico, ha sido uno de los más fuertes, con valores sólidos y una larga data de intelectuales (hoy tecnócratas) que lo respaldan. Se ha impuesto hoy en día, en la mayoría de los países de occidente, como el nuestro. Lo que Aldo hace en su artículo es dar cuenta de ciertas características patógenas del funcionamiento de nuestro sistema, dando cuenta de la explotación, la concentración de recursos y la pésima distribución de ellos, expresados en los salarios. Cabe mencionar que el dinero es una representación imaginaria de una materialidad de doble valor, de uso y de cambio*, una materialidad que no se corrompe, única en su especie, que sobrepasa la naturaleza misma, y que permite intercambiarla por mercancías. Aldo, sin decirlo, apunta a la tradicional idea del plusvalor; que refiere en pocas palabras, a que el sujeto en los albores del siglo XIX deja de producir sus bienes para vender y entra en las emergentes fábricas ofreciendo su propio cuerpo a cambio de un salario. Él mismo se vende como mercancía, con la consecuente alienación, puesto que el sujeto no es productor de nada, sino agente que reproduce bienes que generan ganancias a otro y su fuerza de trabajo se le recompensa con un sueldo. Ahí hay un doble engaño, pues en su cuerpo y actividad se transforma en mercancía (y posee un valor determinado, por ejemplo cuatrocientos mil pesos mensuales por cuarentaicinco horas semanales), y por otro se le paga un valor ínfimo que no equivale a su trabajo. La falsa materialidad incorruptible del dinero, le permitirá comprar otras mercancías, ya sea básicas como alimentos o de lujo como un “plasma”. Es toda una maquinaria de explotación y esclavitud amparada en el derecho laboral.

Aldo refiere a una pieza clave de la maquinaria, el docente (en tanto lo deshumaniza mecanizándolo como objeto o tuerca que mantiene en funcionamiento el cuerpo-máquina neoliberal), al cual llama inepto o idiota. Pero no ve, que esa “tontera” a la que refiere, es parte de la alienación del sujeto-mercancía y que el docente está dentro de la institución educativa que domestica a los sujetos a perpetuar la hegemonía que detenta el espejeante significante vacío que organiza toda una sociedad. El docente es un reproductor más del sistema, y si se le paga poco, es porque lo merece. Y como él muy bien señala, los docentes son una pila. Docentes tuercas, máquinas, idiotas, ineptos, engranajes y pilas. A ello se suma el pensamiento mercantil del sujeto que no escoge pedagogía, prefiere vender su cuerpo a un precio más alto.

Sergio inteligentemente toma el ejemplo de Cuba. Un país que por definición posee un sistema hegemónico que ostenta el poder diametralmente opuesto al de Chile. Sin alargarme mucho, es un sistema político-económico marxista, que supone la eliminación de las clases en pugna y la explotación del ser humano como mercancía, en pos de la organización y equitativa redistribución de los recursos que permiten el desarrollo del país. En que las clases obreras y productoras (infraestructura) cobran igual o más relevancia que los intelectuales, políticos, etc (superestructura), engarzándose ello en la estructura que es la mediación estatal que asegura tal funcionamiento. Agregando a ello un fuerte énfasis en la educación como forma de conocimiento o saberes que respalden “la revolución” (siguiendo con la idea de que el capitalismo funciona por alienación e ignorancia).

Este sistema tiene cabida a una planificación educacional de alto nivel. Pues como he mencionado está en la base de su desarrollo, y como nos enseña Sergio, Cuba ha demostrado que a pesar de las dificultades de país bloqueado, ha podido generar una educación digna y de excelente calidad. Si bien su postura más que comparar, es demostrar que con organización una evaluación docente es factible, en tanto puede generar un mejor desarrollo del docente; en nuestro país eso no ocurre. Y no va a pasar de la forma que muchos de nosotros esperaríamos, sino de una manera que siga promoviendo las enormes desigualdades que existen en las escuelas y universidades. La realidad de Cuba es posible, pues su sistema, forma o caja que mantiene el poder es compleja y completamente diferente a la nuestra.

La reflexión que hace Ariel por su parte, es acerca del trabajo pedagógico en sí. Piensa que el acto docente es más que una transmisión de conocimientos, cuyo compromiso es intervenir y analizar la realidad social desde los conocimientos que uno como docente pueda portar. Pero hay que entender que ninguno de nosotros tiene verdades absolutas, y no debe ostentarlas, pues hará mucho daño si esa es la postura. Por ello como bien menciona, la labor del docente es entregar herramientas que le permitan a los estudiantes enfrentarse al difícil mundo del cual son parte, con todas las complejidades ideológicas que han mencionado los otros autores.

Propone como posibles actos a seguir de esta maraña de malas prácticas, una colectivización de las labores y diferenciación de los contextos en los cuales se educa a los jóvenes, en “donde todos estén comprometidos por una meta común…que respondan a las necesidades locales, problemática de país, potenciar oportunidades que respondan de manera óptima desde el lenguaje pedagógico”. Lo más interesante de Ariel es la crítica desde una ética a las falencias y abismos entre una teoría y la práctica, cuyo origen puede ser la “fragmentación” del quehacer pedagógico, entre los diversos agentes que van conformando tal labor. Y ello es indudable que se hace visible en la lucha ideológica por la hegemonía entre tales agentes, pues bien ¿cómo nos coordinamos con los dogmas del gobierno actual? Es una tarea que evidentemente no nos llevará más que a las tradicionales concesiones, cuyo resultado es un híbrido que el propio estudiante debe masticar como pueda.

"Cabe mencionar que el dinero es una representación imaginaria de una materialidad de doble valor, de uso y de cambio, una materialidad que no se corrompe, única en su especie, que sobrepasa la naturaleza misma, y que permite intercambiarla por mercancías"

De aquí se desprende la idea de encontrar soluciones al margen de los formalismos teóricos, lo que aun nos mantiene entrampados. Más que nada lo siento como una lucha de intereses, que generan una aporía de dogmas, espacios de saberes (ingenieros y abogados de ministros de educación), ideologías codificantes que esperan unas oscuras ganancias de ciertos grupos de poder. Entonces se hace imperiosa la importancia en la reflexión, el trabajo arduo por todos aquellos que deseamos ser docentes, y comenzar a generar las soluciones desde nuestro cruce de saberes, porque no debemos olvidar que como profesores somos profesionales de la enseñanza, y que inmanentemente debemos deslindarnos de otras áreas avocadas a, por ejemplo, generar ganancias o ver en todo negocios para unos pocos.

Aldo apela como salida de todas estas complejidades, a que los docentes tienen la oportunidad de no trabajar para que alguien lucre, pero en base a esta la síntesis-crítica, sospecho que tal afirmación es algo sesgada, pues más que lucrar (palabra vaciada de todo significado hoy en día) el docente trabaja para reproducir valores propios de la “espiritualidad económica” de nuestro tiempo. El miedo como forma de afrontar el mundo ha sido inculcado desde los albores del cristianismo en occidente, y es hasta hoy una forma de psiquis o consciencia tremendamente arraigada en muchos países, así como un mecanismo de control eficaz, y las sombras que nos asechan son demasiado poderosas como para enfrentar así de fácil tales miedos históricos. Creo que su artículo descansa más que nada en despertar las conciencias de los individuos alienados y oprimidos de este país. Partiendo por los profesores como escribe Ariel, por su parte Aldo nos hace un llamado, y es a volver a mirar aquellos lugares comunes que mencionaban los autores expuestos, con renovados ojos, sin las sombras de los miedos, la ignorancia del superdotado, la ineptitud intelectual, la pereza del acomodado, etc.

Finalmente los cuatro artículos expuestos aquí apuntan a un secreto llamado a pensar fuera de la “caja”. No asumir pensamientos desde las formas dadas del sistema, sino a que como docentes, se deben buscar formas nuevas, que descoloquen la construcción misma del sistema, las cristalizaciones intelectuales y las reproducciones de saberes especializados vaciados de éxito. Uso la palabra éxito en el sentido de Danilo, salida, la verdadera salida es entonces aprender a pensar más allá de todo lo enseñado, partiendo en nosotros mismo. El docente es el primero en realizar ese trabajo en sí mismo, para luego discutirlo con sus pares, y finalmente enseñar (no las tentativas respuestas a las que ha llegado), sino los mecanismos para que nuestros estudiantes aprendan a pensar por sí mismos, como humanos, en comunidad y fuera de todas las formas impuestas.

Efectivamente estimados colegas, las decisiones políticas “pueden” llegar a pasar por nuestras manos, pero ello implica mucho trabajo. Tenemos tarea para la casa.

¿Cuál es el lugar de las facultades de pedagogía en nuestra sociedad? ¿qué sesgo ideológico portan los profesores? ¿hay una ética ligada a la labor docente? ¿cómo se entiende el profesionalismo de un pedagogo?

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