¿Cómo trabajar usando la metodología de proyectos?

El profesorado ha señalado la ausencia de instrumentos de ayuda para valorar cualitativamente e intervenir formativamente en la regulación de las necesidades del alumnado en el desarrollo de sus habilidades de expresión y comprensión. (Mendoza, 2000) [1]

Una cosa es la crítica al modelo educativo y otra, el auténtico cambio a un modelo distinto. Ninguna por sí sola es suficiente. Si solo existe crítica, el escenario se transforma en un cúmulo de quejas, resignación, escasez de visión y finalmente en la reiteración de aquellas prácticas que históricamente han demostrado ser, por decirlo de una manera discreta, insuficientes.

"Un trabajo por proyectos sería un plan de trabajo cuyo objetivo es realizar una tarea interesante o resolver un problema. Lo clave al usar esta metodología es que se debe propiciar el trabajo colaborativo con un foco en el proceso de aprendizaje social y personal de los estudiantes, haciendo hincapié en su desarrollo creativo, comunicativo y expresivo"

Por otra parte, si solo existe la intención del cambio, la aventurera intención de crear un modelo alternativo que permita transformar la educación en lo que idealmente debería ser y se deja fuera el proceso de reflexión crítica hacia el modelo obsoleto, lo único que se obtiene es una incongruencia entre la acción y lo que supuestamente significa aquél debería.

En otras palabras, si solo se busca cambiar sin reflexionar previamente acerca de lo que se debe cambiar y de los objetivos a los que responde dicho cambio, se está condenado al fracaso. Se confirmaría la frase popular que reza “el camino al infierno está lleno de buenas intenciones”.

¿Cuál es la solución? La respuesta es sencilla pero su ejecución es algo más compleja (como todo lo que vale la pena en este mundo). Cada docente debe encontrar las bases de su accionar y justificarlo con relación al cruce entre la crítica al modelo tradicional y la investigación innovadora en el área de la didáctica. Para ello es necesario brindar herramientas eficaces a los docentes con el fin de que logren reconciliarse con la teoría en la medida en que esta surge de sus propias prácticas y no es un mundo aparte creado entre cuatro paredes tan distintas a las del aula de clases.

Ante las necesidades detectadas en los docentes, vamos a constatar la conveniencia de disponer de un elaborado instrumento holístico que facilite la tarea de la observación en el aula (con finalidades formativas y reguladoras) y que ayude al docente a diagnosticar, reconocer y regular los alcances y dificultades de los alumnos. (Mendoza, 2000)

Es por tales razones que me atrevo a dar respuesta a muchas preguntas que me han hecho algún@s colegas acerca de la manera en que llevo a cabo mis clases. Quiero presentarles el trabajo por proyectos, que es el modelo metodológico en el cual me baso para planificar, ejecutar y evaluar mi trabajo. No obstante, me gustaría tomarme la licencia para ejemplificar con mis adaptaciones libres, basadas en mi contexto de trabajo. Para lograrlo, comenzaré por presentar un panorama breve acerca de la metodología, luego hablaré un poco sobre la importancia de considerar la situación de aula y finalmente un pequeño acercamiento a mi personal procedimiento.

Metodología de trabajo por proyectos.

"¿En realidad hemos pensado alguna vez en la inversión que significa darse un tiempo fuera con aquell@s con quienes pasamos gran parte de nuestra semana? Quizá si nos concentráramos más en conectarnos con ell@s antes de exigirles que repitan lo que queremos que aprendan, descubriríamos mundos que antes creíamos inexistentes"

Como se los adelantaba en mi artículo anterior, un trabajo por proyectos sería un plan de trabajo cuyo objetivo es realizar una tarea interesante o resolver un problema. Lo clave al usar esta metodología es que se debe propiciar el trabajo colaborativo con un foco en el proceso de aprendizaje social y personal de los estudiantes, haciendo hincapié en su desarrollo creativo, comunicativo y expresivo (Camps, 1994).

Este tipo de trabajo se dividiría en tres partes: preparación (planificación crítica), realización (ejecución reflexiva en el aula) y evaluación (de los estudiantes, del proceso y del docente a cargo). Cada una de aquellas fases será tratada en profundidad y ejemplificada en posteriores artículos publicados en este blog. Por lo pronto es necesario un acercamiento al contexto en que esto se llevará a cabo, debido a que antes de comenzar hay que considerar cada uno de los detalles que componen la situación y los factores que rodean el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Contexto escolar

Más que hablar del lugar donde trabajo, me gustaría mostrar cuáles son los supuestos en los que baso mi observación y mi decisión de planificar con esta metodología.

En primer lugar hay que considerar a mis interlocutores: los y las estudiantes. Tengo la opción de establecer una hipótesis (o prejuicio) sobre ell@s basado en mis sensaciones. Sin embargo eso se aleja de un trabajo serio y bien planificado. Lo primero es asumir que dentro del aula tenemos una diversidad de creencias, representaciones y saberes que vuelve compleja la unificación de criterios a la hora de preparar una unidad didáctica. Es por ello que necesitamos encontrar la manera de conocer a nuestros alumnos y a nuestras alumnas.

"Jugando, riendo, conversando, escuchando… hay muchas formas de acercarse a l@s niñ@s y adolescentes y saber qué buscan. La magia de quienes profesamos la docencia estriba en congeniar aquello que ell@s creen, sienten, quieren y saben con aquello que creo, siento, quiero y sé que es necesario que aprendan"

Desde tiempos inmemoriales los seres humanos han conversado para conocerse, quizá esta sea una buena opción para partir. Se sabe que el tiempo es escaso y que factores como la carga horaria y la cantidad de estudiantes por sala hacen difícil detenerse a analizar caso a caso, pero ¿cómo lo podemos saber? ¿En realidad hemos pensado alguna vez en la inversión que significa darse un tiempo fuera con aquell@s con quienes pasamos gran parte de nuestra semana? Quizá si nos concentráramos más en conectarnos con ell@s antes de exigirles que repitan lo que queremos que aprendan, descubriríamos mundos que antes creíamos inexistentes.

Jugando, riendo, conversando, escuchando… hay muchas formas de acercarse a l@s niñ@s y adolescentes y saber qué buscan. La magia de quienes profesamos la docencia estriba en congeniar aquello que ell@s creen, sienten, quieren y saben con aquello que creo, siento, quiero y sé que es necesario que aprendan. Por ello es importante el posicionamiento inicial. Toda decisión debe estar regulada principalmente por aquello que como docente entiendo por educación. Ese es un ejercicio personal y colectivo.

Cada profesor y profesora debe cuestionar su posicionamiento ideológico en una tensión entre lo que significa la educación para su proyecto personal/profesional, para el proyecto educativo de la organización en la que escogió trabajar y en el marco curricular en que inscribe su práctica. De cada docente detente estimar o desestimar parte o totalidad de estos factores. Lo importante es que ello es el primer paso para una toma de decisiones consciente y sólidamente justificada.

Una vez asumida la posición inicial y el análisis del contexto en que ejercerá su práctica, cada docente podrá pensar en comenzar un mejor proceso de planificación, que le permita atender de manera más completa las necesidades educativas de sus estudiantes y alinear de mejor manera los objetivos perseguidos con la manera en que se busca llegar a ellos y con la forma en que serán evaluados y complementados.

En este punto toman relevancia todas aquellas “habilidades blandas” o “pequeños talentos” de los que disponga cada docente. La creatividad, la simpatía, la locuacidad, el humor, y todo aquello que se pueda hacer debe ponerse al servicio de este proceso. Debemos planificar un camino con el que podamos cumplir, que se adecúe a nuestros recursos y los explote de la forma más completa posible.

Mi modelo de planificación

A partir de las reflexiones previas, adapté un modelo de planificación descriptivo que consta de la siguiente estructura:

(1) Nivel: El curso para el cual está diseñado el proyecto.

(2) Unidad: Nombre asignado al conjunto de experiencias de aprendizaje que corresponde al marco en el que se desarrollarán los distintos proyectos. Personalmente me gusta pensar en una unidad cada dos meses.

(3) Experiencia de aprendizaje [EA]: Es el proyecto mismo. Consiste en una sub-unidad que tiene como núcleo una macro-evaluación a la que se puede asignar algún valor numérico y convertirla en calificación. En realidad esto puede hacerse en cualquier momento, no necesariamente al final. Suelo utilizar tres experiencias de aprendizaje por unidad, concatenadas e íntimamente relacionadas, cada una de ellas con una actividad llamativa e innovadora que cubra los objetivos principales buscados.

(4) OFT General: Es el objetivo fundamental transversal que da sentido a la unidad. Se obtiene del cruce de las necesidades educativas valóricas y actitudinales de los estudiantes y las sugerencias curriculares. Personalmente opto por reconocer aquello que considero fundamental que aprendan mis estudiantes en relación con la vida y sintetizarlo en un objetivo a lograr. Mi visión de la educación se basa en ello, por esto que está al comienzo de mi planificación, para no perderlo nunca de vista.

(5) Aprendizajes Esperados [AE]: Corresponde a la elección, extracción y modificación de los AE presentados en los planes y programas nacionales. Es importante entender esto, no se trata solo de copiar y pegar, su selección debe pasar por un proceso analítico y de transformación. Nuevamente se ponen en tensión el contexto escolar con lo idealmente presentado por el currículum y las intenciones y objetivos de cada docente.

(6) Instrumentos evaluativos: Este espacio está reservado a la descripción de los medios por los cuales se evaluará el nivel de logro de los AE. Hay que recordar que la evaluación es un proceso continuo, no puntual ni único, por lo que es menester quizá dar un hilo conductor para no perderse en el camino desde el diagnóstico a la evaluación final.

(7) Eje predominante: La asignatura de lenguaje se estructura en tres ejes: lectura, escritura y expresión oral. Todos se deben trabajar de manera imbricada, pero siempre es bueno establecer uno de ellos como norte, para poder desarrollarlo de manera específica y no perderse en la superficialidad del que mucho abarca y poco aprieta.

(8) Duración estimada: Se refiere a la EA. Es recomendable no extenderse mucho en el tiempo ni realizar clases express. Por lo general mis EA no superan las 3 semanas de duración, pero eso queda a criterio de cada profesional y a la profundidad con la que busque trabajar sus objetivos.

(9) Indicadores/Objetivos Específicos: Se construyen al relacionar los Objetivos Fundamentales [OF] del currículum, con los indicadores de evaluación presentados y los propios objetivos de cada docente. Nuevamente es necesario realizar un procedimiento crítico de selección y modificación. Cada clase debe contar con al menos un objetivo y su(s) correspondiente(s) indicadores de logro (que ayudarán a dirigir mejor el proceso de evaluación).

(10) Secuencia de Aprendizaje: Esta columna presenta la secuencia en sí, dividida en cuatro bloques (inicio, desarrollo, cierre y evaluación de la EA).

(11) Recursos didácticos y técnicos: Esta columna permite ordenar a modo de lista los materiales y recursos que necesitaremos en cada clase, para permitirnos saber lo que debemos tener en cuenta antes de llegar al aula. Si utilizamos muchos recursos, este espacio es fundamental.

(12) Tiempo: Corresponde al tiempo estimado por clase (45 o 90 minutos en mi caso)

(13) Inicio, desarrollo y cierre de la EA: Es una manera de ordenar las fases por las que pasaremos y permite alinear mejor los objetivos a modo de cadena. Cada fase puede contar con un número variable de clases. Suelo utilizar 1 – 3 – 2. El Inicio es usado a modo de motivación, el desarrollo contiene el grueso del trabajo y el cierre son las sesiones en que nos aproximamos a la evaluación. Este último puede utilizarse para explicitar la concatenación de objetivos o para practicar para la evaluación final.

(14) OFT: Aparece nuevamente pero esta vez de forma específica. Es una forma de secuenciar pasos para lograr el OFT general. Cada clase debe contar con uno, el cual debe estar claro desde el comienzo.

(15) Habilidades: En este espacio es para indicar las habilidades que se buscarán desarrollar en cada clase. Personalmente utilizo la taxonomía de Bloom modificada por Anderson en 1999.

(16) Contenidos: Aunque son lo último en relevancia para este proceso, es necesario tenerlos claros para llegar a cada clase preparado. Se pueden sacar de los programas, pero ya hemos dicho que ese copy-paste no es recomendable sin una revisión y alineación crítica previa.

(17) Clase N°: Este espacio sirve para escribir el objetivo que se presentará a los estudiantes. Es importante entender que los objetivos de los planes y programas van dirigidos a nosotros, y nosotros somos los que realizamos la bajada a la sala de clases, por lo que recomiendo crear los objetivos en relación al tema y la evaluación de cada sesión. Por su parte, cada clase deberá detallarse en sus tres momentos, a saber: motivación, desarrollo y cierre.

(18) Motivación: Espacio fundamental para presentar los objetivos y mover a los estudiantes a su logro. Es una instancia ideal para el juego, el humor y el diálogo. Personalmente es mi favorita.

(19) Desarrollo: Corresponde al trabajo y el proceso mediante el cual se llegará a los objetivos. Es necesario que se ordene y se detalle muy bien, para evitar vacíos en la medida de lo posible.

(20) Cierre: Es el espacio en el que se abrazan los objetivos. Es ideal para el trabajo metacognitivo y para medir el nivel general de logro del objetivo de la clase.

(21) Evaluación: Consiste en el procedimiento mediante el cual nos aseguraremos que el objetivo se ha cumplido. Cada clase debe tener una, evitando dejar ir a l@s estudiantes sin antes comprobar su avance.

(22) Evaluación final de la EA: Es un espacio dedicado a la actividad final que se ha presentado al comienzo de la EA. La cantidad de sesiones utilizadas para realizar, evaluar y re-evaluar la EA es variable, depende de la envergadura del trabajo y del tiempo que utilicemos para analizar los resultados junto a nuestr@s estudiantes.

(23) Indicadores escogidos: Corresponde a una selección de indicadores trabajados que serán evaluados en esta actividad. Es importante elegir con sabiduría aquellos que nos parecen más relevantes, porque evaluarlos todos es una tarea titánica y, en cierta medida, sin sentido.

(24) Calificación: Es la descripción de la manera en que la evaluación cualitativa se transforma en un indicador cuantificable. Esto debe estar pactado desde un comienzo y ser muy transparente. No queremos perder la confianza de nuestros estudiantes, ¿no?

(25) Observaciones del docente: De más está decir que es importante dejar un espacio para anotar todo aquello que nos llame la atención. Son notas de campo que nos permiten modificar, corregir y mejorar nuestras planificaciones a futuro. No hay nada peor que usar las mismas planificaciones año a año en distintos contextos. Eso es de flojos, colega.

Hasta aquí mi modelo. Quizá a algún@s no les parezca tan novedoso, pero no busco que así sea. Se me preguntó cómo trabajaba, pues bueno, así comienzo. Más adelante me detendré en los puntos que generen más inquietud. Espero vuestros comentarios.

Profesor Aldo Lobos

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[1] El autor de este artículo ha traducido ambas citas de Mendoza (2000). El texto original está escrito en Catalán.

Bibliografía.

Camps, A. (1994): “Projectes de llengua entre la teoria i la pràctica”, en: Articles de Didàctica de la Llengua i de la Literatura, núm. 2, pp. 7-20.

Mendoza, A. (2000): “L’elaboració d’un instrument per a la regulació formativa dels aprenentatges. Descripció d’un projecte d’avaluació per a l’àrea de llengua i literatura”, en Camps, A. et Al (2000): Recerca i formació en didáctica de la llengua. Barcelona: Graó.

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Síntesis Editorial IX [16/04 al 21/04]:

"Comencé esta síntesis preguntándome ¿Por qué leo? Y luego ¿Quienes son los responsables? y finalizo con una contra-pregunta ¿Es necesario preguntarnos para hacer algo?"

Esta síntesis, como todas, más que hilar, resumir o destacar algunas reflexiones de nuestros colegas, buscará generar una mirada exploratoria sobre las diferentes temáticas que recaen en este espacio.

Les pregunto a los lectores ¿Por qué leen?

Nuestra primera pregunta esta totalmente ligada a lo que el profesor Aldo Lobos titula en su publicación; ¿Por qué en Chile la gente no lee? En ella propone que existen argumentos para cuestionar algunas cifras sobre nuestra capacidad de lectura mensual y anual, pero en contraposición con lo que realmente se entiende al momento de efectuar el ejercicio de leer. Es interesante tomar en cuenta el concepto “ejercicio” tomado implícitamente en este artículo, ya que además el profesor propone una suerte de metodología o pasos a seguir para educar al lector. No obstante, el autor aterriza en esta reflexión y reluce su condición pedagógica, tomando en cuenta su disciplina y la ideología educativa, se cuestiona si realmente esta “educación al lector”, es ideal o cultural… es difícil adentrarnos al arte de la lectura si nuestra labor artesana carece de profesionalismo. El oficio, como algunos docentes señalan como símbolo de experiencia y resultados, para el autor no es clave del éxito y menos resultados. Se necesita una metodología capaz de generar una  proyección hacia un lector libre de la ingenuidad. Y al parecer en Chile somos muchos los ingenuos. Hablando de Chile y sus “resultados”, el profesor Sergio Garrido, nos habla sobre como el discurso del éxito a toda costa cubre a la crisis interna de una educación chilena que se desmorona silenciosamente.

La crisis y el éxito, dos conceptos que se alejan de la mirada a futuro y pasar a ser consideradas como promesas populistas, donde quienes controlan el poder se suben al carro de la victoria cuando en su gestión esta prueba sube unos puntitos mas, pero si llegase a bajar, hablan de que ya es momento de cambiar o simplemente se lavan las manos, hay que culpar a la administración anterior… pero si subimos unos puntos ¿A quienes felicitamos? ¿Al ministro? ¿Al presidente? ¿Los profesores? ¿A qué se deben los resultados? …y nos quedamos con ese vacío, digno de nuestra cultura “chilensis”  deleitándonos cada vez que pasa algo extraordinario, donde llegamos a un éxito de cualquier índole , pero sin ningún método, sin procedimientos eficaces, o sea,  llegamos de pura “cuea”… Entonces el futuro de generaciones queda a la deriva.

Me quedo con esta frase o linda reflexión del colega; “Para una persona común el paso por la educación básica, media, superior es un proceso que marca la vida y que sus frutos no se miden solo por una renta. Hacia el 2010 siete de cada diez estudiantes de educación superior fueron primera generación de su familia en hacer ingreso a una de estas instituciones y ese simple hecho no puede ser visto de forma peyorativa.” Esta reflexión nos deja en claro que esta crisis no se puede medir con instrumentos estándar, ni menos generando una línea de proyección a corto plazo, ya que las políticas públicas en educación siguen siendo parte de la mirada propagandista o convicción ideológica de una administración política que obvia la mirada de una proyección profesional para saber como llegar a las metas y qué debemos hacer para cumplir a cabalidad los requisitos de una educación de calidad. Y por último el profesor Hugo Hinojosa nos propone un articulo cargado de anti-prejuicios, atacando totalmente al dilema moral del profesor, a la praxis en si misma, y como cumplir a diario nuestro ideal docente..

Comencé esta síntesis preguntándome ¿Por qué leo?  Y luego ¿Quienes son los responsables? y finalizo con una contra-pregunta ¿Es necesario preguntarnos para hacer algo? Hugo acierta con reafirmar en el docente su carácter de observador e interventor de la realidad social de nuestro país, el docente participa de la construcción de los imaginarios sociales, de la búsqueda de la moralidad y la transformación de los valores. Reflexiona además desde otro análisis implícito hacia el materialismo histórico y como esta maquina histórica va avanzando junto a sus paradigmas que ciertamente van mutando, pero además por más que avancemos hay que tomar en cuenta nuestra mirada ética, tanto como docentes y como ciudadanos, esta es tarea de todos.  Entonces Docentes ¿Se van a quitar la venda de los ojos?

La búsqueda de nuestra normalidad.

“El hombre que no percibe el drama de su propio fin no está en la normalidad sino en la patología, y tendría que tenderse en la camilla y dejarse curar.

Carl Gustav Jung

Siempre es (y será) complejo definir de manera objetiva lo que es “normal”, y más aún en el ámbito educativo. Establecer un criterio válido para entender aquello aceptable en el aula y en el entorno pedagógico, es la tarea que debemos cumplir a diario. Pero si decidimos que la normalidad se establece desde las generalidades, o desde las prácticas, podemos empezar a naturalizar hechos que distan de un concepto de normalidad puramente educativa o pedagógica.

Claramente lo “normal” la mayor de las veces tiende a ser una utopía y se plantea de la manera en cómo estamos actuando, es decir, la medida de la normalidad es la realidad (para bien o para mal). La normalización apunta o tiende a una homogenización del medio en el cual nos movemos, a generar un tipo de consenso cultural o social. Ahora, si lo vemos desde un punto de vista puramente hipotético, nuestra labor pedagógica ya etimológicamente establece y nos señala nuestra normalidad, es decir, simplemente debemos conducir a los niños o jóvenes, guiarlos en su proceso de crecimiento y maduración, o si queremos seguir el concepto de educación, es extraer o sacar de ellos lo mejor que tienen, potenciar al máximo sus capacidades. Eso es lo que se esperaría como base de la práctica de cualquier docente, sería nuestro idealismo educativo.

Retomo lo dicho al inicio; el problema actual derivaría del hecho en el cual estamos naturalizando a diario acciones, discursos y pensamientos ajenos a nuestro rol como profesores, es decir, la normalidad la vamos convirtiendo en la excepción. Notable paradoja, dado que como señalé anteriormente, lo normal (o más bien dicho la normalidad) es una construcción hecha en base a los criterios impuestos por la misma sociedad, aun cuando esta sea una de tantas definiciones sobre el concepto. Lo complejo de este proceso, es que podríamos a la larga modificar el paradigma educativo, permitiendo que factores exopedagógicos interfieran en nuestra labor.

"Estamos naturalizando a diario acciones, discursos y pensamientos ajenos a nuestro rol como profesores, es decir, la normalidad la vamos convirtiendo en la excepción"

Ahora, esto no implica por ningún motivo una resistencia obcecada al   cambio, sino más bien pone un tono de alerta frente a lo que estamos haciendo continuamente en nuestras aulas. ¿Y cuál es el nuevo concepto de normalidad que se está formando? La inclusión de un modelo de mercado en nuestro país, ha conducido a la formación de un analógico mercado docente, el cual establece sus criterios a partir de cómo funciona dicha lógica mercantil; producir para  generar resultados. Las mediciones estandarizadas se centran en aquel leit motiv, por tanto, la generación de cualquier otro tipo de respuesta se va anulando sistemáticamente. Lo peligroso es cuando los propios docentes, entrampados en la acción, se van olvidando del concepto original, para adoptar de manera errónea el estado actual de las cosas.

¿Cómo se manifiesta dicho nuevo paradigma? Tanto el alumno como el docente se desligan de su rol, asumiendo nuevos papeles de cliente y mero reproductor de contenidos respectivamente. El profesor alienado por las condiciones construidas para él por el sistema, va convirtiendo al alumno en un enemigo, un estorbo para sus planes o un ser sin capacidad de mejorar o aprender (en los casos más extremos). Por otro lado, los educandos van perdiendo el foco de su propio aprendizaje, y asumiendo la escuela como una obligación, y no un lugar de desarrollo integral y crecimiento sostenido, poniéndolo en una posición de constante ataque. La naturalización y adopción de esta mirada está llevándonos a un peligroso camino, del que si no tomamos precauciones, tal vez no podamos volver.

El desafío está en cuestionar la normalidad que se nos impone, y proponer nuestra visión profesional. Para ello el docente debería volver a tomar su rol base, y reconectarse con la figura del pedagogo, estableciendo un vínculo fuerte y enriquecedor con sus alumnos. Esta postura implica a veces contravenir de cierta manera los dictámenes del establecimiento educativo (o de los padres), y por extensión, los de las propias políticas educativas implantadas por el gobierno de turno. Lógica perversa, ya que desde el miedo y la presión, generamos una pérdida del  “ideal” educativo.

Ahora, más que nunca, el docente debe mostrarse estoico, y no dejarse embelesar por las flautas del mercado, y empoderarse del papel que le corresponde. El cuestionamiento del status quo permite convertir al profesor en un ente reflexivo, crítico y activo en su acción pedagógica, y el que finalmente establecerá (junto a su alumno), el paradigma de la educación en su esencia más pura.