El problema del Canon

"La convivencia escolar debe construir un canon. Las necesidades educativas de cada establecimiento moldeará sus lector@s a su imagen y semejanza, en un proceso gradual y un poco difícil al comienzo"

Con el tiempo ha sido indudable que aquello de lo que los profesores y profesoras de lenguaje y comunicación se debían preocupar se ha quedado en ello, una preocupación. No se pueden negar los muchos esfuerzos de colegas que se han tomado en serio el tema del desarrollo de lectores y lectoras competentes, y más allá, diversos y recurrentes (Manresa, 2009), sin embargo las cifras (que a veces no nos gustan tanto) hablan en negativo para el pesar de todo el mundo.

 “Los chilenos son malos lectores”; “La comprensión lectora de los chilenos es baja”; “Los chilenos están muy atrás en el mercado de la cultura”; “El chileno medio no lee”; etc., son titulares amarillistas de un fenómeno real. No solo porque lo indica el SIMCE o la PSU (que, aunque duela, son referentes pedagógicamente validados y sólidos en sus bases. El tema sobre su coherencia y real eficiencia es otro tema), sino además porque es algo empíricamente constatable por todo aquél que trabaja en educación.

L@s primeros malos lectores somos l@s profesor@s. No tod@s, claro está. Y la lluvia de excusas es inmensa. Supongo que queda claro que las llamo excusas, porque quien es buen lector o buena lectora carece de ellas.

Muchísimas son las razones, ni siquiera voy a enumerarlas porque es importante que cada persona las descubra a medida que se transforma en un referente lector. Solo me detendré en una porque aquella es la que convoca mi atención: Ser grandes lector@s asegura que l@s docentes podamos construir un canon personal/profesional de lecturas que transmitiremos a nuestr@s estudiantes.

Y hablo de tod@s l@s docentes, no solo a mis compañer@s de área. Cada un@ debe ser capaz de sugerir, de alentar, de motivar y de premiar la lectura de sus estudiantes y, finalmente, en la creación de un ambiente que permita el desarrollo intelectual, como un germen. No se trata de un trabajo corto, pero por algo hay que empezar. Yo sugiero empezar leyendo y dando el ejemplo.

Lo segundo es ya para quienes deben guiar este proceso, mis colegas de lenguaje. Se debe ser un líder lector dentro del colegio. Pero no se trata de un asunto ciego, de decir para todos lados que hay que leer porque cura la gripe o ayuda a bajar de peso. No. Se trata de construir una cultura académica. Dentro del colegio debe existir un sistema de fomento efectivo, facilitar los espacios, los tiempos. Incentivar la docencia y el estudio de ella entre los colegas bajo los mismos parámetros en que se buscará que los estudiantes no copien todo de wikipedia.

La convivencia escolar debe construir un canon. Las necesidades educativas de cada establecimiento moldeará sus lector@s a su imagen y semejanza, en un proceso gradual y un poco difícil al comienzo. Como docentes de lenguaje y comunicación tenemos la tarea de observar con un ojo crítico el mapa de relaciones dentro del colegio. Debemos saber dónde atacar y para ello conocer a nuestr@s estudiantes es otro paso necesario.

"Lea literatura juvenil y convénzase de la simpleza de sus problemas al lado de los que sufren sus estudiantes. Los tiempos han cambiado, han empeorado, el momento de llenar esos vacíos que nadie nos llenó es HOY"

Y no solo en gustos superfluos, sino en intereses profundos. Debemos conocer obras que permitan que l@s niños dialoguen con ellas, que se sumerjan en la apreciación estética para facilitar la comprensión profunda y no al revés. Que encuentren en los libros respuestas a sus preguntas más urgentes, a sus necesidades más imperantes y eso es un trabajo inconmesurable, pero que cuando se es buen/a lector/a no cuesta mucho hacer, porque se hace con placer.

Así, poco a poco, en un escenario más ambicioso, la escuela rompe sus paredes y contagia el gen lector a su comunidad. No obstante si usted, colega que me está leyendo, quiere lograr eso, debe partir por ser un ejemplo. Dejar de mentirse. Desafíe sus límites, descubra nuevas lecturas, actualícese en literatura, relacione lo que lee con lo que enseña, descúbrase a sí mism@ a través de las letras, encántese con la ficción y analice la realidad, que a su al rededor hay much@s esperando que alguien dé el primer paso. Es así como se ganará el respeto de sus estudiantes, solo cuando sepan que delante suyo tiene a alguien más inteligente, no más estricto.

Lea literatura infantil y maravíllese con la pureza infantil que la vida nos ha ido haciendo dejar atrás. Nadie sabe cuando un niño nos puede iluminar con la inocencia de un comentario y debemos estar frescos para entenderlos y no ver sombreros en donde hay boas engullendo.

Lea literatura juvenil y convénzase de la simpleza de sus problemas al lado de los que sufren sus estudiantes. Los tiempos han cambiado, han empeorado, el momento de llenar esos vacíos que nadie nos llenó es HOY.

Lea literatura para adultos y goce de sentir que en la sociedad de la información, su mente se encuentra capacitada para cubrir la titánica y valiente tarea de enseñar. No se duerma, que si no a tod@s les bajará el sueño.

Y no gaste tiempo en excusas baratas como que el impuesto al libro es muy alto, que muy bien sabe que hasta el colegio más marginal tiene una biblioteca empolvada llena de palabras que nos pueden transformar en auténticos agentes de cambio.

Les dejo una sugerencia: lea “El año de la ballena” de Marco Antonio de la Parra y ayúdese a entender a sus estudiantes. Hoy en día nunca viene mal una manito…

Profesor Aldo Lobos

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Manresa, Mireia. (2009). Lecturas juveniles: el hábito lector dentro y fuera de las aulas. En: Textos 51, Abril – Junio 2009. Barcelona: Graó.

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Acerca de Aldo Lobos

Profesor de Lengua Castellana y Comunicación en Colegio Técnico-Profesional Aprender de La Pintana. Máster en Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Barcelona. Tutor en Preuniversitario Popular Víctor Jara.

Un pensamiento en “El problema del Canon

  1. Difícil generar un canon lector entre nuestros estudiantes, y más aún, impregnar a nuestros colegas de este espíritu. La tarea, tal como señalas, se dibuja un poco ardua, pero cuando logras dar aquel salto de fe, creo que los resultados pueden ser más que satisfactorios.

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