Educación Preescolar: relevancia y evidencia

"Es preciso, por lo tanto, diseñar programas que se adapten a la situación social, cultural y lingüística de los niños y de sus familias. La norma debe ser la flexibilidad, la atención a la diversidad y el reconocimiento de sus formas propias de vivir y de comunicarse"

“La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle”

María Montessori

 

La infancia es la etapa evolutiva más importante de los seres humanos, pues en los primeros años de vida se establecen las bases madurativas y  neurológicas del desarrollo. Pocas dudas existen sobre la importancia del desarrollo infantil temprano en el aprendizaje y en el desarrollo social posterior. Las experiencias de los niños y niñas en sus primeros años son fundamentales para su progresión posterior. No es extraño por ello que los economistas y los científicos sociales aseguren que los programas que promueven el desarrollo de los niños pequeños son la mejor inversión para lograr el progreso del capital humano y el crecimiento económico.

Las últimas décadas se caracterizan por un incremento en la generación de conocimiento alrededor de la importancia de la infancia temprana en el desarrollo de los seres humanos. Las primeras  iniciativas a nivel internacional que colocan a los niños pequeños como sujetos de particular atención son las educativas, como lo deja ver la Declaración Mundial Educación para Todos (1990). Por su parte, la Organización de Estados Americanos (OEA) ha venido apoyando acciones y proyectos de atención y desarrollo educativo de la primera infancia.

Los hallazgos en el campo de las neurociencias han mostrado que los primeros tres años de vida constituyen un período crítico en el desarrollo del cerebro y confirman la importancia de las experiencias tempranas en la maduración neural y los comportamientos futuros (Greenspan, Shartz y Nash, 1997). También se ha generado abundante demostración científica en torno al impacto positivo de los programas de desarrollo de primera infancia, especialmente en los futuros comportamientos sociales y educativos (McEwan y Shapiro, 2006; Berlinski, Galiani y Manacorda, 2006).

Si bien los argumentos científicos se han utilizado para resaltar la importancia de la temática, son los estudios económicos los que, hacia finales de los noventa, comenzaron a dominar la arena argumentativa.

Los análisis en este campo se han relacionado con la atención a la primera infancia en general, y a la educación inicial (y preescolar) en particular, como inversión. Los estudios de tasa de retorno, que establecen retornos de entre 7 y hasta 17 dólares por cada dólar invertido en primera infancia (Rolnick y Grunewald, 2003; estudios longitudinales de Perry Preschool, 2004). Otros han analizado la inversión en primera infancia como una estrategia de desarrollo económico, destacando su participación en la generación de capital humano en la medida en que una parte importante de las posibilidades de ulterior éxito académico y laboral se determina por el desarrollo de habilidades y hábitos en la etapa preescolar (Heckman y Masterov, 2004). Finalmente, otro eje que está ganando terreno es el que aborda la búsqueda de la equidad, referido al planteamiento de una mayor efectividad de los programas en primera infancia en el combate contra la pobreza y por la disminución de las brechas de desigualdad (Currie, 2001, y Reporte de Desarrollo Mundial 2005 del Banco Mundial).

Toda esta visión macro de la relevancia de la educación prescolar debe aterrizarse en los contextos en los cuales se imparte, es así como que resulta imprescindible que se garanticen las condiciones básicas de alimentación y de salud de los niños pequeños, la provisión de estimulación variada, el apoyo a las familias para que atiendan las necesidades, el desarrollo y la educación de sus hijos, y la incorporación progresiva de los niños en centros educativos que contribuyan a su maduración y a su aprendizaje.

En primer lugar, hay que destacar el enorme valor de que los programas de atención a la infancia integren la dimensión social y la dimensión educativa. Es muy difícil que el solo trabajo en el ámbito educativo alcance sus objetivos si al mismo tiempo no hay una atención específica al contexto social y familiar en el que el niño se desarrolla. Este planteamiento requiere la coordinación de las diferentes instituciones responsables de la salud, de la vivienda, de la formación de las personas adultas, de la educación infantil y del apoyo a la familia para desarrollar iniciativas coordinadas que se lleven a la práctica en un ámbito territorial y en una población determinada.

Es preciso, por lo tanto, diseñar programas que se adapten a la situación social, cultural y lingüística de los niños y de sus familias. La norma debe ser la flexibilidad, la atención a la diversidad y el reconocimiento de sus formas propias de vivir y de comunicarse.

Otro pilar fundamental es, incluir de alguna manera la participación de la familia en los proyectos orientados a la mejora de la infancia. Bien a través de iniciativas que pretenden cooperar con los padres y las madres en la atención educativa a los hijos, bien a través de una oferta educativa que contribuya a elevar su nivel educativo, cultural o profesional, o  a través de servicios que intenten mejorar sus condiciones de vida, lo cierto es que la atención a las familias y su colaboración en las acciones para una completa atención educativa a sus hijos es un factor principal en el éxito de los programas a favor de la infancia.

Finalmente, conviene no olvidar cómo se definen y se desarrollan los objetivos y los contenidos de los programas educativos que se ofrecen en contextos escolares o, más en general, de los organizados con una finalidad educadora. Todos ellos deberían incluir de una u otra forma el desarrollo de los sentidos, la importancia del juego y del descubrimiento, el fomento de las experiencias comunicativas y estéticas, el cuidado de la dimensión afectiva, así como el fomento de las señas de identidad cultural, lingüística y personal de cada niña y de cada niño. Desde esta perspectiva, la formación de todas aquellas personas que tienen alguna responsabilidad en la educación de los niños pequeños adquiere una especial relevancia.

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Acerca de Ps. Marcela Rojas M.

Soy Educadora de Párvulos desde el año 2000,y a partir de este año 2011 también soy Psicóloga Clínica.Mi experiencia en Educación se centra principamente en el trabajo con niños y niñas de sectores deprivados socioculturalmente de una de las comunas más pobres de Santiago de Chile, La Pintana. Siendo la Educación uno de los más importantes motores de cambio para la vida de esa comunidad.

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