Chile y su Educación Superior

"Es necesario que desde ya hablemos del fondo y no seguir llenando páginas, creando debates artificiales sobre de la duración de los programas y planes de pregrado como si fuera el gran tema que afecta a nuestra Educación Superior"

Chile y su Educación Superior

Hace uno días una ex funcionaria del MINEDUC durante distintos gobiernos de la Concertación señaló que “no da, ni el tamaño del país ni los recursos necesarios, para tener universidades de clase mundial. Y en esta pretensión de las universidades, que tiene que ver con la cultura dominante de que sólo una universidad de investigación puede educar convenientemente a los estudiantes, tenemos una distorsión en la cual no tenemos nada bueno y tenemos bastantes cosas mediocre”. No se descubre nada señalando la mediocridad de nuestro sistema de educación superior. Si observamos algunos de los rankings internacionales no aparecen universidades nacionales bien posicionadas, en tanto, las instituciones que sí aparecen en alguna de estas clasificaciones son siempre las mismas.

Así, en el ranking de la ARWU (Academic Ranking World Universities) para el año 2011 solo encontramos dos universidades nacionales dentro de los “primeros” 500 lugares. Así la Pontificia Universidad Católica y la Universidad de Chile son ubicadas dentro del rango 401-500 del ranking mundial. Por su parte, en el ranking de la Times para el año 2011-2012 solo aparece la Pontificia Universidad Católica en el rango 351-400 no encontrando más universidades chilenas dentro de las 500 mejores del mundo.

Como es de esperar, en los primeros lugares de cada ranking encontramos universidades norteamericanas, británicas, canadienses, japonesas, australianas, holandesas, alemanas francesas, etc.  Países desarrollados, algunos con una larga tradición en educación superior y otros que han realizado fuertes inversiones para conformar una arquitectura universitaria de excelencia.

En otro de estos rankings (llamado QS) encontramos a la Pontificia Universidad Católica 250, Universidad de Chile en el lugar 262 y la Universidad de Santiago en el rango 451-500. De gran interés periodístico resultó la clasificación regional realizada por este ranking el 2011, apareciendo 7 universidades chilenas dentro de las 50 mejores de Latinoamérica. Así, la PUC, U.de Chile, U. De Concepción, la Usach, U. Austral, Católica de Valparaíso, Federico Santa María, conformaron la representación chilena dentro del top 50. Para el diario La Tercera del 5 de octubre del 2011 lo más relevante era la aparición de la Universidad Adolfo Ibáñez (lugar 68), detrás de la U. de Talca  y la U. De la Frontera y solo superando a la UNAB (74), U. De Los Andes (84) y Diego Portales (100). Cerrando el top 100.

 Es sabido que todos estos rankings favorecen y dejan muy bien parados a los grandes conglomerados económicos vinculados a la educación, en desmedro de países que optan por formar redes y fortalecer centros de investigación de menor tamaño, pero de gran calidad. Lamentablemente, nuestro sistema de educación no cae dentro de esas excepciones y más allá de la propaganda, lo concreto es que nuestras universidades no gozan de prestigio por la calidad de sus docentes o por la profundidad de las investigaciones, siendo reconocido las dificultades que enfrenta el trabajo de investigación en un país que no se compromete con los frutos asociados a esa labor.

Un país como el nuestro debería tener este y otros temas en el centro de su debate educacional, aspirando a cambiar la actual realidad y apostando por un sistema universitario que responda a los desafíos que el país y la educación demandan. Este es un tema delicado y, paradojalmente, mientras la directora de comunicación de la institución que realizó el ranking QS señaló que Chile “debe mejorar el indicador que mide al profesorado e investigaciones para competir con sus pares más prestigiosos del mundo“, nuestros “expertos” nos señalan que por recursos y tamaño no debiésemos apostar por grandes universidades ni tampoco concentrarnos en la formación de centros de investigación.

Es de esperar que los temas de profundidad sean tocados y tratados con seriedad, que los liderazgos y responsabilidades sean asumidos de una vez y que no dejemos al mercado solucionar algo que por 30 años no ha podido enfrentar. No se puede seguir eludiendo la realidad, ni seguir apostando por soluciones provisorias diseñadas para enfrentar coyunturas políticas. Sabemos que Chile es un país que necesita investigación para avanzar por la senda del desarrollo. También sabemos cual es el actor que debe tomar un rol más activo en el diseño de una estrategia nacional de educación superior -el Estado-   y que apoye a aquellas universidades y centros de investigación que se dediquen a ello. También sabemos lo que NO necesitamos, por ejemplo, “expertos” que se centren en debates de menor urgencia y relevancia, que sigan ofreciendo aspirinas a un paciente que se encuentra en la UCI. Es necesario que desde ya  hablemos del fondo y no seguir llenando páginas, creando debates artificiales sobre de la duración de los programas y planes de pregrado como si fuera el gran tema que afecta a nuestra Educación Superior.

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