Como para seguir conversando… ¿o no?

Siempre me he preguntado:

¿Cuándo seremos valientes y soltaremos a nuestra fiera amancebada, que dormida y enjaulada se acobarda llena de rabia, por no seguir su intuición, por no ser quién es? ¿Qué esperamos para ir descarados y fuertes, tras nuestra humanidad?

Hoy me toca escribir. Escribir: ponerle letra, tono y voz a lo que me inspira, a lo que veo y me importa; ponerle letra escrita y acentuada a lo que pienso y creo, con el fin inocente de que otros puedan ver este tejido de letras, leerlas, criticarlas, compartirlas y llevarlas a una, a dos o más conversas, dándoles a estas mayor vida, generando expansión, movimiento, controversias, apoyos… o quizás qué más.

Y serán mis letras, estas letras que ya lees, las que te tocarán más allá de mí y de ti, más allá de nosotros que hoy, en la magia del coincidir, lo haremos a través de este medio, sin mayor afán que el convocarnos. Y yo no sé si te convocaré yo con lo que escribiré o si me convocaste tú a escribir lo que tú leerás. Lo cierto es que estas letras ya están naciendo y con ellas, un nuevo mundo comienza a brillar.

Me  llamo Alejandra. Ayer estuve de cumpleaños. ¿Cuántos? 35. Y estoy muy contenta. Me han saludado tanto, que mi alma solo puede sonreír: ayer vi mi vida y el camino hecho hasta aquí. ¡Qué maravilla! Sí. Sonreí satisfecha y llena de ganas de dar mucho más. ¡Tantos regalos! Tanta belleza junta y alineada. Tanta simpleza y alegría; tanta bondad reunida en mi living, en mi facebook y sonando en mi teléfono… ¿Cómo no voy a querer un mundo mejor, si mi amado, mi familia y mis amigos habitan en él? ¿Cómo no voy a querer un mundo sano, libre, generoso y honesto, si cada uno de nosotros tiene un mundo de amor que nos acompaña, mundo al que también acompañamos entre risas, enojos, compartires varios, penas y quebrantos?

He estudiado mucho y el primero de mis ejercicios profesionales es de Profesora de Lenguaje. Claro que cuando me titulé, aún era la Profe de Castellano. Hoy, a veces ejerzo como tal en colegios, liceos o escuelas. Sí, a veces.

El 2008 decidí no pertenecer más a un establecimiento educacional y aunque fue un parto el descubrir que mi profesión, ésa por la que estudié 5 años y por la que trabajé 10 más en distintas salas, me exiliaba con su trato, apareciendo en mí palabras como indignación, indignidad, lucha, hastío, mezcladas con las infinitas gracias a mis alumnos, a los apoderados, a mis colegas, que por momentos fueron mis amigos y mi mundo. (¡Qué nostalgia sentí al escribir esto!)

Buenos años vividos fueron todos. Hasta que mi cuerpo, (sabio despertador del “basta”, cuando la mente porfiada nos dice que sigamos no más, porque no podemos parar), me gritó tan fuerte que tuve que doblar mis arrogantes rodillas y detenerme, poner en la balanza y elegir. ¡Uf! Poner en la balanza y elegir: qué difícil, ¿no?

Y elegí el exilio, aunque ha sido más bien un exoneramiento.

Siempre he sido abundante y privilegiada en hartas cosas, y pobre y miserable, en otras (sí pues, si soy humana). Una vez más la vida me daba una oportunidad de crecer, casi obligándome, eso sí. El alma la tenía apretada y el traje, aunque me gustaba, me quedaba chico. Ahí apareció con fuerza el querer vivir desde el Coaching, herramienta con la que había ‘pololeado’ ya varios años, estudiándola, practicándola y ejerciéndola también, incorporándola desde que la conocí dentro de mi ejercicio como profesora (sí, también soy Coach Ontológico y Coach Corporal. Otro día les hablo, si quieren, sobre qué es eso).

Creí que era prudente promover esta herramienta ejerciéndola derechamente, ya que esta nueva profesión se hermana con todas las demás, humanizándolas y devolviéndoles la dignidad. Dignidad: palabra que resonaba muchísimo dentro de mí en esos días y que aún me tira las orejas cada vez que enciendo la TV, cada vez escucho la/mi respuesta a ‘cómo va la vida’ o visito a algún espacio laboral.

Una verdad incómoda...

Creí que mi aporte, tras los reclamos que había vivido y escuchado de mis compañeros, los que también eran parte de mí y de la historia, tales como son la valoración de nuestro hacer en todos los sentidos y áreas de las que se hace cargo, en lo superfluo y en lo profundo; el cero reconocimiento social y pecuniario; el abuso de las responsabilidades que muchas veces quedan en tierra de nadie, las que recogemos urgentes y apurados, sin más herramientas que el amor o el sentido común, antes que preparaciones, estudios o avales que nos autoricen, no desde el permiso, sino desde el que nos otorguen la autoridad para hacer lo justo y necesario frente a tanta miseria, vida y experiencias que nuestros alumnos traen día a día a su sala de clases, espacio en donde, además, debemos procurar el aprender… (En fin. No tengo que explicarles más sobre esto, ¿verdad?…), sería el despertar las ganas de forma inmediata para salir de este espacio pesado y sombrío, mostrarles que era más fácil de lo que se pensaba el encontrar y llevar a cabo las soluciones a todas nuestras penurias, solución que pasaba por revisarnos a nosotros mismos, escucharnos, liderarnos y movernos hacia un aprendizaje transformacional que nos apoyara en todas nuestras gestiones y entregas, dignificándonos así de una y para siempre!… Creí que debía dirigirme hacia lo alto y lograr así que el cambio ocurriera desde arriba para que se creara el efecto cascada y desde allí nos llegara a todos, mejorando el aire, quitando la pena del no hay, supliendo toda y cuanta carencia existiera, humanamente hablando… Eran tantas las ganas, que el entusiasmo que me caracteriza me llevó a ser valiente y pionera una vez más. ¡Estaba segura de que me escucharían! ¡Estaba segura de que verían que en mi propuesta había esperanza, cambio, profesionalismo y salud para  todos!

Lo que no veía era que en nuestro sistema educativo, las murallas de la tristeza, de la resignación y el traje del superhéroe, martirizado por el dolor de su sino, habían encontrado el beneficio de su sacrificio: sí, porque si matas al hambre, la falta y a la injusticia, ¿de qué servirían las capas? ¿Cuándo reclamaríamos? ¿Cuándo haríamos ‘Paros’? ¿Cuándo aparecería ‘uno’ para hacernos mil promesas, llenándose los bolsillos con dinero y con nuestra confianza esperanzada?

Y, peor aún: ¿qué se haría o qué haríamos después de que esté todo resuelto?

… Como para seguir conversando, ¿no?

Alejandra Plaza Arancibia
Profesora y Coach Ontológico

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Acerca de Alejandra Plaza

Profesora de Lenguaje y Comunicación, Coach Ontológico, Coach Corporal y bailarina desde muy pequeña. Creadora del Programa Sinfonía Corporal, programa que busca a través de la corporalidad, reconocer y empoderar nuestra actitud y capacidad de acción hacia el logro de nuestros objetivos. Me alínea despertar el entusiasmo y la acción, llevando a nuestros cuerpos al movimiento, a su propio ritmo, tomando conciencia de cuál es nuestra actitud frente a la vida y generar desde ahí contextos que nos promuevan hacia el Aprendizaje Transformacional.

2 pensamientos en “Como para seguir conversando… ¿o no?

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    Te leo y todo mi cuerpo vibra de emociones ,tu caminar mas bien tu danzar te ha llevado por todos los espacios ,los de luz y los de oscuridad y te hacen volor por lo alto hoy .
    Te abrazo y me honra coincidir en este, tu vuelo.

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