Mucho más que rondas y canciones

 “Enseñar a niños a contar es bueno, pero enseñarles lo que realmente cuenta es mejor.”

– Bob Talbert –

A raíz de la publicación del 22 de mayo llamada “La conversación de metro” es que decido basar mi entrega de este mes en lo más profundo de mi propia experiencia.

Vengo de una familia en donde el 80% de sus integrantes decidieron Educar, y es así como crecí al interior de una clan en donde reuniones, almuerzos y conversaciones familiares se basaban y se basan hasta la actualidad casi en su totalidad, en el gran  tema que es  la Educación, ya sea inicial, básica , media o universitaria.

Mi vida desde pequeña supo de reformas, curriculum, evaluaciones y otros tópicos con los cuales fui familiarizándome desde que tengo memoria… fue mi mundo siempre.

Por lo tanto cuando inicio mis estudios Universitarios en Educación Parvularia, y teniendo como madre a una exitosa educadora, es un mundo en el que me manejo y en el que suelo verme a mi misma llevando la delantera con respecto a  la experiencia directa sobre educar a niños y niñas en sus primeros pasos en la educación formal.

Acepté el inmenso desafío, la gran responsabilidad de ser una persona significativa en la vida de tantos niños y niñas, y de sus familias. Luego de algunos trabajos, llego por opción a iniciar el nivel de pre-básica al colegio donde aún me desempeño, terreno prácticamente desconocido hasta ese momento en ese establecimiento.

A pesar de que mi formación universitaria fue significativa, nunca, y creo no equivocarme, es suficiente a la  hora de enfrentarse ante un grupo de niños y niñas que claramente se encuentran en un momento clave en su desarrollo, donde uno como facilitador, mediador entre ese espíritu y el infinito mundo del conocimiento, cumple un rol preponderante, sobre todo cuando te enfrentas a una comunidad con bajo capital cultural (Bourdieu), en donde conviven diversas problemáticas de orden social, en donde el contexto muchas veces obstaculiza todo aquello que quieres sembrar y cosechar, en fin donde muchas veces al abrirse las puertas de tu aula, te angustias pensando que la realidad que espera a ese Ser es completamente opuesta a la que intentas mostrarle al interior de ella…

Aun así, la motivación persiste y se redoblan los esfuerzos cuando una comprende, que al cambiar la vida de esos niños y niñas, creyendo en ellos, desafiándolos intelectualmente, invitándolos a desarrollar virtudes para la vida y tantos otros mundos que abres ante sus vibrantes ojos, sabes que todo lo que surge al interior de tu aula llega a esas familias y finalmente a la comunidad en la que están insertas, logras tomar conciencia que no es un niño o 36 de ellos, es todo un contexto que de alguna manera se modifica positivamente, debido a tu intervención y a la valiente elección de educar.

Es allí, es ese punto, donde la intención es más clara y directa y cada paso que das junto a ellos es una pequeña victoria, y te sobrecoges cuando se alegran frente a sus propios avances, cuando sus ojos brillan al entender, comprender, aprender algo nuevo o cuando son capaces de reconocer sus errores frente a unos de sus pares, debido a un conflicto surgido en la convivencia , así como también, cuando simple y maravillosamente te abrazan y te dicen cuanto te quieren, porque de alguna manera reconocen todo lo que significa nuestra labor.

Está claro, que nuestro rol es importantísimo, en tanto abrimos un mundo entero y encendemos las chispas en esos espíritus ávidos de conocer y re-conocer, donde sentamos las bases para aprender y aprehender. La Educación Parvularia, es más que canciones, cuentos, poesías, experimentos, letras y números… es el punto de partida dulce, cálido y significativo en el camino de la educación formal de niños y niñas, que empiezan a construir sus vidas y ampliar sus horizontes.

Ps. Marcela Rojas Mardones

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Acerca de Ps. Marcela Rojas M.

Soy Educadora de Párvulos desde el año 2000,y a partir de este año 2011 también soy Psicóloga Clínica.Mi experiencia en Educación se centra principamente en el trabajo con niños y niñas de sectores deprivados socioculturalmente de una de las comunas más pobres de Santiago de Chile, La Pintana. Siendo la Educación uno de los más importantes motores de cambio para la vida de esa comunidad.

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