Liceos de excrecencia

Hace ya un tiempo en Talagante, al alcalde de dicha localidad se le ocurrió la brillante idea de dividir un establecimiento educacional con una malla verde (sí, una malla a través de la cual los alumnos se podían ver entre sí) para así poder separar a los alumnos de ‘mejor rendimiento’ de los de ‘peor rendimiento’. Con qué fin, con el de crear un establecimiento educacional de alto rendimiento, o ‘liceo de excelencia’ y evitarse el trámite de construir otro establecimiento educacional. ¿Práctico no?

Evitando tocar el tema de la falta de tino del alcalde en cuestión, o hablar de la triste realidad que refleja en esta situación la comuna de Talagante, me pregunto, ¿qué tan efectivos son los liceos de excelencia a la hora de mejorar la calidad de nuestra educación?; ¿son realmente un avance a la hora de enseñar?, ¿son equivalentes a los liceos tradicionales, téngase en mente Liceo 1, Instituto Nacional, Carmela Carvajal, etc.?

“¿Qué tan efectivos son los liceos de excelencia a la hora de mejorar la calidad de nuestra educación?; ¿son realmente un avance a la hora de enseñar?”

 Primero, reunir estudiantes de buen rendimiento en un solo lugar, mantiene, lógicamente, una estadística elevada, sino al menos aceptable o por sobre la media. También, es un ambiente propicio para la enseñanza, dado que generalmente los alumnos de buen rendimiento son alumnos mejor dispuestos al trabajo en el aula (aunque nada de esto está definitivamente comprobado ni es verdad absoluta). Sin embargo, a la educación chilena (y con ello le envío saludos al Sr. Ministro de educación) se le olvida que al dejar de lado a los estudiantes de malos resultados simplemente les está condenando a una vida de fracasos escolares. Me explico: si se apoyan los ‘liceos de excelencia’ con mejores planes de estudio y mas recursos, es muy probable que la educación que los niños reciban en ese tipo de establecimiento sea de una u otra forma mejor que la que reciban aquellos que no pudieron ingresar al establecimiento famoso; por ende, los ‘que quedaron fuera’ del ‘liceo de excelencia’ seguirán estudiando en liceos no excelentes y por lo tanto no recibirán mejor educación de la que ya recibían antes de intentar el cambio. Luego de ello ciertas cosas comenzarán a suceder también; por ejemplo, que una vez elevados los niveles de fama o prestigio de los ‘liceos de excelencia’ ya no sólo ingresarán alumnos del sector público al establecimiento, sino también comenzarán a arribar los alumnos de colegios subvencionados y privados en busca de una mejor educación (cosa lógica que cualquier padre haría). De este modo, así como ocurre en ‘liceos tradicionales’ como el Instituto Nacional o el Liceo 1, estos establecimientos excelentes se llenaran también con alumnos ajenos al sistema público y el sistema público aun continuará teniendo alumnos ‘de mal rendimiento’ puesto que la vara de medición es la entrada al ‘liceo de excelencia’ (doy por sentado aquí también que la educación privada y similares mantienen mejores estándares o resultados de educación, por motivos que no discutiré aquí pero que estoy seguro, todos conocen, sobre todo el señor Ministro).

“Si se apoyan los ‘liceos de excelencia’ con mejores planes de estudio y mas recursos, es muy probable que la educación que los niños reciban en ese tipo de establecimiento sea de una u otra forma mejor que la que reciban aquellos que no pudieron ingresar al establecimiento famoso”

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con los liceos ‘tradicionales’, estos nuevos liceos excelentes no poseen aún la fama o el prestigio que los otros; pero mas importante aún, no poseen necesariamente los planes de trabajo adecuados o los profesores indicados, porque, siendo honestos; ¿no debieran estar los ‘mejores’ profesores con los ‘peores’ alumnos para así lograr una educación igualitaria? ¿no sería mas efectivo que en lugar de generar un ‘liceo de excelencia’ generáramos ‘liceos integradores’ donde juntáramos a jóvenes ‘aventajados’ con jóvenes ‘no aventajados’ para así logar que ambos aprendan en conjunto y que uno ayude al otro?

 Si bien, estos planteamientos son tan obvios como discutibles, lo que se hace mas evidente en la política de ‘excelencia’ impulsada por el señor Joaquín Lavín, es el intento de un estado de generar sujetos acostumbrados al esfuerzo, al condicionamiento y a la recompensa. Si estudio hoy, mañana ingreso a un mejor colegio; luego si estudio allí, ingreso a una buena universidad; luego desde una buena universidad consigo un buen trabajo; luego mi casa propia, mi mujer, mis hijos, un perro, auto y familia perfecta. También es el intento del estado de generar niveles de conocimiento evaluables a la hora de las distinciones sociales; teniendo así dos tipos de personas, los que egresaron de un liceo cualquiera y los que egresaron de un ‘liceo de excelencia’ (en el caso del sistema público, claro). Luego, el trabajo lo conseguirá el de ‘liceo de excelencia’; el que no consiga el trabajo, no tendrá dinero luego para llevar a sus hijos a un mejor colegio y si ese hijo no logra ingresar al ‘liceo de excelencia’ porque ¡oh, sorpresa! en una familia de menores ingresos y trabajos peor remunerados es muy probable que, debido a las situaciones que deben enfrentar los padres a diario (transporte, horas extra, poco y mal descanso, endeudamiento, etc.) en ese hogar no existan los estímulos y la dedicación necesaria para que ese niño ingrese al ‘liceo de excelencia’ y la historia que viene ya la saben…

Imagen extraida de http://ciperchile.cl/2010/05/13/fernando-atria-%E2%80%9Clos-50-liceos-de-excelencia-son-una-medida-publicitaria-a-costa-de-la-mayoria-de-los-jovenes%E2%80%9D/

“Lo que se hace mas evidente en la política de ‘excelencia’ impulsada por el señor Joaquín Lavín, es el intento de un estado de generar sujetos acostumbrados al esfuerzo, al condicionamiento y a la recompensa”

Sujetos de menos nivel educacional, son sujetos con menores oportunidades económicas, que a su vez son sujetos con mayor probabilidad de caer en endeudamiento lo que conlleva una mayor presión en el trabajo y menos dedicación a la vida familiar que se traduce a la larga en mas enfermedades, e infelicidad y la infelicidad lleva al sujeto a seguir el impulso de satisfacer sus deseos a como de lugar; deseos que tanto el estado como el mercado saben cuales son, y que se manifiestan en la publicidad bombardeante que el sujeto que llega tarde y cansado a casa no puede evitar ver en la televisión que entiende como único refugio y lugar de descanso y distensión y que le va llevando, en cada tanda comercial, a ver mas fútbol de manera obsesiva, a consumir mas cerveza para acompañar sus situaciones familiares, a fumar más para mejorar su status social, a comprar más las prendas y tecnología que no le sirven pero se ven bien en vitrina y a alimentarse principalmente de alimentos ricos en sales y azucares y muy poco sanos a largo plazo. ¿Que acabo de mencionar a un trabajador común y corriente; de clase baja (o media baja según la encuesta de su agrado) y un sector social poniente y periférico? No, deben ser ideas suyas, yo solo pasaba por aquí a mencionar lo de Talagante…

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