Decidirnos YA!!!

Hoy al hablar de educación en nuestro país se presenta una  gigantomaquia. Los objetivos o metas a las que ésta debe orientarse están cada vez más diluidos por aspectos políticos y/o económicos. El sistema educativo exige a cada establecimiento -y con ello, a cada docente, estudiante y apoderado- lograr resultados y preparar a sus estudiantes para poder desenvolverse del mejor modo posible en la sociedad globalizada actual. De donde surge un debate que enfrenta dos cuestiones relevantes en educación, por un lado los contenidos, que permiten alcanzar resultados y por otra parte, las habilidades que contribuyen a la conformación del individuo como ser pensante dentro de la sociedad.

“No es posible seguir creyendo que podría existir un aprendizaje orientado solo a la incorporación de contenidos sin habilidades, o por el contrario una escuela que intente desarrollar únicamente habilidades en sus estudiantes, hoy es necesario entender que las habilidades y los contenidos se co-pertenecen y de algún modo se co-determinan”

Tal  dicotomía esbozada de manera inicial, nos señala una senda de indagación respecto al  posicionamiento curricular que deberían asumir las escuelas, es decir prefiriendo contenidos o centrándose en el desarrollo de habilidades en el estudiante; tal razón es una clara impronta que obliga a su constante revisión con el fin de presentar una respuesta lo más asertiva a lo que las nuevas generaciones necesitan para su desenvolvimiento en esta era.

 Sabemos que los requerimientos sociales de los últimos veinte años de nuestro país en términos educativos, han sido respondidos mediante diversas reformas, inversiones económicas, revisiones y análisis, tanto a las políticas públicas en materia educativa, así como también por medio de modificaciones y ajustes curriculares, que buscan mantener la vigencia y relevancia del currículum nacional, por ejemplo, si evocamos tiempos de antaño en relación a contenidos y formas de enseñanza, es posible darnos cuenta que el proceso de enseñanza aprendizaje se centraba  principalmente en los contenidos que eran transmitidos por parte del docente a los estudiantes. Con ello, la obtención de ciertos conocimientos dependía totalmente de la adaptación de los estudiantes a los mecanismos de enseñanza que poseía cada docente; por ejemplo, ser veloz en la escritura del dictado o resolver una cantidad infinita de ejercicios de matemática, reconocer la ubicación de cada país en un mapa. Hoy en cambio, se pretende que los conocimientos sean adquiridos de acuerdo a las diferentes formas de aprendizaje que los alumnos poseen, empleando estrategias que involucren los diversos modos de relacionarse con el conocimiento, de  acuerdo a las habilidades de entrada que poseen los estudiantes, las que al ir desarrollándose se van transformando en destrezas.  Sin embargo, toda vez que preguntamos a un estudiante cuál es la forma en la que él aprende, nos encontramos ante una cara perpleja y una respuesta imprecisa.

De hecho, el propio Ministerio de Educación Chileno señala que “el currículum debe ser capaz de responder oportunamente a la rápida generación de cambios en el conocimiento, a las transformaciones constantes del mundo productivo y a las nuevas demandas formativas que van surgiendo”[1], instalando la idea de que “el currículum sigue estando orientado hacia el desarrollo de conocimientos, habilidades y actitudes que son relevantes para el desenvolvimiento personal, social y laboral de los sujetos en la sociedad actual”.

Todo lo cual nos presenta dos cuestiones relevantes de abordar en las siguientes líneas. Por un lado se señala que el currículum nacional debe ser capaz de responder a la “rápida generación de cambios en el conocimiento, a las transformaciones constantes del mundo productivo y a las nuevas demandas formativas que van surgiendo”, pero no alcanzamos los estándares mínimos de resultados en las pruebas nacionales, tales como SIMCE o PSU. Lo que revela una carencia curricular respecto de lo que los estudiantes en las aulas de las escuelas chilenas están aprendiendo, lo que puede obedecer a múltiples factores, por ejemplo de gestión institucional, de formación inicial docente, como se ha visto últimamente; de sobrecarga de contenidos mínimos, de metodologías de enseñanza deficientes, de contextos vulnerables para realizar la labor docente o de tantos otros  factores que no analizaremos en las presentes páginas, ya que nos centraremos en un elemento clave que consideramos necesario de abordar, a saber, la relación entre contenidos y habilidades. Cuestión que es además clave en la direccionalidad que se da al currículum nacional, puesto que por medio de este se pretenden desarrollar los conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para construir personas que puedan desenvolverse en la sociedad actual.

Claxton, nos invita a volver a lo elemental, a enseñar a aprender, recordándonos lo importante de comprender que el aprendizaje por imitación es uno de los más característicos de los humanos y que nos señala la necesidad de que los contenidos no sean lo que prevalece en la educación formal, puesto que las habilidades que se pueden comunicar y desarrollar son también claves de los procesos de educación formales e informales.

Hoy además de obtener buenas notas es posible aprender  a pensar, acrecentando el interés original por el conocimiento. Señala Claxton, en el texto Aprendiendo a aprender “más esencial aún que la preocupación por las capacidades alfanuméricas es la necesidad de proteger y desarrollar la capacidad de los jóvenes para aprender. Esta necesidad es tan personal o social como económica, o probablemente más aún”[2]. No es posible seguir creyendo que podría existir un aprendizaje orientado solo a la incorporación de contenidos sin habilidades, o por el contrario una escuela que intente desarrollar únicamente habilidades en sus estudiantes, hoy es necesario entender que las habilidades y los contenidos se co-pertenecen  y de algún modo se co-determinan, “es imposible aprender un contenido sin que intervenga un proceso intelectual. Del mismo modo que tampoco es posible pensar en el vacío.”[3]

Tal vez el problema sea que las habilidades no se puedan medir y/o calificar como si se hace con los contenidos, de hecho las escuelas son medidas y rankeadas (o recibieron luz verde, amarilla o roja) en función de los contenidos que sus alumnos dominan y no en relación a las habilidades que estos han  ido desarrollado, a pesar de que “enseñar a pensar significa capacitar al sujeto para que pueda profundizar su conocimiento y extenderlo realizando conexiones interdisciplinarias que le dan cada vez más amplios y más ricos significados a lo que aprende”.[4]  Además para que ello sea posible debemos conocer los métodos y estrategias de enseñanza apropiados para desarrollar las habilidades que favorezcan la mejor comprensión de los contenidos de nuestros estudiantes, comprendiendo también que “no se puede enseñar profundamente lo que no se sabe profundamente, es que el dominio de los contenidos del que enseña no es un problema menor a la hora de mejorar la calidad del aprendizaje de los alumnos”[5]

Por lo tanto, la codependencia entre habilidades y conocimientos no está mediada sólo por quien aprende, sino que también por quien enseña y por el contexto en el cual se inscribe aquél que está aprendiendo, esta mediación entre el sujeto y lo que existe fuera de él, está caracterizada también como la forma en que aprendemos, tal vez inconscientemente, a ser parte del mundo, de una cultura instalada desde afuera, pero aprehendida con el desarrollo de múltiples capacidades internas. Así la estrecha relación entre habilidades y conocimientos no está relegada sólo a los ámbitos escolares, sino que también a los espacios de educación no formales, tales como las familias o los grupos de amigos, a pesar de ello, es el profesor quien debe entender que además de ser un mediador entre el sujeto que aprende y los contenidos, también es un facilitador de esos conocimientos y un referente que modela las formas de aprender.

El curriculum relaciona el contenido con la sociedad, los contenidos que se enseñan en él a los estudiantes de nuestro país, plasmarán en ellos una visión de mundo, una forma de enfrentarse a la realidad y de conformar  la sociedad, las habilidades cognitivas que desarrollan  en los espacios formales de escolarización les permiten más tarde desenvolverse en el mundo para poder enfrentar el conocimiento creciente que a diario nos envuelve, no obstante existen otras habilidades que también necesitamos desarrollar y conformar como destrezas para poder transformar esa sociedad que formamos, las habilidades sociales.

Por lo tanto, la tarea o  misión para profesores, curriculistas, directivos de escuelas y para quienes analizan y  ajustan el currículum, es más amplia que definir contenidos, saberes y estrategias de enseñanza, sino que  exige además que se incorporen habilidades de toda índole, comprendiendo que son estas las que permiten identificar los contextos, afectarlos y finalmente cambiarlos. “Como ya se ha destacado más arriba, un problema importante con que se enfrenta el enfoque de enseñanza de habilidades en la escuela, es la necesidad de vincular la formación de capacidades al contenido y al contexto cultural donde dichas habilidades y tareas adquieren significación”


[1] Claxton, Guy. Aprendiendo a aprender: Objetivo clave en el curriculum del siglo XXI. Cuadernos de Información y Comunicación. Volumen 10. Universidad Complutense de Madrid. Madrid. España. 2005. p 260

[2] Beas, Josefina; Manterola, Marta; SantaCruz Josefina. Habilidades cognitivas y objetivos transversales: un tema para pensar y actuar. Pensamiento Educativo. Volumen 22. Año 1998. p 181

[3] Documento Presentación general, ajuste curricular. Consulta Pública Oct y Nov 2007. Gobierno de Chile, Ministerio de Educación. Disponible en formato online en www.bibliotecas-cra.cl/uploadImg/File/…/ajustecurricular07(1).doc

[4] Ídem p 180

[5] Ídem p 183

Síntesis Editorial VIII [02/03 al 07/03]: “¿Resumir en la educación o resumir la educación?”

"Tal vez seamos iguales y nos han hecho creer que somos distintos, como nos hacen temer, como nos hacen odiar, así dejamos de soñar, de imaginar, de comunicarnos"

Sintetizar una multiplicidad de ideas en torno a un tema, podría parecer una tarea fácil, pero poco tiene de simple, puesto que el tema en cuestión se nos escapa, va y viene, se diluye a veces entre tantas afirmaciones coloquiales y carentes de reflexión. Ese tema frente al cual circundan estas líneas es la educación.

Hoy muchos comían chocolates en forma de huevos, cubiertos por papeles de colores y traídos por el espíritu de un conejo, encarnado en el papá, el tío o cualquier adulto que sigue una tradición alojada hace algunos años en nuestro territorio. No importa la conexión entre estos elementos y el hecho que se conmemore para los cristianos o para quienes reciban la primavera, se trata de hacer, porque ¡hay que hacerlo!

Ha de haber un momento en que estas acciones reiteradas, llamadas por algunos tradición, sean puestas delante de nuestros ojos y además de observadas, puedan ser criticadas y repensadas, esa es la invitación que aparece en el artículo “El espíritu de Paulo”, donde a través de una conversación bastante coloquial y típicamente cotidiana  entre profesores, se aborda el tema del rol docente, de la formación inicial, del compromiso pedagógico, de la yuxtaposición entre profesores de enseñanza básica y profesores de disciplinas que se imparten en enseñanza media. Quizá por esfuerzo de su autor el artículo únicamente enuncia estas temáticas y no aborda ninguna de ellas en profundidad. La invitación por lo tanto, es a reflexionar, a no hacer de la pedagogía una simple práctica, sino que una profesión que exige cuestionamientos, posiciones y revisiones constantes. ¿Qué sería del mundo de la educación sin reflexión? Algo muy similar a lo que es hoy en nuestro país. Algo así como un escenario donde todos cumplen un rol y muchas veces  se improvisan las actuaciones, sólo porque creemos que los demás deben aprender de nosotros, como lo expone el autor del artículo cuyo nombre alude a una vieja canción de Arjona, tal vez porque la canción al igual que el desencanto del rol del pedagogo en nuestro sistema, normalmente habla de días malos.

Y ¿Cómo podríamos hablar de días buenos, si sabemos que nuestras universidades tampoco lo son? Estamos lejos de clasificar en algún ranking de prestigio internacional respecto a la calidad de las investigaciones que en nuestro país se realizan, y por cierto estamos lejos también de mejorar este aspecto. Pues, como lo consigna el autor del artículo “Chile y su educación superior” las políticas públicas en términos de sistema educacional, están orientadas a resolver problemas superficiales y a corto plazo, suponiendo aspiraciones ambiciosas, que en la realidad no profundizan en el debate y la búsqueda de soluciones radicales, necesarias para mejorar, para ser un país menos desigual y clasista. Tal vez no sea el interés real. Tal vez en nuestras manos tengamos alguna posibilidad de aportar concretamente a nuestra tierra.

Tal vez seamos iguales y nos han hecho creer que somos distintos, como nos hacen temer, como nos hacen odiar, así dejamos de soñar, de imaginar, de comunicarnos. Leamos una vez más el artículo acerca “De lo que me enseñó la escuela”, pensemos luego y respondamos qué nos enseñó, confrontemos las experiencias e identifiquemos las conexiones entre una y otra realidad, ¿qué de común tiene el sistema en que nos educamos? cómo surgieron y por qué existen esos elementos. Pensemos, busquemos. Y luego actuemos, guiados por la razón y la reflexión, antes de tener la casa propia o el matrimonio heterosexual perfecto, antes de convertirnos en viejos prematuros, como versaba Benedetti en algún poema de alusión juvenil.

Sabemos y entendemos que la educación sirve, que el educarse en espacios formales es útil, pero ¿Para qué fines? ¿Para favorecer el progreso del capital humano y el desarrollo económico (de unos pocos)? Interrogantes que surgen a la luz de la lectura del artículo alusivo a la educación preescolar: relevancia y evidencia.

Reflexión. Esa es la palabra clave que sintetiza  los artículos de la semana, reflexión como base de la acción, acompañada de lectura, asumamos que no es excusa el que los impuestos sean altos, lea. Piense. Leamos. Pensemos. Y si tiene miedo, para eso se hicieron las palabras, para quitarlo…

Educación, libertad, adaptación y sociedad (Parte I)

Siempre ha sido difícil la presentación de una teoría académica que funja como fundamento para la educación y su práctica. Podemos remontarnos hasta los antiguos pensadores griegos para ver en ellos una posición filosófica-académica referida a la educación, como también es posible ver a psicólogos presentando sus teorías del conocimiento extrapoladas al ámbito educativo. Variado es el escenario y variados son los caminos. Sin embargo, hay algo que está a la base de todo proyecto teórico y de toda acción educativa: una práctica educativa sin teoría es ciega, y una teoría educativa sin práctica es idealista y poco constructiva.

En cierto momento se considera posible mirar a la Teoría de la educación como un cuerpo de principios obtenidos de teorías filosóficas, científicas, sociales o psicológicas; es decir, la generación de un tipo de teoría de la educación consistía en señalar las tesis metafísicas, epistemológicas, y éticas de pensadores y desde ahí extraer algunas consecuencias educativas o consecuencias que pudieran extrapolarse al ámbito educativo. Tal actuar se sitúa  lejos de poder lograr una unión entre la teoría académica en boga y la práctica educativa que pretendía fundamentar y guiar.

Por otra parte, hay propuestas que expresan que la manera posible de solucionar el problema existente entre la relación de la Teoría educativa con la práctica educativa es que tal teoría debe provenir de lo empírico, tornándose así en una teoría práctica. Así, tal teoría práctica apunta a un fin y estructura diferente a la científica.

Ahora bien, el punto que nos importa  es el siguiente: Educación: la tensión entre  libertad y  adaptación. Por ello, necesario es edificar e indagar de qué manera hay teorías que apuntan hacia la libertad y otras que miran a la adaptación como fundamento de la educación. Una educación basada en la libertad dista mucho de una educación que tenga en su formulación más interna la idea de adaptación del individuo, pero al mismo tiempo ambos factores se conjugan y se contraponen mutuamente en cada paso. Es en este juego donde hay que buscar nuestra propia visión como agentes educativos: ¿educamos libremente?, ¿Educamos para la libertad? o ¿Educamos sólo para un tipo de libertad?

Libertad v/s Adaptación: una tensión entre ambos conceptos llenos de valor

Recordemos que en educación la teoría denominada Conductismo fue incluida como un sistema de instrucción que, de una u otra manera, buscaba la inserción de los individuos en una sociedad industrial. Aquel fundamento presenta una gran solución para la misma práctica educativa apuntando a logros y avances que se pueden medir en el ámbito del conocimiento de un individuo. El aprender es entendido como el modo en que se modifica la conducta; un individuo aprende cuando logra un cambio en su anterior modo de accionar sobre materias del conocimiento. Pasar de un estado de vulnerable erudición a otro de mayor conocimiento a través de un aprendizaje, que es entendido como el cambio de la conducta gracias a la experiencia, es uno de los fines a que tiende la educación fundamentada en una teoría conductista. Tal aprendizaje está representado por una especie de linealidad, es decir, por un antes y un después en la calidad del conocimiento del sujeto; tal acción de cambio es lograda por un método que científicamente es común: el estímulo y la respuesta. El sujeto aprende cuando se logra establecer los estímulos convenientes para así logran una respuesta de cambio en la conducta.

Sin embargo, frente a tal actuar y meta que pretende lograr educación al querer obtener el condicionamiento del sujeto a partir de estímulos medibles y respuestas medibles, surgen las siguientes interrogantes: ¿dónde está la opción de un “querer hacer” propio y único del individuo? ¿Hay libertad en un modo de aprender de tal manera? ¿El fin de la educación debe ser adaptar al individuo a una era técnica y por lo tanto amaestrarlo para un puesto único en la sociedad? Tomando en cuenta lo anterior, se hace necesario reflexionar sobre la base de las ideas que ven en esta “adaptación” a la sociedad industrial, un modelo que más que hacer avanzar a la sociedad, la estanca.

Por otra parte, Freire nos sugiere que las opciones ámbito social son llevar a cabo una educación que transforme, que sea revolucionaria, o en su defecto llevar a cabo una adaptación al sistema. Para él no educar a los seres humanos de manera integral y sólo “adiestrarlos” ayuda a mantener un sistema vertical, jerárquico y autoritario. Por lo mismo, propone que la educación debe ser un proceso que se lleva a cabo a través del diálogo, entre profesores y alumnos, que se vuelven constructores de un aprendizaje. El énfasis está en educar para la igualdad, para liberar al individuo de la opresión de las clases dominantes.

En tales visiones, la adaptación tiene una función que para algunos, es extremadamente negativa, pues coarta la libertad de los sujetos participantes de un proceso educativo. Si la educación fuera considerada sólo como una herramienta para desenvolvernos en un medio laboral, tal vez, la adaptación no sería considerada como un factor tan perjudicial. Sin embargo, la educación es un proceso que afecta directamente a la sociedad. En la escuela no sólo se nos enseñan historia, lenguaje y matemáticas, sino que también una actitud frente al mundo, siendo éste  a su vez el gran problema: pues si es aquella forma individuos que sólo serán capaces de aceptar un sistema pre-establecido, jamás se logrará conformar una sociedad en que valores tan importantes como la libertad expresada en la responsabilidad consciente que tenemos en nuestros actos.

Educación y Masificación

"Así, cuando la educación trabaja como la representación de una sociedad dominadora, aquello que está formando es la masificación de los seres humanos. La adaptación de tales en un sistema que los corrompe día a día y que no los deja desarrollar una posición de análisis de aquello que los rodea, tampoco desarrollar sus características intelectuales ya que solamente se está apuntando hacia una acumulación de conocimientos por parte del sujeto"

Estamos dentro de un sistema, imposible es negarlo. Tal sistema posee un sin fin de mecanismos que lo componen: económicos, políticos, culturales e ideológicos. Todos intentan relacionarse de la mejor manera para así lograr un buen resultado en la producción de un sistema habitable por los sujetos insertos en él. Pero qué pasa cuando la sociedad no está impulsada en desarrollar un ambiente adecuado para el desarrollo de sus integrantes, ¿se está incumpliendo la razón por la que es formada una sociedad? En cierta medida sí. Así, la reacción que se obtiene desde tal fallo en el actuar de la sociedad es una posición de dominación apuntada hacia los individuos. La relación ya no es de pares, sino que de dominados y dominantes, siendo los dominantes aquello que llevan el mando de los mecanismos que componen el sistema, y los dominados aquellos que son presos de tal sistema.

Tal escenario más que penosos en desastroso, las libertades individuales de los sujetos claramente son presentadas como un número que es posible ocupar, las personas ya no son seres humanos sino que pasan a constituir una utilidad para con la sociedad. Son ahora recursos humanos. Pero ¿qué rol juega aquí la educación? La educación posee un rol ambivalente; uno apunta hacia la representación de la sociedad, es decir, la educación muestra a los educandos los preceptos a seguir dentro de la sociedad, adjudicándose una valor de imagen de la sociedad el cual apunta a lograr un nexo de los sujetos y las ideologías que conforman al sistema. Por otra parte, la educación es el modo en que tal relación de dominación del individuo se modificada y es expulsada de los fines que pretende lograr una sociedad para con sus integrantes. La formación de individuos críticos de su entorno ciertamente genera un cambio en la manera en que los sujetos se relacionan con su sociedad: claramente logran una un compromiso con ella y, más aún, son parte activa de ella.

Así, cuando la educación trabaja como la representación de una sociedad dominadora, aquello que está formando es la masificación de los seres humanos. La adaptación de tales en un sistema que los corrompe día a día y que no los deja desarrollar una posición de análisis de aquello que los rodea, tampoco desarrollar sus características intelectuales ya que solamente se está apuntando hacia una acumulación de conocimientos por parte del sujeto; tal educación no apunta a una formación critica de los educando, sino que a la adaptación y asimilación de conocimientos externos a ellos y que no poseen ninguna relación con ello de manera directa. Solamente son teorías y principios etéreos que no son direccionados hacia la propia vida de quien se está educando. En síntesis, no son utilizables por los individuos en ninguno de sus modos de desenvolvimiento en su vida. Una educación adaptada es símbolo de una sociedad no democrática y dominadora.

Por otra aparte, cuando una educación apunta hacia un cambio sustantivo en el hombre, hacia una conformación crítica y libre de él estamos ante la presencia de una integración de los conocimientos hacia la vida propia del educando. Tal acción modifica ciertamente el modo en que el sujeto está en relación con los contenidos que se le están mostrando, el sujeto es un ser que está en un contexto propio y por lo tanto posee una postura propia frente a ello. Así, basándose en una educación crítica es posible la formación de una sociedad democratizadora de conocimiento, de integración y compromiso con la sociedad. Pero ¿cuáles son los puntos en los que se fundamenta una educación liberadora y crítica?

  • Entender que el ser humano es un sujeto histórico, posee una historia propia.
  • El ser humano es un ser activo, es un ser que debe entenderse como inacabado, un sujeto que está en constante construcción.

Una educación que mira hacia la formación crítica del estudiante es una educación que está inmersa en una sociedad democrática.

(…) “la educación tendría que ser, ante todo, un intento constante de cambiar de actitud, de crear disposiciones democráticas(..)”1

  1. Freire, P. (1980). La educación como práctica de la libertad. México: Siglo XXI.