Somos Carne [Animalizando a la (aca)demia]

"Por favor, no cuestionar el asunto de que estos alimañosos están en una granja..."

Por Eduardo Burgos y Matías Hernández, con mucho aprecio, para ustedes….

Hérase una bez en una  granja[1],  dos compareh; un panda y un cisne saliendo resien del establo dónde los poyos asian sus tareas, luego de las aktibidades akademícas, al lado de toa la paja (fresca, pero muy fresca), intercamvian 1 par de reflexiones:

–  Oye cisne, viste la nueva polémica del maguinho?

– sipo panda, la del bautizo que le hizo al hijo del negro piñera, jajaja es un loquillo ese Valdivia…

-y cachaste a la Perla, la quieren meter presa, por andar robando….

– No te creo nada Panda, Perla es de una familia gitana decente, no la mezcles con cosas que puedan dañar dicho honor de esa familia, además la weona está terrible de rica la pagana esa, es inocente hermano.

– jajajaj iluso- asegura el Panda.

–  Oie hueon, ¿qué haremos para el termino de año con los pollos?- pregunta muy inquieto el Cisne.

–   jajajaja ya tengo todo listo, la cuota será de 10 lucas, y habrá terremoto, cervezas, unos choripanes, y unas vienesas, y listo, ¿algo mas?

Enmedio de este dialogo, aparec uno de los pollos y le pregunta al Panda

– Profe, me puede explicar la primera Ley de Newton….

– Mire hijo, la Ley de Inercia, consiste basicamente en que sobre un cuerpo la sumatoria de las fuerzas es igual a cero, por tanto tiende a seguir en su estado, ya sea en reposo o con velocidad constante, ese estado de denomina “Estado Inercial”. Recuerda mientras tenga su velocidad constante, en este caso la aceleración es cero, por lo tanto no hay fuerza, o cuando esta en reposo, donde su velocidad es cero, o sea no esta acelerando, por ende no hay fuerza.  Le queda claro, hijo?

– Si profe, muchas gracias.

– De nada cuando quiera 1313

– Este cabro llegaré lejos.-dice el cisne

– Si, sabe pa´ donde va la micro.


[1] Por favor, no cuestionar el asunto de que estos alimañosos están en una granja…

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¿Cárcel = Escuela?

“Desde el principio, la prisión debía ser un instrumento tan perfeccionado como la escuela, el cuartel o el hospital y actuar con precisión sobre los individuos. El fracaso ha sido inmediato, y registrado casi al mismo tiempo que el proyecto mismo “                                

 Michael Foucault

“A los cabros chicos, hay que enseñarles a usar el fuego, para que sean la revolución”

Mediante  la cita anterior quisiera empezar a abordar mi artículo en las siguientes dos premisas:

En primer lugar la siguiente interrogante: ¿Qué nos entrega la escuela?, ¿simplemente “alumnos pasivos” o “estudiantes críticos”? De una u otra forma – y a gusto personal – creo que la mejor respuesta es la de los “alumnos[1] pasivos” que son enviados a una sociedad que actualmente es muy cruel, tanto en lo social como en lo laboral y económico, por no mencionar otros aspectos. Los “estudiantes críticos” que se podría decir que son los que brotan de establecimientos en donde sus PEI destacan por la presencia de la palabra “crítico” los cuales son en mayor parte liceos emblemáticos y uno que otro, no tanto pero, ¿a qué nos referimos cuando decimos un estudiante crítico? No quiero caer en estas diferencias entre cada tipo de estudiante, sino que en lo que estamos haciendo para hacer estas diferencias lo más mínimas posibles. Hace un tiempo escuché a un compañero de año en la universidad decir: “a los cabros chicos, hay que enseñarles a usar el fuego, para que sean la revolución”. Un pensamiento bastante ideologizado, pero si queremos que nuestros educandos sean mentes libres, independientes y por sobre todo en constante aprendizaje. ¿Qué es lo que estamos haciendo para lograr esto?

Habitualmente recorro Gran Avenida, Américo Vespucio, Vicuña Mackenna y Santa Rosa, y es extraño como hace un año todos los colegios que están en estas transcurridas avenidas solo contaban con su respectiva reja. Desde hace seis meses que es era un lugar común ver que tenían sillas (ya que estaban en toma aportando y apoyando al movimiento estudiantil). El punto de discusión no es éste, sino que parte desde lo anterior y radica en que hoy en día estos mismos colegios que tenían una gran cantidad de lienzos en sus rejas, todos coloridos, sillas y mesas, cuentan con rejas MUCHO más altas de lo que estaban, alambres de púas y sin querer exagerar hasta algunos cuentan con cercado eléctrico.  Nuestro amigo Francés (Foucault) nos dice que en su país desde 1820 se constata que la prisión, lejos de transformar a los criminales en gente honrada, no sirve más que para fabricar nuevos criminales o para hundirlos todavía más en la criminalidad.

Sin querer queriendo, como diría el chavo del 8, Foucault tenía más razón de la que pensaba, y hoy en día en nuestra sociedad, nuestra educación se está llevando a cabo dentro  no de cuatro paredes sino de cuatro rejas, cercadas hasta decir basta.

Para concluir, quisiera retomar a Foucault que dice “La prisión fabrica delincuentes, pero los delincuentes a fin de cuentas son útiles en el dominio económico y en el dominio político. Los delincuentes sirven” y a fin de qué esta cita podrán preguntarse, se los digo, si estamos encarcelando el contexto educativo, cuál será la utilidad que le daremos a esos alumnos que egresen de ese sistema y el “tipo” de estudiante que egresa de su liceo-prisión,  ¿Realmente es lo que queremos para nuestro país?, ¿Qué estamos haciendo para cambiar estas rejas?, ¿Cómo podemos enfrentar este desafío en nuestras aulas?

En este espacio siento y tengo la esperanza de que hallaré más de alguna respuesta a estas pocas de muchas interrogantes que tengo.

Solo espero y anhelo con muchas ganas que al final de este camino que comenzamos, tengamos la certeza y la convicción de que las respuestas a estas preguntas las forjemos en conjunto y con respeto ya que necesitamos algo mejor para nuestra sociedad.

Matías Hernández

Estudiante de Pedagogía en Física.

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[1] Desde el punto de vista de la etimología, “alumno” deriva de a = sin; y lumen = luz. En otras palabras un alumno es el “sin luz”.

Foucault, Michael (1975). Vigilar y Castigar. Buenos Aires: Siglo Veintiuno.