Perspectivas para la clase de historia

A diario tanto estudiantes de pedagogía, como docentes que se encuentran en ejercicio, nos enfrentamos a la realidad de compartir con alumnos, y pasar contenidos que muchas veces para ellos son “aburridos” o “fomes”; y es parte de nuestra labor hacer atractiva y entretenida cada clase a la que nos vemos enfrentados.

Existen autores que se han dedicado a profundizar en temas de didáctica y a plantearse tanto problemas como soluciones para mejorar este ámbito de la educación y de las clases que se imparten. Este es el caso de Mario Carretero, conocido como un especialista en el desarrollo cognitivo en educación.

En uno de sus textos, Perspectivas Disciplinares, cognitivas y didácticas en la enseñanza de las Ciencias Sociales y de la Historia, Carretero nos muestra las perspectivas generales que tienen los alumnos con respecto a las clases de Historia de la escuela y como nosotros podemos transformar su estudio en una experiencia atractiva e innovadora.

Una de las situaciones que influye demasiado en el desarrollo de la clase, es en el contexto que la desarrollamos, y no tan solo se apunta en esto al entorno en que se encuentre la escuela sino que también las perspectivas que tiene el alumno con respecto a las clases que asiste y a cuan cercanas las siente. Es por ello, que se propone la historia se debe hacer más cercana a los estudiantes, comenzar primero con contenidos sociales para que, de esa forma los contenidos históricos sean más asequibles.  Otro de los temas que señala este autor es que esta ciencia por ser del tipo social no cuenta con recursos desde cierta perspectiva publicitarios, que sean capaces de hacerla atractiva a los estudiantes.

Uno de los puntos que trata el autor es la comparación entre las ciencias denominadas experimentales, y las ciencias sociales e historia; deteniéndose en mostrar las diferencias que existen entre ambas y de manera indirecta evidenciando porque muchas veces para los estudiantes se les torna mayormente atractivo estudiar las ciencias que conocemos como naturales, que la historia que es un fenómeno social.

En las ciencias experimentales el autor destaca sus siguientes cualidades:

  • Realización de Experimentos.
  • Control de variables como estrategia cognitiva.
  • Manipulación de Variables.
  • Escasa influencia ideológica.
  • Escaso relativismo.
  • Acuerdo acerca de los enfoques dominantes.
  • Efecto inmediato del resultado de la solución. Tecnología.

Lo que nos muestra que para los alumnos la ciencia es más interactiva, presenta más descubrimiento y sorpresa para ellos en cada actividad que se realiza y, por parte del docente, solo es explicar los procedimientos y pasos a seguir para observar lo que se requiere observar.

En cambio en las ciencias sociales, según Carretero:

  • No se realizan experimentos.
  • No se puede aplicar el control de variables. Se utilizan estrategias alternativas.
  • No se manipulan las variables.
  • Intensa influencia ideológica.
  • Intenso relativismo.
  • Fuertes diferencias entre enfoques.
  • Fuerte influencia afectiva y motivacional de los contenidos.
  • Efecto demorado del resultado de la solución. Tecnología social.

“La historia se debe hacer más cercana a los estudiantes, comenzar primero con contenidos sociales para que, de esa forma los contenidos históricos sean más asequibles”

Esta perspectiva es totalmente distinta pues para comprobar o evidenciar hechos utiliza pruebas generalmente escritas o testimonios de personas, registros orales, etc. La forma en que piensa cada autor tiene su dejo en los escritos, lo que demuestra que son bastante subjetivas, por lo qué, para hacerla atractiva para los alumnos, es el docente quien debe buscar estrategias distintas para cada contenido del año, buscando de esa manera el interés de parte de sus estudiantes y que estos se interesen por lo que se les está presentado.

Al no ser un área especialmente interactiva y notoriamente subjetiva, el interés decae dado que las respuestas surgidas para resolver las preguntas de los estudiantes no poseen un  carácter certero y se prestan a múltiples interpretaciones que los estudiantes no están muy dispuestos a cotejar.

A lo mejor hacer todo con atractivo visual a pesar de que no se cuente con él pueda resultar. Como docentes tenemos la capacidad de crearlo, de hacer atractivo el relato de un hecho histórico, de involucrar a los estudiantes, en fin.

Carretero, desde mi perspectiva busca (al menos en este texto), hacer un llamado a la creatividad, a nuevas formas de ver los contenidos y que a pesar de ser algo que para muchos es un aprendizaje repetitivo, puede ser presentado en miles de formas distintas y estas a su vez adaptadas a los estudiantes quienes se las presentamos.

Los profes no solo como transmisores de conocimientos

Es así como debiesen ser las relaciones en la escuela, rompiendo con las constantes relaciones asimétricas que se dan entre profesor-alumno

En la siguiente columna, daré mi visión con respecto a una situación constante que se da en la escuela y en la realidad de cada uno de nuestros actuales o futuros estudiantes.

Comúnmente la sociedad asume que la única función de los profesores es ser un ente que se encuentra dentro de la escuela para trasmitir conocimientos, siendo los encargados de enseñarles a los estudiantes  a leer, a sumar, o a conocer las distintas transformaciones que ocurren en el ambiente.

Pero no, personalmente observo esto como un error, pues día a día la sociedad y nuestros estudiantes vivencian distintas situaciones que interfieren en sus percepciones de vida, en como aprecian la escuela, a sus compañeros y lógicamente lo que sienten al estar  a diario compartiendo con tantas personas… Y esas vivencias provocan que estén bien o mal, que aprovechen o se sientan exhaustos de estar estudiando, y luchando por salir adelante.

Los colegios, muchas veces discriminan a los alumnos por ser desordenados, inquietos o por ser violentos en sus actos; pero alguna vez nos preguntamos ¿por qué el estudiante reaccionó de esa manera?, ¿Por qué su forma de defenderse es a golpes? ¿Pasará algo en su casa, que esté provocando estas reacciones? Escasas veces ocurre eso y se estigmatiza al alumno diciéndole que no sirve para estar dentro de un colegio, o para cumplir con las normas que este tiene como institución. E indirectamente el estudiante se estigmatiza y cree que no sirve para estudiar y se siente totalmente fuera de lugar.

Pero es en este punto donde como profes debemos estar atentos a los cambios y actitudes que tienen nuestros alumnos, pues si nosotros como profes que estamos gran parte del día con ellos no somos capaces de observar lo que le sucede a nuestros estudiantes, seremos cómplices del daño que se les puede provocar, o partícipes indirectos al no ser capaces de conocerlos, porque como bien sabemos muchas veces la comunicación en sus hogares no es del todo fluida, o ellos no se sienten capaces de compartir lo que les sucede. Y es en ese momento donde debemos hacernos presentes y orientar y ayudarlos, demostrarles que pueden confiar en nosotros, y que además de ser su profe podemos ser esa persona en quien puede confiar, para preguntar o aclarar las diversas dudas que pueda tener.

Considero que el preocuparnos de nuestros alumnos, hace que seamos aún más valorables en nuestra profesión, nos permite ser capaces de reconocer las dificultades de los niños y poder argumentar y saber los por qué de sus dificultades de aprendizaje,  o conocer el por qué no los motiva el ir al colegio, el querer aprender o estudiar. El saber si existen o no problemas en su hogar, si carga con más de alguna responsabilidad que limite sus tiempos, o si está teniendo problemas en las nuevas etapas que esta viviendo.

Como profesores y futuros profes, debemos estar atentos a esas pequeñas señales que siempre nos dan los estudiantes, atentos a esos cambios de carácter o de reacciones. Porque lo más probable es que detrás de dichos cambios se escondan penas o problemas que están interfiriendo de sobremanera en su crecimiento y desarrollo.

Síntesis Editorial IV [02/01 al 07/01]

Acción que debemos como docentes fomentar en nuestros alumnos, para el desarrollo de la confianza propia y en el otro.

Dentro de esta primera semana del año 2012, las publicaciones expuestas dentro del blog fueron dos, pero la cantidad no implica que éstas tengan menos importancia, o que los temas tratados no sean de sumo interés para los lectores. Hecho que apreciaremos en las siguientes líneas.

En la primera publicación “¿Subestimamos a nuestros estudiantes? [segunda parte]” de Danilo, logramos evidenciar cual es uno  de los principales problemas que presenta la Educación y de gran manera los personajes participantes de esta: profesores, estudiantes y apoderados. La confianza del uno al otro, en cuanto a los logros que se pueden conseguir. Y en este punto caen todos los personajes y las relaciones interactivas que se pueden dar entre estos,  puesto que se comienzan a dar las situaciones en que el docente no confía en los conocimientos, ni en las habilidades que puede desarrollar en sus estudiantes limitándose a tan solo enseñar lo que él considera que es fácil para ellos.

Por otra parte, nos encontramos con los apoderados que no confían en los procesos y habilidades de sus hijos, por lo que asisten constantemente al colegio a hablar con los profesores para intermediar por las notas de estos, y que éstas sean elevadas casi por milagro. Por lo que entre el docente y el apoderado en cierta medida coartan el hecho de que el estudiante pueda encontrar e internalizar el desarrollo de las habilidades de él, y dejando la sensación de que no importa cuanto esfuerzo ponga en lo que haga, ya que sus padres están detrás para ir a reclamar por su baja nota y conseguir que se la suban.

Y una de las instancias en que la confianza en la escuela se ve más transgredida, es cuando a los estudiantes se les solicita trabajar en grupos; y es donde la selección de los equipos se basa en los conocimientos, y categorías que tiene cada uno de los estudiantes, y cabe mencionar que cada una de estas categorías son las que brindan los mismos docentes en el aula y no tan solo por las notas, sino que también cuando hacen referencia a las potencialidades de cada uno , dejando a un lado la de los demás.

El artículo también nos señala que debemos fomentar la relación del profesor-estudiante, porque con ello se cambiará la visión que tiene el alumno de la escuela, y que no vea esto como un trámite u obligación el asistir día a día; sino que de una u otra manera consiga concebir a la escuela donde él será capaz de potenciar sus habilidades personales y grupales.

Por otra parte nos encontramos con el artículo “Elegí no educar” de Rubén.  En donde, a través de su visión personal, nos muestra como muchos ven la pedagogía hoy en día, cómo los docentes o más bien parte de ellos cambian el fin de su labor por conseguir mejores evaluaciones en los distintos instrumentos que se aplican a la labor docente actual, o los méritos que deben cumplir para conseguir bonos y demases; dejando totalmente de lado a los estudiantes que están frente a ellos.

Nos muestra también como otro de los personajes de la educación, en este caso los apoderados, son los encargados muchas veces de entorpecer los procesos educativos de sus hijos, creyendo que simplemente con ir a dejar a la hora al niño, o cumplir con los materiales pedidos, el estudiante desarrollará las habilidades deseadas y adquirirá valores; dejando totalmente de lado la idea de que la educación es un proceso en que ellos como padres y apoderados, también son generadores de las enseñanzas de sus hijos.

Nos muestra también como directivos y jefes técnicos, se encargan muchas veces de coartar el trabajo de los docentes que se encuentran realmente motivados con su labor, y estás limitantes no son tan solo en las relaciones humanas que se pueden dar dentro del aula y de la escuela; sino que también en los ámbitos curriculares y de desempeño tanto de estudiantes como de los propios docentes.

En definitiva, las publicaciones de esta semana nos llevan a plantearnos si verdaderamente la labor docente que se desempeña hoy en día está cumpliendo con la verdadera labor de enseñar y educar a nuestros estudiantes, no tan solo con los conocimientos de contenidos y materias, sino que su desarrollo como personas. Creando en ellos la confianza en si mismo y en los demás, y que además como docentes seamos capaces de confiar en la variedad de potencialidades que tenemos frente a la sala de clases, sin coartar ninguna de las habilidades de los alumnos. Y por otro lado nos llevan al cuestionamiento, si los parámetros y estándares requeridos por las distintas instituciones están siendo capaces de evaluar el verdadero desempeño del docente en el aula, y si la escuela como institución está siendo comprendida realmente como es.