Experiencias educacionales y lecciones para Chile

Es común que en los debates sobre los cambios estructurales que la educación chilena necesita se haga referencia a las experiencias históricas de Finlandia y Corea del Sur. Generalmente, estos casos son citados con un fuerte sentido de autoridad, pues sus buenos resultados en las pruebas internacionales son incuestionables, siendo el anhelo de numerosos países. En este pequeño espacio quiero tomarme la licencia de escribir sobre estos modelos y entregar algunas pistas para comprenderlos  –a grandes rasgos- y tener una noción general.

“Insertos en un mundo globalizado y sumamente competitivo, los coreanos han construido un sistema de educación en el que el uso de las tecnologías de la información es sustancial. Por ello, gran parte de las políticas educacionales son dirigen al uso, manejo e innovación en estas áreas, tanto para profesores como alumnos”

Comencemos con Corea del Sur. La sociedad coreana otorga un alto valor a la educación, cuestión que sus gobiernos han podido utilizar para el desarrollo del país y su crecimiento material. Esto quiere decir que la educación en todas sus dimensiones es una piedra clave de su estrategia de desarrollo, por lo que debe responder a tal desafío. Insertos en un mundo globalizado y sumamente competitivo, los coreanos han construido un sistema de educación en el que el uso de las tecnologías de la información es sustancial. Por ello, gran parte de las políticas educacionales son dirigen al uso, manejo e innovación en estas áreas, tanto para profesores como alumnos.

 Claramente, un país que busca alcanzar el desarrollo teniendo como centro el capital humano y la calidad de la formación de su pueblo no escatima en gastos orientados a la educación. Entre 1985 y el año 2002, el porcentaje del presupuesto público concentrado en educación no bajó del 19%, evidenciando un esfuerzo real y una apuesta que en el mediano/largo plazo fue recompensada.

 La formación del profesorado también es un tema clave, por lo que las exigencias en la selección y formación docente son altísimas. De la mano, la labor docente es enormemente reconocida y goza de prestigio social, siendo coherente con la relevancia que la educación posee para la sociedad y con la importancia para su estrategia de desarrollo.

Por otro lado, el caso de Finlandia también presenta características llamativas. El 99% de las instituciones de educación básica y secundaria son estatales, a su vez, todas las universidades pertenecen al Estado y solo los Centros Superiores son de carácter privado, aunque el Estado aporta cerca del 50% de sus ingresos.

En Finlandia, la escuela es obligatoria hasta los 16 años, solo el 0,5 % de los chicos abandona la escuela, en tanto que solo un 2 por ciento de los alumnos reprueba. No solo la educación básica es gratuita, pues también lo son los útiles, textos escolares, además de los almuerzos que los alumnos consumen en la escuela. El presupuesto en educación representa un 6% del PIB del país, en Corea ese porcentaje es del 5% aproximadamente.

La educación finlandesa no solo se plantea la preparación de personas para el mundo laboral, pues tiene como ideas motrices conceptos más profundos. Por mencionar algo, tenemos el tema de la solidaridad y el trabajo en equipo, fomentando e implementando desde la educación básica la formación de grupos de apoyo para los alumnos que tienen dificultades. En diferentes trabajos vinculados a la realidad finlandesa se destaca que ese fenómeno es clave en sus excelentes resultados. Como vemos la competencia no es el objetivo central del sistema.

“La educación finlandesa no solo se plantea la preparación de personas para el mundo laboral, pues tiene como ideas motrices conceptos más profundos. Por mencionar algo, tenemos el tema de la solidaridad y el trabajo en equipo, fomentando e implementando desde la educación básica la formación de grupos de apoyo para los alumnos que tienen dificultades”

La formación de los profesores es otro puntal del sistema. La carrera de pedagogía es una de las más prestigiosas del país, teniendo una alta demandada, aunque solo el 10 % de quienes postulan logran ingresar. La formación continua del profesorado es otro elemento clave que permite aumentar la eficiencia del trabajo docente. Además, los docentes están obligados a tener -por lo menos- un título de máster, que se alcanza en cuatro años de estudio.

Hacer referencias sobre la educación coreana y finlandesa no nos sirve de mucho, pues hemos presentado cuestiones muy vagas e incompletas, además de dejar de lado elementos como el contexto en que se desarrollaron, etc. Sin embargo, hay elementos que si podemos poner sobre la balanza. Por ejemplo, hace 40 años, tanto Finlandia, Corea del Sur y países como Chile y Argentina exhibieron desempeños económicos similares, las diferencias no eran profundas.

¿Qué fue lo que pasó? Los avances educacionales en Corea del Sur y Finlandia no fueron descontextualizados de su función estratégica para alcanzar el desarrollo material y humano, es esto lo que explica los grandes esfuerzos económicos realizados por ambos Estados. La magnitud de las transformaciones, la preocupación por el financiamiento y la calidad, la preocupación por la formación docente, etc., nos hablan de proyectos serios, reformas y apuestas de largo plazo en pos del bienestar común.

En esa sociedades existieron liderazgos fuertes para dirigir estos procesos, para poner los intereses país por sobre los intereses individuales y las presiones de grupos de poder, para mirar hacia el futuro y no mirar en el corto plazo, pensando en la educación como inversión y no como gasto. En Chile, es difícil contar esos liderazgos y es más complejo avanzar sobre intereses particulares preocupados de sus ganancias, capaces de mantener y perpetuar un sistema educacional fracasado.  En las sociedades que estudiamos, la educación y el trabajo docente goza de prestigio y valoración social, creo que es esa una de las principales herencia que el movimiento estudiantil nos lega, hoy los chilenos no estamos dispuestos a creer lo contrario.

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Educación, política y corto plazo

Hace unos días fuimos testigos de un espectáculo bien particular respecto a los resultados de las pruebas SIMCE. Tanto el gobierno como el ministro de educación destacaron el aumento de los puntajes en los colegios municipales, en tanto algunas editoriales de periódicos hablaron de “Alentadores resultados”, destacando lo “histórico” del alza y adjudicando responsabilidad a las actuales políticas gubernamentales. Y como era de esperar, el presidente también se sumó al carnaval señalando que “la calidad de nuestra educación esta mejorando y las desigualdades entre ricos y pobres, están disminuyendo”, felicitando al ministro de educación (que no lleva más de 5 meses) por sacarnos del estancamiento de períodos anteriores.

Es triste, poco realista y populista exaltar resultados que claramente no tienen una explicación simple y que, perfectamente, pueden ser coyunturales dentro de una tendencia negativa. Para muchas personas, estos resultados fueron una sorpresa, pues no eran esperables considerando el complejo año 2011 vivido por la educación chilena. En tanto, no parece llamar la atención el tenor de las opiniones políticas que se han dado sobre los resultados del SIMCE, poco se discute y nada se soluciona.

"Para una persona común el paso por la educación básica, media, superior es un proceso que marca la vida y que sus frutos no se miden solo por una renta. Hacia el 2010 siete de cada diez estudiantes de educación superior fueron primera generación de su familia en hacer ingreso a una de estas instituciones y ese simple hecho no puede ser visto de forma peyorativa"

La educación chilena hace rato que naufraga y hace crisis pero eso no parece importar. El desafío es gigantesco y los cambios profundos, por lo que será necesario contar con liderazgos fuertes capaces de enfrentar y superar los obstáculos existentes. Cuando uno piensa en las declaraciones del ministro y en las del presidente no encuentra esos liderazgos, ni observa la capacidad necesaria para conducir al país por la senda educativa que necesita.

La educación es clave para avanzar hacia el anhelado desarrollo. Claramente, es un objetivo con el que todos soñamos. Sin embargo, no podemos reducir sus beneficios y su importancia a simples estadísticas de ingresos per cápita, con las que el presidente de seguro debe soñar y obsesionarse. La educación es esencial para construir una sociedad más justa, para avanzar hacia una sociedad tolerante, respetuosa de la diversidad, etc. Señalar todas las virtudes asociadas a la educación es un ejercicio que pierde el sentido, pues cualquier persona las conoce, pero aún así en Chile esto parece no importar o significar mucho para las autoridades.

Sobre esto hay que preguntarse por qué los sujetos que toman hoy y tomarán mañana algunas de las decisiones más relevantes no comprenden la trascendencia de su puesto ni lo perentorio de los cambios. Personalmente, no creo que solo sea una razón económica, impulsada por los conocidos intereses que tienen con grandes conglomerados de educación o su especial visión de la educación como un bien de consumo. La explicación también va por el lado del valor -no del precio- que todos nosotros asignamos a la educación y que ellos no. Para una persona común el paso por la educación básica, media, superior es un proceso que marca la vida y que sus frutos no se miden solo por una renta. Hacia el 2010 siete de cada diez estudiantes de educación superior fueron primera generación de su familia en hacer ingreso a una de estas instituciones y ese simple hecho no puede ser visto de forma peyorativa.

Esas diferencias marcan y por ello vemos la escasez de liderazgos en nuestras autoridades, por ello tienen una visión obtusa y reduccionista sobre la educación, por ello el cálculo de corto plazo, intentando sacar una rentabilidad política y mediática de resultados SIMCE difíciles de explicar o de asignar causalidad directa a la labor de un ministro.

Chile y su Educación Superior

"Es necesario que desde ya hablemos del fondo y no seguir llenando páginas, creando debates artificiales sobre de la duración de los programas y planes de pregrado como si fuera el gran tema que afecta a nuestra Educación Superior"

Chile y su Educación Superior

Hace uno días una ex funcionaria del MINEDUC durante distintos gobiernos de la Concertación señaló que “no da, ni el tamaño del país ni los recursos necesarios, para tener universidades de clase mundial. Y en esta pretensión de las universidades, que tiene que ver con la cultura dominante de que sólo una universidad de investigación puede educar convenientemente a los estudiantes, tenemos una distorsión en la cual no tenemos nada bueno y tenemos bastantes cosas mediocre”. No se descubre nada señalando la mediocridad de nuestro sistema de educación superior. Si observamos algunos de los rankings internacionales no aparecen universidades nacionales bien posicionadas, en tanto, las instituciones que sí aparecen en alguna de estas clasificaciones son siempre las mismas.

Así, en el ranking de la ARWU (Academic Ranking World Universities) para el año 2011 solo encontramos dos universidades nacionales dentro de los “primeros” 500 lugares. Así la Pontificia Universidad Católica y la Universidad de Chile son ubicadas dentro del rango 401-500 del ranking mundial. Por su parte, en el ranking de la Times para el año 2011-2012 solo aparece la Pontificia Universidad Católica en el rango 351-400 no encontrando más universidades chilenas dentro de las 500 mejores del mundo.

Como es de esperar, en los primeros lugares de cada ranking encontramos universidades norteamericanas, británicas, canadienses, japonesas, australianas, holandesas, alemanas francesas, etc.  Países desarrollados, algunos con una larga tradición en educación superior y otros que han realizado fuertes inversiones para conformar una arquitectura universitaria de excelencia.

En otro de estos rankings (llamado QS) encontramos a la Pontificia Universidad Católica 250, Universidad de Chile en el lugar 262 y la Universidad de Santiago en el rango 451-500. De gran interés periodístico resultó la clasificación regional realizada por este ranking el 2011, apareciendo 7 universidades chilenas dentro de las 50 mejores de Latinoamérica. Así, la PUC, U.de Chile, U. De Concepción, la Usach, U. Austral, Católica de Valparaíso, Federico Santa María, conformaron la representación chilena dentro del top 50. Para el diario La Tercera del 5 de octubre del 2011 lo más relevante era la aparición de la Universidad Adolfo Ibáñez (lugar 68), detrás de la U. de Talca  y la U. De la Frontera y solo superando a la UNAB (74), U. De Los Andes (84) y Diego Portales (100). Cerrando el top 100.

 Es sabido que todos estos rankings favorecen y dejan muy bien parados a los grandes conglomerados económicos vinculados a la educación, en desmedro de países que optan por formar redes y fortalecer centros de investigación de menor tamaño, pero de gran calidad. Lamentablemente, nuestro sistema de educación no cae dentro de esas excepciones y más allá de la propaganda, lo concreto es que nuestras universidades no gozan de prestigio por la calidad de sus docentes o por la profundidad de las investigaciones, siendo reconocido las dificultades que enfrenta el trabajo de investigación en un país que no se compromete con los frutos asociados a esa labor.

Un país como el nuestro debería tener este y otros temas en el centro de su debate educacional, aspirando a cambiar la actual realidad y apostando por un sistema universitario que responda a los desafíos que el país y la educación demandan. Este es un tema delicado y, paradojalmente, mientras la directora de comunicación de la institución que realizó el ranking QS señaló que Chile “debe mejorar el indicador que mide al profesorado e investigaciones para competir con sus pares más prestigiosos del mundo“, nuestros “expertos” nos señalan que por recursos y tamaño no debiésemos apostar por grandes universidades ni tampoco concentrarnos en la formación de centros de investigación.

Es de esperar que los temas de profundidad sean tocados y tratados con seriedad, que los liderazgos y responsabilidades sean asumidos de una vez y que no dejemos al mercado solucionar algo que por 30 años no ha podido enfrentar. No se puede seguir eludiendo la realidad, ni seguir apostando por soluciones provisorias diseñadas para enfrentar coyunturas políticas. Sabemos que Chile es un país que necesita investigación para avanzar por la senda del desarrollo. También sabemos cual es el actor que debe tomar un rol más activo en el diseño de una estrategia nacional de educación superior -el Estado-   y que apoye a aquellas universidades y centros de investigación que se dediquen a ello. También sabemos lo que NO necesitamos, por ejemplo, “expertos” que se centren en debates de menor urgencia y relevancia, que sigan ofreciendo aspirinas a un paciente que se encuentra en la UCI. Es necesario que desde ya  hablemos del fondo y no seguir llenando páginas, creando debates artificiales sobre de la duración de los programas y planes de pregrado como si fuera el gran tema que afecta a nuestra Educación Superior.