¿Por qué tanta desconfianza hacia l@s profes?

Se viene una reforma, es un hecho.

Hay quienes sostienen, desde el ámbito académico, que reformar el sistema no es una opción viable. Según esta postura la única manera de cambiar el escenario político y social es la vía del reemplazo, la eliminación de la estructura completa y la construcción de un nuevo paradigma.

No dejo de encontrarles razón. Esta propuesta se basa en un tema clave: la cohesión del pueblo. Los mejores ejemplos son los países que se han destacado como gestores de un sistema educativo ejemplar. Estas naciones que se han transformado en la moda educativa del SXXI (Finlandia, Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, etc.), han vivido arduos procesos de planificación de sus políticas educativas, pero a diferencia de casos como Chile, han enfocado sus esfuerzos en pos de un bien mayor: el crecimiento integral de sus respectivas sociedades.

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“Sin embargo la peor de todas las desconfianzas resulta ser la desconfianza en el cambio. El conformismo con las cosas como son, el es lo que hay, la sencilla forma en que nos adaptamos al lujo y al látigo. Es cosa de mirar con atención los mensajes que nos rodean: consume, aspira, compite y gana.”

Nosotros crecemos al revés. Las brechas de acceso y derechos entre los chilenos y chilenas generan una distribución cada vez más desigual de la riqueza. Y no es al azar. Vivimos en una sociedad basada en la desconfianza.

Desconfiamos de quienes tienen más y de quienes tienen menos. Parece que sufrimos de una paranoia en que el rico y el pobre son ladrones, diferenciados sólo por su apariencia y los montos con los que ‘trabajan’. El dueño del súper elude impuestos mientras el flaite toma lo que necesita y lo que no necesita… y juntos bailamos un vals al son de culparnos.

Desconfianza en el vecino, en el cercano, en el amigo, en el patas negras, en el que aserrucha el piso, en el vendedor y el mendigo. Desconfianza en la familia, en las iglesias, en los políticos y hasta en la política real. Miedo a confesar lo que somos porque queremos ser otros y otras, queremos diferenciarnos del común, queremos escribir una historia basada en el manoseado concepto de la meritocracia y grabar a fuego y sangre nuestro legado. Es como marcar territorio, pero sin necesidad de levantar la pata, aunque si hay que mear pasar por encima de algún otro, somos los primeros en hacerlo.

Sin embargo la peor de todas las desconfianzas resulta ser la desconfianza en el cambio. El conformismo con las cosas como son, el es lo que hay, la sencilla forma en que nos adaptamos al lujo y al látigo. Es cosa de mirar con atención los mensajes que nos rodean: consume, aspira, compite y gana.

Pero muy pocos ganan, esa es la verdad. Y obviamente si has llegado primero a la meta, no puedes permitir que te quiten tus logros, por lo que debes temer a perderlos. Por eso mismo reaccionas desde el miedo y procuras esforzarte para que los demás sean formados bajo la falsa ilusión de que algún día o de alguna forma llegarán a ser como tú.

Por eso debes lograr que la desconfianza aumente, se vuelva crítica, al punto de que todos estarán más ocupados aferrándose a lo que tienen y no queriendo/pudiendo ser más. Para asegurarte, necesitas que el mundo desconfíe principalmente de aquél que debe encargarse de educar a los demás desconfiados. Así es como hoy en día terminamos desconfiando de las profesoras y los profesores de nuestro país.

La profesión docente está envuelta en una vorágine de dudas e incertidumbres que la hunden constantemente en la desvalorización del trabajo. El docente debe ser visto como incapaz, no apto o, de plano, inepto. La valoración docente se debe basar en el volátil criterio de la “vocación”, moviendo a sus ejecutantes a caer, consciente o inconscientemente, en el martirio.

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“Ninguna reforma podrá cambiar un sistema si no trabajamos mancomunadamente y le entreguemos el voto de confianza que la buena maestra y el buen docente se merecen. “

Las instituciones generalmente dicen confiar en sus docentes, no obstante utilizan algunos mecanismos bastante crueles para demostrar lo contrario. Por ejemplo aquellas instituciones que no permiten la sindicalización. Es cierto que muchas de ellas aseguran condiciones bastante aceptables para sus trabajadores, pero volvemos a lo mismo, hemos aprendido a aceptar.

Quien ejerce la docencia en una escuela debe ejercerla necesariamente en su hogar. Si no desea sacrificar el tiempo en su hogar, pues deberá aprender a adaptarse. Una vez siendo un engrane más, tiende a disminuir su capacidad de innovación y, poco a poco, privilegia lo técnico antes de la creatividad. No me malentiendan, no digo que l@s docentes no sean creativ@s, sólo que no tienen espacio para desarrollar esa inherente creatividad.

De este modo, en pleno círculo vicioso, la desconfianza hacia el alcance del trabajo del docente aumenta, dudando si otorgarle más horas no lectivas para que planifique, se desarrolle profesionalmente e incluso investigue. El bajo sueldo se transforma, entonces, en la guinda de la torta.

Debemos regenerar los lazos de confianza entre sostenedores y trabajadores. Para eso es necesario que se piense en aquello que es justo. Quizás la mejor lección de gestión la dan aquellas escuelas que distribuyen su riqueza sin la desconfianza de perderla. Donde sus líderes riegan de confianza a sus docentes y ést@s a sus estudiantes.

Tal vez la única lección importante que hay que aprender de países donde el docente es la figura central del desarrollo, sea comenzar a confiar en nosotros y entre nosotros. Ninguna reforma podrá cambiar un sistema si no trabajamos mancomunadamente y le entreguemos el voto de confianza que la buena maestra y el buen docente se merecen. Una vez logrado esto, quizás podremos mirarnos a la cara y reconocernos por fin, un@s a otr@s, como habitantes de una mítica tierra llamada Chile.

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Educación, debates y experiencias

"Un país debe tener claro que espera y desea de su educación en todos sus niveles y en todos sus actores, eso implica realizar esfuerzos reales en el corto, mediano y largo plazo, cosa que Cuba ha hecho y nosotros no."

La educación es uno de los temas candentes en la discusiones políticas de nuestro país. Lamentablemente, la intensidad del debate no tiene que ver con la solidez de los argumentos o con la variedad de posiciones sobre distintos temas, pues todo se reduce a una discusión superficial e ideologizada que deja de lado lo profundo y la urgencia de las reformas.

Por ejemplo, un tema que hoy está en la palestra es el de la evaluación docente, que es una pieza fundamental del proyecto de Ley de Carrera Docente. Es muy probable que en ese debate ganen terreno los argumentos ideologizados y las descalificaciones contra los profesores.

Sin embargo, estas leyes nos incumben siendo necesario que sigamos hablando de educación, aprovechando las instancias de comunicación entre docentes para profundizar la discusión, generando propuestas y conociendo distintas experiencias. El último punto me parece esencial, pues tener una visión amplia de distintas experiencias educacionales nos permite apreciar la situación en que se encuentra Chile, conocer como otros países han enfrentado problemas similares y que los profesores estemos al corriente de lo que sucede.

Me tomaré la libertad de poner en el tapete información -superficial- sobre la educación cubana. Mí objetivo no es narrar una experiencia extranjera con el afán de que se reproduzca tal cual en nuestro país, ni tampoco tengo motivos propagandísticos. Como bien creo, la gente que participa y opina en este blog no se caracteriza por pensar de forma tan simplista. Ahora bien, si reconozco que me interesa generar diálogo, opinión y debate entre los colegas, que se hagan aportes a la información general que presento, que se profundice o rechacen las cifras o los argumentos, etc. Por esto la elección de Cuba no es mera casualidad.

Para comenzar, la pequeña isla caribeña posee una población que supera los 11 millones de habitantes y se ubica en el lugar 51 del índice de desarrollo humano (IDH), por sobre grandes países como México (57°), Rusia (66°), Brasil (81°), China (101°) e India (134°). Cuba es un caso especial de estudio, pues teniendo una economía menos “vigorosa” y perspectivas de crecimiento menos “prometedoras”, ha sido capaz de elevar los niveles de vida de sus habitantes, cuestión fácil de apreciar en los indicadores evaluados por el IDH (salud, ingresos, educación, etc).

La realidad de los indicadores educacionales de la isla son aún más interesantes, pues el gasto en educación bordea el 13,6% del PIB, con una tasa de alfabetización del 99,8% de la población mayor de 15 años y un promedio de educación de 9,9 años por persona. Para dimensionar esto, podemos señalar que cualquier país “en vías de desarrollo” desearía alardear y ostentar de tales cifras. Así, sea el ranking que sea, Cuba aparece como uno de los países de Latinoamérica pioneros en temas de educación

En los últimos años se han realizado nuevas reformas para mejorar la educación, por ejemplo, en la enseñanza primaria se disminuyó el número de alumnos por aula teniendo como máximo la cifra de 20, en tanto en la secundaria cada docente debe tratar con un máximo de 15 alumnos. Cumplir con esos objetivos debió significar un esfuerzo enorme, dado el bloqueo económico impuesto por décadas y las características de su modelo económico. Solo por mencionar algo, en coyunturas económicas adversas, áreas como la salud han debido funcionar con escasez de medicamentos, etc.

Es interesante destacar que en Cuba funcionan programas de estimulación temprana, donde se tratan a niños de entre 6 meses y 6 años en centros institucionalizados, con un programa único nacional que asesora a los padres en temas como cuidados de la salud, alimentación, lengua materna, educación física y musical de sus hijos.

Otro tema importante es la evaluación docente, pues Cuba cuenta con un sistema, coherente, planificado y regulado por un marco legal. Señalar esto último puede parecer inoficioso, pero no son pocos los países latinoamericanos que no cuentan con una arquitectura legal que reglamente tal proceso. Una de las primeras resoluciones ministeriales -que trató el tema de la evaluación docente- data de 1962, claramente, fue y es un tema de importancia, no extrañando que sea un proceso integral que se inicia con los aspirantes a una carrera de pedagogía, sigue en la etapa de formación inicial y cierra en su desempeño como profesional.

¿Qué pasa con un profesor mal evaluado? El docente que tuvo una calificación negativa debe realizar una especie de cursos de recalificación, durante un año y manteniendo el sueldo, en tanto supere esa instancia se reincorpora al sistema educativo, sino es despedido.

¿Nos sirve una experiencia educacional como la cubana? Insisto que no se trata de copiar o aplicar métodos ni modelos de forma acrítica, sino evaluar posiciones y observar diferentes realidades. Pero creo que un país debe tener claro que espera y desea de su educación en todos sus niveles y en todos sus actores, eso implica realizar esfuerzos reales en el corto, mediano y largo plazo, cosa que Cuba ha hecho y nosotros no.

Sergio Garrido Trazar

Hacia la Educación Crítica (III) Educar para humanizar. Retos de la educación.

Anteriormente, nos planteábamos cómo hacer frente a esos déficits educativos que se dan en la sociedad actual. Ahora bien, ¿Cuáles son esos déficits educativos? Nos encontramos con el hecho de que la educación hasta ahora, no ha sido más que un instrumento deshumanizador, ya que han prevalecido los modelos positivistas, desvalorizando así la razón, y promoviendo unos valores instrumentales como pueden ser el consumismo, individualismo, competitividad, etc., valores que siguen prevaleciendo en nuestra sociedad.

Por esto, es que hoy en día, la educación es considerada como una ciencia social crítica, a la cual se mira como  un elemento transformador de la sociedad, que tiene como tarea humanizar a ésta, haciéndola una sociedad más humana y mejor que avance en la dirección de valores más humanos como son la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la fraternidad, la tolerancia y la felicidad generalizadas.

Asimismo, nos pueden surgir interrogantes en relación a este tipo de educación, como por ejemplo: ¿es posible pensar en este tipo de educación? Muchas veces hallamos a quienes no quieren que pensemos, nos dicen “ya pensamos por tí”; o también con quienes creen que es un esfuerzo inútil pensar en mejorar, porque las cosas no van a cambiar. Por todo esto y contra eso, podemos y debemos pensar en otra sociedad más humana independientemente de que el cambio de sistema o la alternativa sea larga.

"Frente a toda esta situación, la educación deberá asumir la tarea de proporcionar sentido personal sin ocultar los problemas de la existencia, trabajar en la identidad personal y colectiva de forma abierta y ofrecer calor de hogar sin falsos proteccionismos que roben la propia responsabilidad."

Así pues, la educación se encuentra con enormes desafíos y retos fundamentales. Por lo tanto, para avanzar en este cambio de la sociedad,  debemos proceder crítico-negativamente, es decir, detectar todo aquello que no debe continuar y que hay que cambiar cuanto antes.

Una sociedad que quiera humanizarse no puede caminar como si nada ante el ahondamiento de las desigualdades y de la injusticia social de la exclusión. Tenemos que aspirar a que la educación “eduque la mirada” y nos enseñe a ver la realidad, esos rincones oscuros que no se quieren ver, haciendo de las personas, ciudadanos que tomen  conciencia para así reducir esas diferencias de la humanidad.

Por otro lado, nos encontramos con problemas con los que nos asalta la cultura de nuestros días. Somos conscientes de que vivimos en un mundo con diversidad y pluralismo cultural, en el que el relativismo cultural se agarra a nosotros como algo normal, produciéndonos una sensación de flaqueza  en nuestros referentes y una inseguridad que nos conduce a plantear la propia identidad. De esta carencia de identidad, deriva la fiebre comunitarista que vivimos actualmente, donde se ve la necesidad de protección y seguridad, la cual hace que muchas instituciones sociales se aprovechen de ello y se ofrezcan como orientadoras y conductoras.

Frente a toda esta situación, la educación deberá asumir la tarea de proporcionar sentido personal sin ocultar los problemas de la existencia, trabajar en la identidad personal y colectiva de forma abierta y ofrecer calor de hogar sin falsos proteccionismos que roben la propia responsabilidad.

Para proporcionar sentido, el educador tiene que ser alguien que ayude a “amueblar el piso mental del educando” (Mardones, 2002), para que así éste aprenda a pararse y reflexionar ante los distintos estímulos e impactos que continuamente recibe, así como para que el educando tenga la capacidad de discernir sobre las cosas y  no permitir que el torrente social  le lleve y maneje. Para que el educador pueda ayudar a esto, éste debe ser paciente, acompañar y ofrecer sus experiencias y respuestas pero dejando que el educando haga su propio camino.

Centrándonos ahora en el trabajo de la construcción de identidades, vemos como la palabra pluralismo cultural, se convierte en un desafío, por lo que habrá que educar en la aceptación positiva de lo diferente, en la tolerancia. Para esto, se precisa de educadores que enseñen amar las propias raíces, pero que tengan gran apertura para aceptar que los otros también tienen riquezas.

Finalmente, Mardones (2002) destaca otro reto en la educación, como es el de proporcionar protección y hogar sin chantaje infantilizador. Para hacer frente a esto se precisa de una educación protectora pero sin chantaje, es decir, una educación con la cual no se de ni una seguridad, calor y orientación en exceso, para así evitar esa infantilización, asfixia y falta de responsabilidad. Por tanto, surge la necesidad de que los educadores sepan mantener la debida distancia frente al educando, para que este pueda hacer sus propias opciones y que afronte el riesgo de su libertad.