¡Menos idiotas por favor!

"Para tener la casa propia, el auto y los niños felices hay que alcanzar el éxito rápido; para alcanzar el éxito rápido hay que ser sólido en lo que se hace, por ende, para ser sólido; se hace."

Muchas veces he oído gente referirse a personas de una determinada carrera de manera despectiva, hablar de lo ñoños que son los ingenieros o lo vagos que son los humanistas. Pero el problema del ingeniero no creo que esté tanto en que sólo sepa de números y sea incapaz de leer algo mas que una revista o en el humanista en que no sea capaz de sumar sin un ábaco a mano; creo que está más en que tanto matemático como humanista (y así también aplicado al biólogo; por señalar las 3 clásicas áreas en que se dividen los cursos en la educación científico-humanista) se han negado constantemente desde su juventud a la posibilidad de ser personas completas y cultivarse en las áreas que sus respectivas carreras y/o profesiones los llevan. Arguyendo unas veces que lo que no es parte de su carrera no les sirve, otras que no hay necesidad de aprender lo que no se va a utilizar en el futuro (como si pudiesen verlo) cada cual defiende su postura de semi-ignorante basado en su semi-sabiduría. Y pareciera que es respetado aquel que se dedica a un área por completo, incluso cuando es un inepto en el resto de su vida.

Ahora bien, tampoco busco que todo el mundo sea periodista (ya se saben el dicho) simplemente reflexionar sobre una cosa: la autonegación a ser alguien completo a la hora de aprender. ¿Porque sucede?, identifico varios factores, los medios masivos, los profesores, la sociedad, etc.

Vamos por parte.

Hoy en día y desde hace mucho tiempo, se ha valorado y se valora a un profesional de una carrera tradicional (omitamos universidades en esta ocasión). Es decir, el ingeniero es valorado por eso, por ser ingeniero, el médico por ser médico y el abogado por ser abogado. Tal cual, así de simple. Y ese es el problema, a la hora de ejercer su profesión, esta claro que el medico no necesita saber de leyes pero resulta que la profesión, lo que uno estudia no se reduce meramente al ejercer; si fuese por eso, ningún profesor atendería alumnos fuera del horario de clases, y, aunque suene raro, eso aun ocurre.

Entonces, se deja de lado cualquier tipo de conocimiento que no sea necesario para el ejercicio de la profesión,  hasta cierto punto es válido; sin embargo, ello es potenciado mediáticamente por la idea de sobresalir en un área, de cumplir sueños clichés, etc.

Para tener la casa propia, el auto y los niños felices hay que alcanzar el éxito rápido; para alcanzar el éxito rápido hay que ser sólido en lo que se hace, por ende, para ser sólido; se hace; tal como Bob Esponja hizo cuando quiso ser garzón; se olvida todo lo conocido para sólo dejar espacio a los conocimientos útiles y pertinentes a la hora de ejercer; todo para cumplir sueños ajenos y de papel. Por ultimo, y sin entender aun porque, muchos profesores de matemáticas y lenguaje (ejes fundamentales de la malla curricular actual de enseñanza; que vemos reflejados tanto en las pruebas SIMCE como PSU) mantienen una rivalidad absurda e incomprensible; enseñando a sus alumnos que a la larga, o se es de un lado o del otro tratando de cuadrados a unos y de vagos a otros. Nunca he entendido muy bien el por que, me pregunto si acaso una persona dedicada a las humanidades no necesitara algún día llevar sus finanzas de manera correcta o si un sujeto dedicado a los números no puede disfrutar de un buen libro o generar crítica literaria productiva; pareciera que el sistema coarta esas opciones en la vida de los estudiantes a priori, con el objeto único de que continúen con una especialización  y división del trabajo que no tiene razón de ser.

"Me parece, que el problema es que hay muchos ingenieros, médicos y abogados, y muy pocos estudiantes de ingeniería, estudiantes de medicina, y estudiantes de derecho. Se creen el cuento tan rápido que olvidan que hay más en la vida."

Me parece, que el problema es que hay muchos ingenieros, médicos y abogados, y muy pocos estudiantes de ingeniería, estudiantes de medicina, y estudiantes de derecho. Se creen el cuento tan rápido que olvidan que hay más en la vida. Se creen tan rápido la idea de estar titulados que no toman en cuenta que un profesional que más conoce, más abierta tiene la mente a nuevas ideas y por ende, es mucho mejor.

Llamo a dos cosas, que los profesores no mantengan esta estúpida tendencia, que enseñen a todos por igual, que no traten de manera diferente al alumno que se inclinará por su área de trabajo ni al que va por lado contrario, que los aúnen en un conocimiento que les sirve a ambos, y llamo a los jóvenes estudiantes a entender de una buena vez que el éxito no consiste en la cantidad de logros que se consigan en el menor tiempo posible, sino en poder traspasar algo a quienes se quedan en el lugar donde se nació, en dejar una huella en el mundo y en vivir una vida feliz, donde se hace mucho por el resto y se pide poco, donde se vive sin excesos y se comparte cada momento de felicidad; porque a la larga, el éxito, viene del latín exitus, que significa salida, o sea salir del sistema clásico que el capitalismo (como muy bien señala Aldo Lobos en el artículo anterior a éste) ha puesto sobre nuestros hombros; no en reproducirlo estúpidamente.

Menos profesionales prematuros y más estudiantes abiertos a aprender cada día más, el mejor ejemplo; el recientemente premiado Nicanor Parra, físico y matemático; uno de los mejores poetas de toda la historia.

¿Por qué los profesores tienen que ganar poco?

Ante todo una advertencia: soy profesor y encuentro injusto que los y las docentes recibamos un salario tan denigrante. El siguiente artículo contiene un análisis personal sobre nuestro sistema económico y su relación con una pieza a la que denomino “clave”: esta es la figura del maestro y de la maestra.

"Los pocos encontraron la manera de que los muchos trabajen creyendo que se benefician cuando en realidad benefician a otro, que es parte de esos pocos. Es un tema de selección natural. El más apto sobrevive y, en este caso, el más apto domina. Los muchos son los dominados porque no entienden el sistema"

Sentido Común

¿Cómo funciona el sistema? Bajo la siguiente premisa: hay muchos que tienen poco y pocos que tienen mucho. Si fuera al revés, el sistema no se podría sostener. “No todos pueden ser ricos“, declaran algunos y, aunque duela, es verdad.

¿Por qué este desequilibrio? Simple. Los pocos encontraron la manera de que los muchos trabajen creyendo que se benefician cuando en realidad benefician a otro, que es parte de esos pocos. Es un tema de selección natural. El más apto sobrevive y, en este caso, el más apto domina. Los muchos son los dominados porque no entienden el sistema.

El sistema está basado en el dominio, poder y/o supremacía. Si yo logro dominar a otro, demuestro ser más apto para competir en el sistema. De hecho, si demuestro que puedo dominar a muchos, ni siquiera formaré parte del sistema, estaré fuera de él, aprovechándome de la ingenuidad y baja proactividad de aquellos muchos.

Entonces, para que esto funcione y no se transforme en una moda (porque si lo hace, todos querrían ser ricos), se debe asegurar que los muchos sigan siendo los muchos y nunca pasen a ser parte de los pocos. El factor central aquí, entonces, es la educación.

Mediante la educación defino quienes son los muchos y quienes son los pocos. Sesgo la sociedad. A los pocos los educo de manera elitista y privilegiada y condeno a los muchos a ser educados de forma marginal y poco profesional.

Para que esto resulte debo manejar a la pieza central de la maquinaria: el/la docente.

Pero los/las docentes son profesionales, ¿no?, ¿cómo se van a dejar manejar?

Aquí viene, entonces, lo que ninguno de nosotr@s quiere escuchar. La mejor manera de crear inept@s (seres no aptos) es poner a otr@s inept@s a educarl@s. Es decir, necesito profesor@s mal@s si quiero tener una educación mala. Por lo mismo debo ingeniármelas para que dentro del sistema las personas menos aptas estudien para ser profesores.

Entonces me aprovecho de la idiotez de las personas y les ofrezco la oportunidad de ser profesionales cursando una carrera simple, sin mayores sobresaltos, para luego insertarlos en un sistema educativo a enseñar a otr@s lo maravilloso que es el sacrificio, el estudio, la carrera, el trabajo, etc., transformándol@s en una pieza más de un sistema que, al parecer, daría resultado.

"Somos una pila que entrega su energía para que otr@s se beneficien y terminamos en el tacho de la basura cuando nos agotamos"

Pero el sistema no da resultado. El primero en saberlo es el/la maestr@. Los profesores y profesoras son los más vapuleados, los que tienen el trabajo más complejo, más esencial, más humano, y a la vez son los que tienen la peor paga, las peores condiciones, la peor mirada de la sociedad y el peor reembolso a largo plazo. Somos una pila que entrega su energía para que otr@s se beneficien y terminamos en el tacho de la basura cuando nos agotamos.

Entonces, en una lógica meritocrática, aquél que es bueno en ciertas áreas, pensará de manera mercantil (como le han enseñado) y no escogerá educar, aún siendo bueno en ello. ¿Y cómo logro que la decisión se cargue hacia ese lado? Haciendo una prueba de selección para medir a l@s más apt@s y hábiles. Tras la prueba, ¿cuál es el resultado? Los peores puntajes siempre paran en pedagogía, y no es coincidencia. Para much@s la pedagogía es el descarte preciso, porque se mide por algo tan volátil como la vocación.

Así – y perdonen que lo diga de esta forma – l@s menos apt@s somos profesor@s, cumpliendo el sarcástico refrán “el que sabe, sabe y el que no, enseña”. Sumémosle la mediocridad de los programas de formación inicial, los bajos recursos dirigidos a la investigación en educación… en fin, es una larga lista de recursos que el sistema tiene para asegurarse que sigan habiendo suficientes “inept@s” para educar más “inept@s”.

Por eso la figura de la profesora y del profesor son relevantes. Porque si somos capaces de despertar y dejar de ser inept@s, podríamos realmente provocar un cambio. Si tratamos de mirar más allá de la punta de nuestra nariz, nos daremos cuenta que somos poderos@s. Que las decisiones políticas pueden pasar por nosotros y no ser ignorados en el camino (como le ocurrió a nuestro representante del colegio de profesores). Pero, ¿qué pasa siempre que a un profesor o a una profesora le dicen inept@?

Tod@s lo sabemos, se comporta como si estuviese ofendid@, su miedo se transforma en ira (y la ira no lleva a ninguna parte), cuando en realidad lo primero que debería hacer es una autocrítica honesta. El/La docente que se sigue mintiendo a sí mism@, jamás dejará de ser idiota. No tenemos que tratar de convencer al resto, tenemos que tratar de convencernos nosotr@s.

"Si tratamos de mirar más allá de la punta de nuestra nariz, nos daremos cuenta que somos poderos@s. Que las decisiones políticas pueden pasar por nosotros y no ser ignorados en el camino"

Y convencerse es trabajar. Convencerse es estudiar. Convencerse es perfeccionarse, leer, aprender, imbuirse en la cultura que nos rodea. Convencerse es ser consecuente. Convencerse es darse cuenta para quién estoy trabajando. TENEMOS LA OPORTUNIDAD DE SER PARTE DE LOS POCOS PROFESIONALES QUE NO TRABAJAN PARA HACER QUE ALGUIEN LUCRE, y tenemos la oportunidad de servir a otr@s en nuestras manos. ¿Por qué no hacemos la diferencia?

Porque aún somos tont@s. Porque creemos que el sistema es la respuesta. Pero piensen: ¿qué oportunidad tenemos de vivir una vejez digna, si el sistema nos hará jubilarnos con una pensión insignificante?, ¿realmente creen que siendo profesor@s elevaremos nuestra calidad de vida?, ¿de verdad creen que algún día nos pagarán más?

Algun@s tomarán el ejemplo de Finlandia o de otros países desarrollados. Pues bien, no es válido. Ellos educan a sus docentes como una élite porque a ellos les funciona el sistema y se benefician del resto. Nosotr@s somos parte de los desfavorecidos. A nosotr@s nos explotan y nos utilizan. Por eso a sus profesor@s les pagan más, porque así transmiten el privilegio que han conseguido.

Si nos uniésemos de verdad y trabajásemos de forma no egoísta y colaborativa, aprendiendo del resto y estando a la vanguardia, experimentando y perdiendo el miedo, les juro que lograríamos revertir el juego a nuestro favor. Un/Una docente con miedo, educará a sus estudiantes bajo la sombra del miedo y jamás (en esto soy enfático) JAMÁS logrará ningún cambio.

Colegas, debemos ser valientes y consecuentes. Confío en que un día tod@s nosotr@s seremos honest@s y despertaremos del letargo en que nos tienen, porque nos daremos cuenta, finalmente, que ningun@ de nosotr@s, profesores, profesoras y estudiantes, nos merecemos que “los pocos” nos utilicen como sus “idiotas”.

Profesor Aldo Lobos.