¿Somos ‘Idiotas’ los Docentes?

" Un docente sería idiota en la medida en que no observa sus propias prácticas, no reflexiona a partir de sus errores, no reformula su quehacer y justifica cada uno de sus actos como correctos. Sería un profesional incapaz de observarse a sí mismo, sólo capaz de mirarse al espejo una y otra vez en la comodidad de su status quo."

  Hace unos días escuché de uno de mis profesores una interpretación del cuento de Blancanieves. Me quedó dando vueltas la idea de la bruja como una idiota. Etimológicamente la palabra ‘idiota’ proviene del griego y refiere a aquella persona que no se ocupaba de la cosa pública sino sólo de sus propios intereses. Lo que deriva en alguien que no puede ver más allá de sí mismo (o que, en realidad, no quiere). La bruja solo tenía como referente su espejo, que le replicaba incesantemente lo insuperable de su belleza y perfección. No necesitaba nada más.

 Al mismo tiempo recordé la escena en que uno de mis colegas planteó una queja formal en contra de una de sus evaluaciones alegando airadamente que su evaluadora era extranjera y ella no entendía la realidad en Chile. Sin ánimo de ofender, creo que estuve en presencia de un acto ‘idiota’.

 Los seres humanos tenemos una tendencia racional hacia el status quo. Cada vez que entendemos algo y aquello funciona para nosotros en todas las dimensiones necesarias, solemos declararlo ‘ley’ y olvidar que quizás mañana se mueva el paradigma. Los docentes no somos la excepción.

 Un docente sería idiota en la medida en que no observa sus propias prácticas, no reflexiona a partir de sus errores, no reformula su quehacer y justifica cada uno de sus actos como correctos. Sería un profesional incapaz de observarse a sí mismo, solo capaz de mirarse al espejo una y otra vez en la comodidad de su status quo.

 No es importante detenerse en la cuestión de si existen o no este tipo de profesionales, sobretodo en educación… lo interesante es darse cuenta que hay un punto en que esta ‘comodidad’ se quiebra. Formalmente a este fenómeno se le denomina Práctica Reflexiva, la cual toma en consideración los tres niveles de estudio del pensamiento del profesor:

   – Pensamiento sobre el pensamiento (Teoría)

   – Pensamiento sobre el diseño de la acción (Diseño-Planificación)

   – Pensamiento sobre la acción (Práctica)

 La práctica reflexiva permite deconstruir, personalizar y reinterpretar el conocimiento. Si un docente se detiene a relacionar estos tres niveles, es muy probable que su práctica tienda a mejorar y no a mantenerse en el tiempo o empeorar. Si no se incide en el sistema de creencias, representaciones y saberes de los docentes mediante el análisis de las prácticas y la reflexión sobre estas, no moveremos el paradigma reproductivo actual.

 Se debe buscar la forma de provocar en el docente constantes ‘crisis’ (definidas como el momento para tomar una decisión), y dotarlo (o facilitar la dotación) de herramientas que le permitan modificar sus prácticas. Pero creo que el esfuerzo parte por que cada uno de nosotros comience a observarse a sí mismo y a responder con honestidad que hay mujeres más bellas que la bruja que podemos encontrar en nuestro interior.

 Entendamos que no se trata de esperar que otros muevan nuestro sistema, sino de cambiar nosotros los engranajes. Los docentes, ante todo, somos profesionales y le debemos honor a aquél título. Somos parte de la ‘cosa pública’ porque somos formadores y debemos tener claro qué queremos ser para saber que queremos que nuestros aprendices sean, antes de darles señales equívocas.

 ¿Nos gustaría reproducir ‘idiotas’? Porque si es así, los mayores ‘idiotas’ somos nosotros.

Profesor Aldo Lobos.