Educación, debates y experiencias

"Un país debe tener claro que espera y desea de su educación en todos sus niveles y en todos sus actores, eso implica realizar esfuerzos reales en el corto, mediano y largo plazo, cosa que Cuba ha hecho y nosotros no."

La educación es uno de los temas candentes en la discusiones políticas de nuestro país. Lamentablemente, la intensidad del debate no tiene que ver con la solidez de los argumentos o con la variedad de posiciones sobre distintos temas, pues todo se reduce a una discusión superficial e ideologizada que deja de lado lo profundo y la urgencia de las reformas.

Por ejemplo, un tema que hoy está en la palestra es el de la evaluación docente, que es una pieza fundamental del proyecto de Ley de Carrera Docente. Es muy probable que en ese debate ganen terreno los argumentos ideologizados y las descalificaciones contra los profesores.

Sin embargo, estas leyes nos incumben siendo necesario que sigamos hablando de educación, aprovechando las instancias de comunicación entre docentes para profundizar la discusión, generando propuestas y conociendo distintas experiencias. El último punto me parece esencial, pues tener una visión amplia de distintas experiencias educacionales nos permite apreciar la situación en que se encuentra Chile, conocer como otros países han enfrentado problemas similares y que los profesores estemos al corriente de lo que sucede.

Me tomaré la libertad de poner en el tapete información -superficial- sobre la educación cubana. Mí objetivo no es narrar una experiencia extranjera con el afán de que se reproduzca tal cual en nuestro país, ni tampoco tengo motivos propagandísticos. Como bien creo, la gente que participa y opina en este blog no se caracteriza por pensar de forma tan simplista. Ahora bien, si reconozco que me interesa generar diálogo, opinión y debate entre los colegas, que se hagan aportes a la información general que presento, que se profundice o rechacen las cifras o los argumentos, etc. Por esto la elección de Cuba no es mera casualidad.

Para comenzar, la pequeña isla caribeña posee una población que supera los 11 millones de habitantes y se ubica en el lugar 51 del índice de desarrollo humano (IDH), por sobre grandes países como México (57°), Rusia (66°), Brasil (81°), China (101°) e India (134°). Cuba es un caso especial de estudio, pues teniendo una economía menos “vigorosa” y perspectivas de crecimiento menos “prometedoras”, ha sido capaz de elevar los niveles de vida de sus habitantes, cuestión fácil de apreciar en los indicadores evaluados por el IDH (salud, ingresos, educación, etc).

La realidad de los indicadores educacionales de la isla son aún más interesantes, pues el gasto en educación bordea el 13,6% del PIB, con una tasa de alfabetización del 99,8% de la población mayor de 15 años y un promedio de educación de 9,9 años por persona. Para dimensionar esto, podemos señalar que cualquier país “en vías de desarrollo” desearía alardear y ostentar de tales cifras. Así, sea el ranking que sea, Cuba aparece como uno de los países de Latinoamérica pioneros en temas de educación

En los últimos años se han realizado nuevas reformas para mejorar la educación, por ejemplo, en la enseñanza primaria se disminuyó el número de alumnos por aula teniendo como máximo la cifra de 20, en tanto en la secundaria cada docente debe tratar con un máximo de 15 alumnos. Cumplir con esos objetivos debió significar un esfuerzo enorme, dado el bloqueo económico impuesto por décadas y las características de su modelo económico. Solo por mencionar algo, en coyunturas económicas adversas, áreas como la salud han debido funcionar con escasez de medicamentos, etc.

Es interesante destacar que en Cuba funcionan programas de estimulación temprana, donde se tratan a niños de entre 6 meses y 6 años en centros institucionalizados, con un programa único nacional que asesora a los padres en temas como cuidados de la salud, alimentación, lengua materna, educación física y musical de sus hijos.

Otro tema importante es la evaluación docente, pues Cuba cuenta con un sistema, coherente, planificado y regulado por un marco legal. Señalar esto último puede parecer inoficioso, pero no son pocos los países latinoamericanos que no cuentan con una arquitectura legal que reglamente tal proceso. Una de las primeras resoluciones ministeriales -que trató el tema de la evaluación docente- data de 1962, claramente, fue y es un tema de importancia, no extrañando que sea un proceso integral que se inicia con los aspirantes a una carrera de pedagogía, sigue en la etapa de formación inicial y cierra en su desempeño como profesional.

¿Qué pasa con un profesor mal evaluado? El docente que tuvo una calificación negativa debe realizar una especie de cursos de recalificación, durante un año y manteniendo el sueldo, en tanto supere esa instancia se reincorpora al sistema educativo, sino es despedido.

¿Nos sirve una experiencia educacional como la cubana? Insisto que no se trata de copiar o aplicar métodos ni modelos de forma acrítica, sino evaluar posiciones y observar diferentes realidades. Pero creo que un país debe tener claro que espera y desea de su educación en todos sus niveles y en todos sus actores, eso implica realizar esfuerzos reales en el corto, mediano y largo plazo, cosa que Cuba ha hecho y nosotros no.

Sergio Garrido Trazar

¡Menos idiotas por favor!

"Para tener la casa propia, el auto y los niños felices hay que alcanzar el éxito rápido; para alcanzar el éxito rápido hay que ser sólido en lo que se hace, por ende, para ser sólido; se hace."

Muchas veces he oído gente referirse a personas de una determinada carrera de manera despectiva, hablar de lo ñoños que son los ingenieros o lo vagos que son los humanistas. Pero el problema del ingeniero no creo que esté tanto en que sólo sepa de números y sea incapaz de leer algo mas que una revista o en el humanista en que no sea capaz de sumar sin un ábaco a mano; creo que está más en que tanto matemático como humanista (y así también aplicado al biólogo; por señalar las 3 clásicas áreas en que se dividen los cursos en la educación científico-humanista) se han negado constantemente desde su juventud a la posibilidad de ser personas completas y cultivarse en las áreas que sus respectivas carreras y/o profesiones los llevan. Arguyendo unas veces que lo que no es parte de su carrera no les sirve, otras que no hay necesidad de aprender lo que no se va a utilizar en el futuro (como si pudiesen verlo) cada cual defiende su postura de semi-ignorante basado en su semi-sabiduría. Y pareciera que es respetado aquel que se dedica a un área por completo, incluso cuando es un inepto en el resto de su vida.

Ahora bien, tampoco busco que todo el mundo sea periodista (ya se saben el dicho) simplemente reflexionar sobre una cosa: la autonegación a ser alguien completo a la hora de aprender. ¿Porque sucede?, identifico varios factores, los medios masivos, los profesores, la sociedad, etc.

Vamos por parte.

Hoy en día y desde hace mucho tiempo, se ha valorado y se valora a un profesional de una carrera tradicional (omitamos universidades en esta ocasión). Es decir, el ingeniero es valorado por eso, por ser ingeniero, el médico por ser médico y el abogado por ser abogado. Tal cual, así de simple. Y ese es el problema, a la hora de ejercer su profesión, esta claro que el medico no necesita saber de leyes pero resulta que la profesión, lo que uno estudia no se reduce meramente al ejercer; si fuese por eso, ningún profesor atendería alumnos fuera del horario de clases, y, aunque suene raro, eso aun ocurre.

Entonces, se deja de lado cualquier tipo de conocimiento que no sea necesario para el ejercicio de la profesión,  hasta cierto punto es válido; sin embargo, ello es potenciado mediáticamente por la idea de sobresalir en un área, de cumplir sueños clichés, etc.

Para tener la casa propia, el auto y los niños felices hay que alcanzar el éxito rápido; para alcanzar el éxito rápido hay que ser sólido en lo que se hace, por ende, para ser sólido; se hace; tal como Bob Esponja hizo cuando quiso ser garzón; se olvida todo lo conocido para sólo dejar espacio a los conocimientos útiles y pertinentes a la hora de ejercer; todo para cumplir sueños ajenos y de papel. Por ultimo, y sin entender aun porque, muchos profesores de matemáticas y lenguaje (ejes fundamentales de la malla curricular actual de enseñanza; que vemos reflejados tanto en las pruebas SIMCE como PSU) mantienen una rivalidad absurda e incomprensible; enseñando a sus alumnos que a la larga, o se es de un lado o del otro tratando de cuadrados a unos y de vagos a otros. Nunca he entendido muy bien el por que, me pregunto si acaso una persona dedicada a las humanidades no necesitara algún día llevar sus finanzas de manera correcta o si un sujeto dedicado a los números no puede disfrutar de un buen libro o generar crítica literaria productiva; pareciera que el sistema coarta esas opciones en la vida de los estudiantes a priori, con el objeto único de que continúen con una especialización  y división del trabajo que no tiene razón de ser.

"Me parece, que el problema es que hay muchos ingenieros, médicos y abogados, y muy pocos estudiantes de ingeniería, estudiantes de medicina, y estudiantes de derecho. Se creen el cuento tan rápido que olvidan que hay más en la vida."

Me parece, que el problema es que hay muchos ingenieros, médicos y abogados, y muy pocos estudiantes de ingeniería, estudiantes de medicina, y estudiantes de derecho. Se creen el cuento tan rápido que olvidan que hay más en la vida. Se creen tan rápido la idea de estar titulados que no toman en cuenta que un profesional que más conoce, más abierta tiene la mente a nuevas ideas y por ende, es mucho mejor.

Llamo a dos cosas, que los profesores no mantengan esta estúpida tendencia, que enseñen a todos por igual, que no traten de manera diferente al alumno que se inclinará por su área de trabajo ni al que va por lado contrario, que los aúnen en un conocimiento que les sirve a ambos, y llamo a los jóvenes estudiantes a entender de una buena vez que el éxito no consiste en la cantidad de logros que se consigan en el menor tiempo posible, sino en poder traspasar algo a quienes se quedan en el lugar donde se nació, en dejar una huella en el mundo y en vivir una vida feliz, donde se hace mucho por el resto y se pide poco, donde se vive sin excesos y se comparte cada momento de felicidad; porque a la larga, el éxito, viene del latín exitus, que significa salida, o sea salir del sistema clásico que el capitalismo (como muy bien señala Aldo Lobos en el artículo anterior a éste) ha puesto sobre nuestros hombros; no en reproducirlo estúpidamente.

Menos profesionales prematuros y más estudiantes abiertos a aprender cada día más, el mejor ejemplo; el recientemente premiado Nicanor Parra, físico y matemático; uno de los mejores poetas de toda la historia.

La educación de calidad en Chile podría terminar en el rincón del museo

Así es, si los problemas educativos siguen como van en nuestro país, en donde toda institución  de saber pasa por ser una mera mercancía, estaríamos llegando a un caso extremo y terrible, en donde todos los valores humanistas, todo intento de rehabilitar educativamente nuestra sociedad, serían con suerte parte de la historia de un olvidado museo. La educación en Chile ha perdido toda capacidad de incidencia social, es un mero reflejo automatizante que prepara técnicos calificados o ineptos para la industria cultural. Las instituciones educativas en Chile acaban con nuestra posibilidad de profanar, y con ello, con nuestras capacidades creativas. 

Para entender estos conceptos, que Agamben en su ensayo “Elogio a la profanación” utiliza, hay que entender cómo llega a la idea de religión capitalista, la cual se expresa en el museo. La reflexión de Agamben parte con las nociones de profanar y consagrar. Así consagrar para Agamben, era el término que con que se designaba la salida de las cosas de la esfera del derecho humano de uso, profanar significaba por el contrario “restituirlos al libre uso de los hombres” (Agamben, 97). En este sentido, este autor, entiende a la religión como aquello que sustrae cosas, lugares, animales o personas del uso común y los transfiere a una esfera separada, por ello toda separación contiene en sí un núcleo auténticamente religioso. Este paso de lo humano a lo divino se da por medio de un dispositivo que realiza y regula la separación: el sacrificio; a través de una serie de rituales minuciosos. Sin embargo, lo que ha sido ritualmente separado, puede ser restituido por el rito a la esfera profana.

Por su parte, el término religio no deriva de religare, sino de relegere, “que indica la actitud de escrúpulo y de atención que debe imprimirse a las relaciones con los dioses” (Agamben, 99), para respetar la separación de lo sagrado y lo profano. Entonces religio no es lo que une, según Agamben, a humanos y dioses, sino lo que vela para mantenerlos separados, distintos unos de otros. Por ello profanar significa abrir una posibilidad negligente que ignore esta separación, para hacer uso particular de ella. Lo sagrado y lo profano representan en el sacrificio, un sistema de dos polos, en los cuales “un significante flotante transita de un ámbito al otro sin dejar de referirse al mismo objeto” (Agamben, 103).

Ahora bien, este autor conecta su reflexión con la idea de Benjamin de pensar el capitalismo como una religión, en el sentido de que se desarrolla de forma parasitaria a partir del cristianismo. Posee tres características: es cultual de forma extrema, todo en ella refiere al culto; es un culto permanente sin tregua ni respiro, la fiesta y las vacaciones integran el culto mismo; y este culto capitalista no está dirigido a la redención, no la hay, todo es culpa, es culpabilizante. En este sentido el capitalismo como religión no busca ni la esperanza, ni la redención, todo es destrucción y desesperación. Esto se explica, dado que en el capitalismo hay un constante proceso de escisión, de separación, en donde inviste cada cosa y actividad humana en un constante proceso de separación indiferente. En forma pura y abstracta el capitalismo sólo separa, aun cuando no haya nada que separar. Esto es la mercancía, que como tal, se separa del objeto mismo, transformándose en un fetiche inaprensible, de forma tal que todo lo actuado y producido como el lenguaje “son divididos de sí mismos y desplazados a una esfera separada que ya no define alguna división sustancial y en la cual cada uso se vuelve duraderamente imposible” (Agamben, 107), esto es lo que se conoce como “consumo”. Y a eso, Agamben, añade el espectáculo en donde cada cosa es exhibida separada de sí misma, “entonces espectáculo y consumo son las dos caras de una única imposibilidad de usar” (Agamben, 107).

Demás está decir la porquería que ha degenerado la educación privada en Chile, en donde las instituciones llenan las ciudades y medios de publicidad verborreica para atraer jóvenes descuidados. Espacios educativos están así listos en la parrilla, listos para ser consumidos, y sobre expuestos espectacularmente en imágenes sacadas de toda realidad en la publicidad, imágenes que las consagran como lugares de culto, en donde los seudoestudiantes deben pagar un alto precio por acercarse a sus reliquias.

Ahora bien, todo este rodeo previo es importante para llegar al concepto en donde esta imposibilidad de usar, tiene hoy su lugar tópico en el Museo. “La museificación del mundo es hoy un hecho consumado” (Agamben, 109). Todas las potencias espirituales como el arte, la religión, la filosofía han ido poco a poco integrando el lugar del museo. Con “Museo”, Agamben no se refiere a un lugar físico determinado, sino más bien la dimensión separada a la cual se le transfiere lo que alguna vez fue percibido como verdadero y decisivo, pero que ya no lo es. De esta forma todo puede convertirse en museo hoy en día, y es precisamente allí donde está la analogía entre capitalismo y religión. El museo para Agamben ocupa exactamente el espacio y la función del Templo como el lugar del sacrificio. De aquí la noción del “peregrino”, el cual recorría un largo viaje espiritual hacia y en el templo, por ejemplo, con el peregrinaje que hacían los fieles hacia Santiago de Compostela, se “corresponden hoy los turistas, que viajan sin paz en un mundo enajenado en Museo” (Agamben, 110). La diferencia, entonces, se establece en que los fieles y peregrinos participaban de un sacrificio, separando la víctima de la esfera sagrada restableciendo las relaciones entre lo divino y lo humano, los turistas, en cambio, celebran sobre su persona un acto sacrificial que consiste en “la angustiosa experiencia de la destrucción de todo uso posible” (Agamben, 110). Estos turistas no tienen lugar sobre la tierra, para los cristianos la vida era el viaje hacia la salvación de su lugar en el cielo, hoy los turistas viajan sin lugar propio porque viven en la pura forma de la separación. En todos sus viajes los turistas encuentran la misma incapacidad de habitar que sentían en sus lugares de origen, la misma incapacidad de usar que encontraban en sus supermercados, en los espectáculos televisivos,  en los mall, y por qué no decirlo, en las instituciones privadas educativas de Chile también. El turismo en sí mismo es además una industria, y esa es la absoluta imposibilidad de profanar.

Sin embargo, Agamben nos da una salida para estos nuevos peregrinos que son los turistas, la posibilidad del juego; el cual consiste en liberar un comportamiento en una esfera determinada. Por ejemplo un gato, que juega a cazar una bola, una pelota, simulando el ratón, en donde pone en acto todas sus capacidades predadoras, un simulacro de la caza, que desactiva el hecho de consumo mismo. Entonces, este comportamiento liberado imita las formas de la actividad de que se ha emancipado, pero vaciándolas de su sentido y de la relación obligada a un fin, las abre y dispone a un nuevo uso como nos dice Agamben. Esto quiere decir que la actividad resulta por medio del juego a un medio puro, a una praxis que mantiene su naturaleza de medio, que se ha emancipado de su relación con un fin, “ha olvidado alegremente su objetivo y ahora puede exhibirse como tal, como medio sin fin” (Agamben, 112). La creación de un nuevo uso de los objetos es posible si el sujeto es capaz de desactivarlos de su viejo uso, volviéndolo inoperante. Este nuevo uso es precisamente el acto de profanar, en donde la reunión de los objetos a la esfera humana pasa también por hacer un nuevo uso de ellos.

¿Es posible profanar toda la industria educativa chilena? ¿Cómo ponerla en juego para desactivar sus mecanismos alienantes? Una posible solución para nosotros como docentes, es poner en juego sus aparatajes de consagración publicitaria. Llevar a una tensión máxima aquello, como un juguete, hay que arrancarles los dispositivos que ellos han capturado, como nos enseña Agamben, nuestra tarea política como profesores, es en parte esa, la profanación de lo improfanable. De lo contrario todo seguirá como hasta ahora, en donde la educación que soñamos será parte del museo, y nuestros estudiantes terminarán siendo capturados por estos oscuros sacerdotes, sin redención alguna. Deudas eternas.

Bibliografía:

Giorgio Agamben. “Elogio a la profanación” en “Profanaciones”. Buenos Aires: 2005.