¿Por qué los profesores tienen que ganar poco?

Ante todo una advertencia: soy profesor y encuentro injusto que los y las docentes recibamos un salario tan denigrante. El siguiente artículo contiene un análisis personal sobre nuestro sistema económico y su relación con una pieza a la que denomino “clave”: esta es la figura del maestro y de la maestra.

"Los pocos encontraron la manera de que los muchos trabajen creyendo que se benefician cuando en realidad benefician a otro, que es parte de esos pocos. Es un tema de selección natural. El más apto sobrevive y, en este caso, el más apto domina. Los muchos son los dominados porque no entienden el sistema"

Sentido Común

¿Cómo funciona el sistema? Bajo la siguiente premisa: hay muchos que tienen poco y pocos que tienen mucho. Si fuera al revés, el sistema no se podría sostener. “No todos pueden ser ricos“, declaran algunos y, aunque duela, es verdad.

¿Por qué este desequilibrio? Simple. Los pocos encontraron la manera de que los muchos trabajen creyendo que se benefician cuando en realidad benefician a otro, que es parte de esos pocos. Es un tema de selección natural. El más apto sobrevive y, en este caso, el más apto domina. Los muchos son los dominados porque no entienden el sistema.

El sistema está basado en el dominio, poder y/o supremacía. Si yo logro dominar a otro, demuestro ser más apto para competir en el sistema. De hecho, si demuestro que puedo dominar a muchos, ni siquiera formaré parte del sistema, estaré fuera de él, aprovechándome de la ingenuidad y baja proactividad de aquellos muchos.

Entonces, para que esto funcione y no se transforme en una moda (porque si lo hace, todos querrían ser ricos), se debe asegurar que los muchos sigan siendo los muchos y nunca pasen a ser parte de los pocos. El factor central aquí, entonces, es la educación.

Mediante la educación defino quienes son los muchos y quienes son los pocos. Sesgo la sociedad. A los pocos los educo de manera elitista y privilegiada y condeno a los muchos a ser educados de forma marginal y poco profesional.

Para que esto resulte debo manejar a la pieza central de la maquinaria: el/la docente.

Pero los/las docentes son profesionales, ¿no?, ¿cómo se van a dejar manejar?

Aquí viene, entonces, lo que ninguno de nosotr@s quiere escuchar. La mejor manera de crear inept@s (seres no aptos) es poner a otr@s inept@s a educarl@s. Es decir, necesito profesor@s mal@s si quiero tener una educación mala. Por lo mismo debo ingeniármelas para que dentro del sistema las personas menos aptas estudien para ser profesores.

Entonces me aprovecho de la idiotez de las personas y les ofrezco la oportunidad de ser profesionales cursando una carrera simple, sin mayores sobresaltos, para luego insertarlos en un sistema educativo a enseñar a otr@s lo maravilloso que es el sacrificio, el estudio, la carrera, el trabajo, etc., transformándol@s en una pieza más de un sistema que, al parecer, daría resultado.

"Somos una pila que entrega su energía para que otr@s se beneficien y terminamos en el tacho de la basura cuando nos agotamos"

Pero el sistema no da resultado. El primero en saberlo es el/la maestr@. Los profesores y profesoras son los más vapuleados, los que tienen el trabajo más complejo, más esencial, más humano, y a la vez son los que tienen la peor paga, las peores condiciones, la peor mirada de la sociedad y el peor reembolso a largo plazo. Somos una pila que entrega su energía para que otr@s se beneficien y terminamos en el tacho de la basura cuando nos agotamos.

Entonces, en una lógica meritocrática, aquél que es bueno en ciertas áreas, pensará de manera mercantil (como le han enseñado) y no escogerá educar, aún siendo bueno en ello. ¿Y cómo logro que la decisión se cargue hacia ese lado? Haciendo una prueba de selección para medir a l@s más apt@s y hábiles. Tras la prueba, ¿cuál es el resultado? Los peores puntajes siempre paran en pedagogía, y no es coincidencia. Para much@s la pedagogía es el descarte preciso, porque se mide por algo tan volátil como la vocación.

Así – y perdonen que lo diga de esta forma – l@s menos apt@s somos profesor@s, cumpliendo el sarcástico refrán “el que sabe, sabe y el que no, enseña”. Sumémosle la mediocridad de los programas de formación inicial, los bajos recursos dirigidos a la investigación en educación… en fin, es una larga lista de recursos que el sistema tiene para asegurarse que sigan habiendo suficientes “inept@s” para educar más “inept@s”.

Por eso la figura de la profesora y del profesor son relevantes. Porque si somos capaces de despertar y dejar de ser inept@s, podríamos realmente provocar un cambio. Si tratamos de mirar más allá de la punta de nuestra nariz, nos daremos cuenta que somos poderos@s. Que las decisiones políticas pueden pasar por nosotros y no ser ignorados en el camino (como le ocurrió a nuestro representante del colegio de profesores). Pero, ¿qué pasa siempre que a un profesor o a una profesora le dicen inept@?

Tod@s lo sabemos, se comporta como si estuviese ofendid@, su miedo se transforma en ira (y la ira no lleva a ninguna parte), cuando en realidad lo primero que debería hacer es una autocrítica honesta. El/La docente que se sigue mintiendo a sí mism@, jamás dejará de ser idiota. No tenemos que tratar de convencer al resto, tenemos que tratar de convencernos nosotr@s.

"Si tratamos de mirar más allá de la punta de nuestra nariz, nos daremos cuenta que somos poderos@s. Que las decisiones políticas pueden pasar por nosotros y no ser ignorados en el camino"

Y convencerse es trabajar. Convencerse es estudiar. Convencerse es perfeccionarse, leer, aprender, imbuirse en la cultura que nos rodea. Convencerse es ser consecuente. Convencerse es darse cuenta para quién estoy trabajando. TENEMOS LA OPORTUNIDAD DE SER PARTE DE LOS POCOS PROFESIONALES QUE NO TRABAJAN PARA HACER QUE ALGUIEN LUCRE, y tenemos la oportunidad de servir a otr@s en nuestras manos. ¿Por qué no hacemos la diferencia?

Porque aún somos tont@s. Porque creemos que el sistema es la respuesta. Pero piensen: ¿qué oportunidad tenemos de vivir una vejez digna, si el sistema nos hará jubilarnos con una pensión insignificante?, ¿realmente creen que siendo profesor@s elevaremos nuestra calidad de vida?, ¿de verdad creen que algún día nos pagarán más?

Algun@s tomarán el ejemplo de Finlandia o de otros países desarrollados. Pues bien, no es válido. Ellos educan a sus docentes como una élite porque a ellos les funciona el sistema y se benefician del resto. Nosotr@s somos parte de los desfavorecidos. A nosotr@s nos explotan y nos utilizan. Por eso a sus profesor@s les pagan más, porque así transmiten el privilegio que han conseguido.

Si nos uniésemos de verdad y trabajásemos de forma no egoísta y colaborativa, aprendiendo del resto y estando a la vanguardia, experimentando y perdiendo el miedo, les juro que lograríamos revertir el juego a nuestro favor. Un/Una docente con miedo, educará a sus estudiantes bajo la sombra del miedo y jamás (en esto soy enfático) JAMÁS logrará ningún cambio.

Colegas, debemos ser valientes y consecuentes. Confío en que un día tod@s nosotr@s seremos honest@s y despertaremos del letargo en que nos tienen, porque nos daremos cuenta, finalmente, que ningun@ de nosotr@s, profesores, profesoras y estudiantes, nos merecemos que “los pocos” nos utilicen como sus “idiotas”.

Profesor Aldo Lobos.

Soy Profesor y diré DICTADURA

A Tania, desde hoy una educadora.

Hace unos días en Chile detonó un conflicto bastante significativo. Se anunció que el currículum nacional sufriría una modificación: la palabra “dictadura” sería reemplazada por “gobierno militar”. Saltaron chispas, y no es para menos.

"¿Me van a decir que a estas personas, tanto de un lado como del otro, a esta altura de la vida y con lo corrompidos que han sido por el poder y el dinero, realmente les interesa hacer la distinción por un tema de ideales?"

Uno de los argumentos más sólidos de quienes defienden la postura de llamar al período comprendido entre el 73′ y el 90′ “dictadura” respondía al hecho de que el lenguaje es la manera en que los seres humanos construimos sentido, por lo mismo, la modificación semántica que sufriría el currículum se revela como una clara estrategia de la postura contraria por intentar solapar, defender y elevar a la categoría de gobierno el régimen dictatorial.

Mucho se peleó en el momento (las redes sociales, desocupadas tras la escasez de marchas y protestas, explotaron) y finalmente el asunto tuvo que someterse a revisión y debate, actividades que han colmado la opinión pública estos días. Sin embargo pocas personas pudieron vislumbrar claramente lo que pasa más allá de la polémica medida.

Una de las máximas que guía el pensamiento de aquel que desea ejercer soberanía y poder sobre los demás es la nitidez con la que sabe y maneja el hecho de que la memoria colectiva es frágil.  Por lo mismo este cambio, que esperaba pasar inadvertido, es nada más que uno de los tantos planes para seguir ejerciendo una hegemonía de carácter política y económica, ¿o me van a decir que a estas personas, tanto de un lado como del otro, a esta altura de la vida y con lo corrompidos que han sido por el poder y el dinero, realmente les interesa hacer la distinción por un tema de ideales?

No los culpo. La vida es salvaje e intentamos día a día disfrazarla de civilidad mientras escalamos por un estatus más alto o una comodidad ilusoria que nos aísle de los que “no son tan iguales a nosotros”. Nuestra clase política es la principal responsable de que en nuestro humilde país el clasismo tenga rienda suelta para dividirnos. Hasta nos han erguido un monumento para simbolizar nuestro cisma, y nos gusta creer que es el lugar idóneo para celebrar los triunfos, siendo que no es nada más que la frontera desde la cual “los de abajo” se hacen ver ante “los de arriba” (y no viceversa, porque la injusticia es una sola). Este tema me movió a conectar algunos hilos.

 

"Metaphors We Live By" (1980) George Lakoff & Mark Johnson

Cuando cursaba mis estudios de pregrado tuve la suerte de conocer un libro que me fascinó. Aún cuando las obras más bellas y profundas que tuve la suerte de disfrutar provenían del área de literatura, paradójicamente quedé marcado por un ejemplar de estudios lingüísticos (semánticos, específicamente), llamado “Metaphors We Live By” [Traducido como “Metáforas de la vida cotidiana”] de George Lakoff y Mark Jonhson.

Nuevamente el azar hizo que confluyese con esta obra y que la pensase ya no desde su disciplina específica sino que desde el área que me apasiona: la educación. El reencuentro fue sencillamente extraordinario. Asumo desde ya que las siguientes líneas reflejan bastante poco mérito de mi parte, no obstante considero que una breve sistematización de mi aprendizaje podría servir para que discutiésemos desde una nueva perspectiva teórica.

Según estos autores, nuestro sistema conceptual es esencialmente metafórico. Las palabras y conceptos con las que, en gran parte, construimos nuestra realidad colectiva, son metáforas de base, es decir, expresiones que derivan en otras y que solo encuentran lógica en la medida en que nos hacemos parte de la convención semántica adoptada.

Pero nuestro sistema conceptual no es algo de lo que seamos conscientes normalmente. En la mayor parte de las pequeñas cosas que hacemos todos los días, sencillamente pensamos y actuamos más o menos automáticamente de acuerdo con ciertas pautas. Precisamente en absoluto es algo obvio lo que son esas pautas. Una manera de enterarse es mirar al lenguaje. Puesto que la comunicación se basa en el mismo sistema conceptual que usamos al pensar y actuar, el lenguaje es una importante fuente de evidencias acerca de cómo es ese sistema.

[Lakoff & Johnson, 1980, p.40]

Para que sea más fácil, acudiremos al ejemplo clásico de este libro. Una concepto metafórico del mundo actual podría ser “EL TIEMPO ES DINERO”. A partir de esa base podemos armar una serie de expresiones a las cuales le encontramos absoluta lógica y validez en el habla cotidiana, como:

– Estoy perdiendo el tiempo.

– Este atajo me ahorrará tiempo.

– ¿En qué gastas tu tiempo?

He invertido mucho tiempo en este proyecto. Etc.

Como vemos, nuestras palabras y la manera en que configuramos la realidad están íntimamente ligadas. Como la educación es un proceso válido en nuestra realidad, este tipo de relación también puede aplicarse a ella. De hecho, María Martínez, Narcís Sauleda & Güenter Huber (2001) llevaron a cabo una investigación y sus resultados fueron bastante llamativos.

La idea central de aquél trabajo consistía en develar, mediante el análisis de los discursos de un grupo de docentes, la relación existente entre el paradigma o enfoque desde el cual justificaban su práctica y sus creencias implícitas sobre aquello. El experimento consistía en preguntar a los docentes, en primer lugar, bajo que punto de vista definirían sus clases: conductista, constructivista o socio/historicista. Luego, se les pedía a los sujetos que elaboraran una frase en la que sintetizaran, utilizando una metáfora, el proceso de enseñanza-aprendizaje. El análisis de tales metáforas (que, como ya sabemos, construyen la realidad, ergo, la forma en que los docentes conciben el proceso), decantó en una división entre los docentes que que adherían a una perspectiva u otra, resultado que comparado con lo que decían los docentes en su “discurso oficial”, no tenía una correlación directa. Algunos ejemplos extraídos de este trabajo y que les dejo para que analicen son:

Metáforas Conductistas:

– El aprendizaje es como una cámara de video, la cual graba el mundo.

– El aprendizaje es como una esponja, la cual se empapa en el agua.

– La enseñanza es como domar un caballo.

Metáforas Constructivistas:

– El aprendizaje es un detective quien busca las cosas y dentro de las cosas: enseñanza es crear el intelecto para que busque conocimiento.

– El aprendizaje es como instalar los ladrillos de una casa. El estudiante es el albañil y la casa al mismo tiempo. Él o ella es siempre el propietario de la casa. El profesor es el capataz de la obra.

Metáforas Socio/historicistas: 

– Se trata de un trabajo conjunto como lo hacen las hormigas cuando colaboran para lograr un resultado que es beneficioso para todas ellas.

– La enseñanza es como un guía turístico que negocia la ruta con los turistas.

[Martínez et. al. 2001, pp. 970-972]

Esto no se trata de juzgar a los docentes, se trata simplemente de invitarlos a pensar y sistematizar correcta y justificadamente sus prácticas. Si nos detenemos un momento a “mirar al lenguaje” con el que construimos nuestra realidad, quizás sea más fácil traducir las buenas intenciones en un trabajo de calidad que sustente la (r)evolución educativa que Chile pide a gritos.

Por lo pronto solo diré que soy consciente de mi labor, sé que cada pensamiento, palabra o acción que lleve a cabo debe ser consecuente y debe estar alineada con un propósito mayor, para que todas las hormigas podamos disfrutar de vivir en una nación educada, ética, justa y que elimine lacras y virus como la mentira, la deshonestidad, el cinismo, la distinción por clase, raza o género y el escaso respeto por la dolorosa memoria.

Soy Profesor y diré sin tapujos DICTADURA.

Profesor Aldo Lobos.

_____________________________________________________________________________________________________

Bibliografía:

Lakoff, G. y Johnson, M. (1980). Metáforas de la vida cotidiana (8° Edición en español, 2009). Madrid: Cátedra.

Martínez, M., Sauleda, N. y Huber, G. (2001). Metaphors as blueprints of thinking about teaching and learning. Teaching and teacher education, 17, 965-977.